Beltrán, el asesino de Marisol; ‘Amar es para siempre’

QUÉ HA PASADO

• Manolita es trasladada a la cárcel y pierde la memoria.

• Virginia retoma su idea de entrar en un convento.

• Justo paraliza la película que se graba en el bufete.

Abel está asombrado con la propuesta de Miguel de convertirse en espía del Cesid y recopilar datos sobre su cuñado y el resto de militares que pretenden desestabilizar España. Tras pensárselo mucho, acepta aunque pide que no le pongan a trabajar con Estefanía: “Esa mujer fue capaz de decir que estaba enamorada de mí solo para sacarme información”.

Por su parte, Maica comprende que la intención de Pelayo al ocultar que su hijo estaba vivo era cumplir la última voluntad de su padre y se arrepiente de cómo le trató: “Perdóname. Lo importante es que aún puedo localizarlo”.

Por fin, Manolita ha recupera la memoria, pero su futuro se presenta muy negro. Por experiencia, Cristina sabe que luchan contra un militar sin escrúpulos: “Beltrán tiene contactos en todos los ámbitos y es capaz de todo. Tenemos que montar una defensa sin fisuras”.

Y eso que desconoce que el coronel Martín-Cuesta fue quien, para encubrir la agresión de su hijo a Marisol, inyectó droga en el cuerpo de la chica para que así pareciese que su fallecimiento había sido debido a una sobredosis.

Después de hablar abiertamente de sus sentimientos, tanto para Fabián como para Virginia es incómodo pasar ocho horas juntos en el obrador. Voy a buscar otro trabajo. Quiero dinero para comprarme una moto”, afirma él.

De casualidad, Manolín salva la vida a Sebas cuando iba a caerle un adoquín en la cabeza. Este hecho fortuito lo convierte en el héroe del barrio y, aunque al hijo de Manolita el título le da igual, aprovecha su improvisada fama para pedir a los vecinos que escriban una carta sobre su madre que deje patente su enorme bondad. “Se las entregaré al juez”, comenta.

Mientras Benigna casi hace un libro sobre su amiga, Marcelino es incapaz de redactar ni una sola línea. La indignación le supera. “Ser pobres no debería ponernos las cosas más difíciles. Al contrario”, se queja a Cristina, que le insiste en que debe tener paciencia.

Esa tarde, Maica recibe una visita inesperada. Juan, su todavía marido, está en España pues su madre ha fallecido. “Deberías acompañarme al entierro”, le dice, pero ella se muestra reacia. Cuando Gorka los ve hablando y se entera de quién es el recién llegado, siente celos. “Es evidente que ha venido a recuperarte”, firma el sacerdote con voz temblorosa. “¡Qué va! Solo busca quedar bien. Siempre ha vivido de las apariencias”, contesta la repostera.

Ignorando la petición de Abel, Miguel insiste a Estefanía en que “su país la necesita”: “Lo siento. Os ayudé una vez y mi vida se derrumbó. Además, ahora tengo que centrarme en mi hermano”.

Al ver mal a Manolín, Emma trata de apoyarlo. Primero habla con su abuelo, para luego visitar a su tío y a su primo: intentará pillarles en algún renuncio y que le comenten a ella, que se supone que es de confianza, lo que realmente ocurrió en el despacho. Carlos está a punto de derrumbarse, pero Beltrán se interpone: “Si te desmoronas y confiesas, será lo último que hagas en tu corta vida…”.

Antes de regresar a Alemania, Juan da a Maica una valiosa pulsera, que su madre le ha dejado en herencia: “Jamás te lo dijo en persona, pero estaba arrepentida del trato que te daba”. La chica, sorprendida pues nunca se había llevado muy bien con su suegra, trata e devolvérsela: “No me pertenece. Dásela a tu hermana”.

Cristina pide un diagnóstico psicológico de Manolita que demuestre que está en perfectas condiciones mentales, pero el resultado no sale como ella espera.

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