Sarah Paulson y Ryan Murphy, uno de los binomios más fructíferos de la televisión

La primera vez que Sarah Paulson (Tampa, 45 años) y Ryan Murphy (Indianápolis, 54 años) trabajaron juntos fue en Nip/Tuck. La actriz tuvo un personaje episódico, interpretó a una prostituta con estigmas en las muñecas. A Murphy le llamó la atención el interés de ella por cada detalle del personaje. Algo que, según él, habría aburrido a otros directores a él lo conquistó.

Se conocieron entonces, pero habían seguido caminos similares: ambos venían de series de Warner, él había creado Popular y ella había tenido un personaje principal en Jack & Jill. Tenían poco pasado profesional, pero el suficiente como para que se les pudiese augurar cierto futuro. ¿Juntos? De la misma forma que se cruzaron, sus caminos se separaron cuando él le ofreció uno de los personajes principales de Glee —el que acabó interpretando Jayma Mays— y ella lo rechazó porque estaba interpretando en Broadway Collected Stories junto a Linda Lavin. Él se enfadó: “¡Esto va a ser un éxito internacional!”, pensó con suproverbial modestia, según confesó tiempo después. Pero le reconoció a ella la lealtad de mantener su compromiso profesional. Aun así, el cabreo le duró seis meses.

El mismo Broadway que los separó los unió dos años después cuando ella acudió en compañía de Jessica Lange, con la que estaba representando El zoo de cristal, a una fiesta benéfica a la que él también estaba invitado. Lange, que ya estaba interpretando a la vecina cotilla de la primera temporada de American Horror Story, le preguntó a Murphy si podía encontrar un papel para su compañera de reparto. Lo demás es historia de la televisión.

Con American Horror Story Paulson ha conseguido seis nominaciones al Emmy y algo más importante, que, según ella, le debe a Murphy: “Le ha dado permiso al público para no esperar solo una cosa de mí”. Pero si el formato antología de terror le ha permitido a la actriz demostrar su versatilidad dentro del mismo paraguas, fue su interpretación de Marcia Clark en American Crime Story la que le concedió su primer premio Emmy y el reconocimiento unánime de su extraordinario talento.

Cuando a Murphy le preguntan si la considera su musa, arguye que para él esa palabra no puede reflejar la relación que tiene con ella: “Es un término muy asimétrico, inspirador solo para una persona”. A un gran amante del cine clásico como él, le remite a los tiempos en los que los directores trataban a las actrices “como muñecas”, una relación que no puede distar más de la que tienen Murphy y Paulson: de hecho, la actriz es la primera persona a la que él le cuenta sus proyectos, antes incluso que a su marido.

Pero hay otro motivo que probablemente a él le cueste reconocer: hay más vida de Paulson fuera de Murphy que de Murphy fuera de Paulson. Antes de aquella mediación de Lange, ya habíamos disfrutado de la intérprete de la mano de Aaron Sorkin en Studio 60, donde encarnaba a un trasunto de Kristin Chenoweth, con quien el guionista había mantenido una relación; también en Deadwood y en Game Change, ambas en HBO. Y después de Murphy la hemos visto a las órdenes de Steven Spielberg, M. Night Shyamalan, Todd Haynes, Steve McQueen y Susanne Bier, entre otros; y recientemente en Mrs America, donde vuelve a dar un recital interpretativo desde uno de los lugares donde se desenvuelve mejor: el de las mujeres corrientes.

Ahora con Ratched, la precuela del personaje de la enfermera homónima de Alguien voló sobre el nido del cuco, vuelve a los brazos de papá Murphy, pero que nadie se lleve engaño: Paulson es mucho más que la hija de Ryan. Dieciséis años después de aquellos estigmas no está de más recordar cómo funcionó el milagro.

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