Las joyas de pasar, una a una: analizamos las tiaras, pulseras y collares que ha heredado Letizia y algún día lucirá Leonor

La reina Letizia estrenó la tiara de las flores de lis, los pendientes de brillantes gruesos y las pulseras gemelas de las soberanas de España el 22 de febrero de 2017, durante la cena de gala ofrecida en el palacio real de Madrid en honor del entonces presidente de Argentina, Mauricio Macri, y su mujer, Juliana Awada. Desde que la consorte de Felipe VI recuperó estas piezas del joyero familiar, cada vez que aparece con una alhaja histórica esta se acredita como una de "las joyas de pasar"’. Pero ¿qué son las joyas de pasar? ¿Qué piezas forman este exclusivo club? ¿Están todas las que son? ¿Son todas las que están? ¿Han llegado todas a la caja fuerte de del Pabellón del Príncipe de la Zarzuela?

El término "joyas de pasar" lo acuñó doña María de las Mercedes de Borbón, madre del rey Juan Carlos, para referirse a las alhajas que su marido, don Juan de Borbón, había heredado de su madre, la reina Victoria Eugenia. La condesa de Barcelona bautizó a las piezas con este crudo nombre –tan desnudo de literatura, romanticismo o encanto– porque la de Battenberg, además de legárselas al conde de Barcelona le pedía que, en la medida de lo posible, continuasen en poder del jefe de la casa Borbón en España. Es decir, del heredero al trono, algo que es preciso recordar, porque cuando la mujer de Alfonso XIII dictó sus últimas voluntades, la familia real permanecía en el exilio y España era una dictadura subordinada a los antojos de Francisco Franco.

La reina Victoria Eugenia falleció, con 81 años y a causa de una disfunción hepática incurable, el 15 de abril de 1969 rodeada de sus hijos y nietos en su residencia Vieille Fontaine de Lausana (Suiza). Había hecho testamento seis años antes, el 29 de julio de 1963. Adjunto a este se encontraron dos codicilos (añadidos a una transmisión patrimonial). Uno de ellos es el que hace referencia a las joyas de pasar, y dice así: "Las alhajas que recibí como regalo del rey don Alfonso XIII y de la misma infanta Isabel (…). Desearía si es posible, se adjudicasen a mi hijo don Juan, rogando a este que las transmita a mi nieto don Juan Carlos. El resto de mis alhajas: que se repartan entre mis dos hijas".Veamos cuáles son esas piezas, ocho en total, que doña Victoria Eugenia describe vagamente; y cuáles (seis y media) están en manos de su ahijado don Felipe.

Una diadema de brillantes con tres flores de lis

Esta pieza forma parte del rico joyero de nueva creación que la reina Victoria Eugenia recibió de manos de su prometido, Alfonso XIII, con motivo de su boda en 1906. La nieta de la reina Victoria del Reino Unido la estrenó el día de sus esponsales. Conocida en la familia como la Buena, está confeccionada en diamantes y montada en platino. Diseñada y producida por la joyería española Ansorena, dibuja tres flores de lis, emblema heráldico de los Borbones, unidas por roleos y hojas, así como por ondas decrecientes. Cuatro años después fue modificada, añadiéndole unas charnelas para que, además de poder ser lucida como cestillo (corona de base circular), se pudiese utilizar abierta. Heredada por don Juan, este se la legó a su hijo don Juan Carlos en 1977, cuando renunció a sus derechos dinásticos. Las flores de lis también se pueden utilizar de forma independiente como broches.

Al tratarse de la diadema más ostentosa (aunque no la de mayor valor) de la familia real, solamente se han adornado con ella las esposas de los jefes de la casa. Pero en ningún sitio está escrito que solo pueda ser lucida por las reinas o consortes de España, o en su ausencia, por las aspirantes al cargo. La reina Victoria Eugenia se tocó con la diadema de las flores de lis en infinidad de ocasiones; con ella la retrató el húngaro Philip Alexius de László en 1926. La condesa de Barcelona –que apenas disfrutó de su uso– la tomó prestada del joyero de su suegra para la coronación de Isabel II del Reino Unido en 1953.

Cuenta la leyenda que fue la viuda deAlfonso XIII la que le pidió a su nuera que se coronase con la Buena porque en ese evento ella acudía como princesa británica y no como representante de España. Cuesta creer que la reina, aunque fuese en el exilio, se apease un escalón de su posición ante sus primos. Aquellos que, en una corte tan severa como la de la reina Victoria y después en la de Eduardo VII, le recordaban en cada encuentro, por íntimo que fuese, que no era alteza real (solo alteza), porque el de sus padres fue un matrimonio morganático. Lo más probable es que Victoria Eugenia eligiese la Cartier, en vez de la de las flores de lis, porque hacía juego con las esmeraldas que había heredado de su madrina, Eugenia de Montijo, la emperatriz de Francia.

La reina Sofía se tocó con esta tiara para despedirse del cargo, tras el anuncio de la abdicación del rey Juan Carlos, en la cena de gala ofrecida al presidente de México, Enrique Peña Nieto, el 9 de junio de 2014. La reina Letizia, al igual que su suegra, la ha reservado para las grandes ocasiones, como las visitas de Estado a otros países monárquicos. Con ella aparece en sus últimas fotografías oficiales de 2020 firmadas por Estela de Castro. De su mantenimiento se sigue encargando la casa Ansorena, que fue nombrada en 1860 joyería y diamantista de la casa real. En 2009 la Casa del Rey prestó esta tiara a la joyería madrileña para que formase parte de la exposición El esplendor refulgente: La Diadema.

El collar de chatones más grande

Se trata de otro de los regalos que Alfonso XIII le hizo a la princesa nacida en el castillo de Balmoral con motivo de sus esponsales. Este collar rivière estaba compuesto, en su origen, de 30 diamantes de corte brillante tallados en forma redonda y engastados al estilo ruso con garra de platino. El chatón, o bisel, no es una gema sino un tipo de engaste que consiste en un aro de metal que rodea la piedra y se dobla ligeramente sobre la misma, lo que permite que la extensión de la pieza pueda ser ampliada o reducida con facilidad. A la reina le gustaban tanto que su esposo se los regalaba a pares (los chatones, no los collares): con motivo de su aniversario, cuando cumplía años o cuando alumbraba a un nuevo infante.

La joya, que también es obra de Ansorena, alcanzó tal extensión que llegó a tocar la cadera de Victoria Eugenia, convirtiéndose en lo que se conoce como un sautoir. Durante el exilio, emprendido en abril de 1931, la reina la dividió en dos. Acostumbró a vestirse en su madurez con el par de collares juntos, uno más largo y otro más corto, como hizo en la cena previa a la boda de la infanta Pilar, celebrada en el hotel Estoril Sol de Lisboa la noche del 4 de mayo de 1967.

El collar más grande, el de 38 chatones, lo heredó María de las Mercedes de Borbón, que no lo utilizó mucho, y después pasó a manos de la reina Sofía. Es complicado saber si la reina Letizia lo ha lucido. No lo ha hecho al menos en su versión más extendida. El collar de chatones que llevó durante la entronización del emperador Naruhito de Japón, el 22 de octubre de 2019, se asemeja mucho a la gargantilla original de diamantes de Ena (como llamaban a Victoria Eugenia) pero podría ser, tras aligerar varios diamantes, el collar de chatones de la reina María Cristina, que heredó don Juan Carlos tras la muerte de su madre en el año 2000.

Un collar de 37 perlas grandes

Es la alhaja más importante en posesión de Felipe VI. Todas las piezas descritas son particulares, no propiedad del Estado. En España no existe lo que se suele conocer como "joyas de la Corona" desde que el reinado de José I Bonaparte dejó el joyero patrio tiritando. Este collar fue el regalo de pedida que le hizo Francisco de Asís de Borbón a su prima y prometida, la reina Isabel II de España, en 1846. Formaba parte de un aderezo mayor y había pertenecido a su madre, Luisa Carlota de Borbón-Dos Sicilias. Para conocer más en profundidad la larga historia de esta pieza merece la pena consultar este hilo de Twitter del historiador de arte y escritor Roger Bastida.

A la soberana española le dio igual que las perlas fuesen naturales, de un grosor importante y estuviesen valoradas en cinco millones de reales, porque amenazó con meterse a monja si no le buscaban otro pretendiente. Al final acabó aceptando a medias y a regañadientes con estas palabras: “He cedido como reina, pero no como mujer”.El matrimonio fue, como se esperaba, mal y el reinado resultó, también, un desastre. En 1868 Isabel II tuvo que exiliarse en París tras el éxito de la Revolución de la Gloriosa. Una década después la reina puso a la venta este collar; que fue recuperado, de nuevo para ella, por uno de sus hijos. Con esta obra de nácar aparece inmortalizada Isabel de Borbón en el óleo pintado por Federico de Madrazo y Küntz en 1849.

Un año después de su muerte en 1904, las joyas de Isabel de Borbón y Borbón fueron subastadas. Alfonso XIII consiguió adquirir este collar de más de kilo y medio de peso y espectacular cierre de brillante por 185.000 francos. En 1906 se lo regaló a Victoria Eugenia de Battenberg, como las joyas anteriores, con motivo de su unión. Afortunadamente esta pieza, testigo de tantos acontecimientos históricos, ha llegado hasta el cuello de doña Letizia por la vía directa recomendada por Ena. La asturiana lo estrenó el 24 de octubre de 2018 para recibir en el palacio de Oriente al presidente alemán Frank-Walter Steinmeier. La reina Sofía lo eligió para llevarlo en la boda de la infanta Elena, celebrada en Sevilla el 25 de marzo de 1995. Es, de las tres bodas de sus hijos, en la que más joyas de pasar lució.

Un broche de brillantes del cual cuelga un perla en forma de pera llamada la Peregrina

Originalmente, del collar de 37 perlas antes descrito, colgaba una regordeta perla perilla. En 1878 fue separada de la pieza principal para poder venderla en un lote distinto y así sacarle un mayor rendimiento económico al conjunto. Como la gargantilla, la lágrima de nácar también fue recuperada en la misma puja por un familiar de Isabel II para ella. Se cree que la compradora fue la infanta Isabel, la Chata, a la que la reina Isabel había escrito una carta rogándole que no permitiese que este valiosísimo conjunto saliese de la familia. Tras la muerte de la reina, fue adquirida por Alfonso XIII por valor de 35.000 francos antes de que saliese a subasta pública en 1805. Un año después el rey le regaló la perla, falsa Peregrina, montada en un broche de lazo estilo Luis XV a su prometida, la princesa Victoria Eugenia. La estrenó sobre el pecho la mañana de su boda. Pronto mandó adaptar el alfiler para poder lucir la lágrima colgando del collar de perlas naturales de Luisa Carlota de Borbón-Dos Sicilias.

Finalmente la perilla acabó al amparo de un broche en forma de lazo estilo mariposa de brillantes. La reina Ena fue retratada con él por la revista Life en Londres durante los festejos celebrados con motivo de la boda de la entonces princesa Isabel del Reino Unido con Felipe de Grecia en 1947. Lo llevó prendido de su escote, con la popular perilla, durante la ceremonia nupcial oficiada en la abadía de Westminster el 20 de noviembre. Don Juan de Borbón le entregó la perla a su hijo Juan Carlos, pero no el broche de lazo, que ha acabado en manos de Simoneta Gómez-Acebo. Todo parece apuntar a que se lo regalaron sus abuelos maternos, los condes de Barcelona, con motivo de su boda con José Miguel Fernández Sastrón el 12 de septiembre de 1990.

La hija de la infanta Pilar utilizó esta joya en 2004 como pasador en su recogido en la cena previa a la boda de su primo Felipe VI, en el enlace de su hermano Beltrán con Laura Ponte y como decoración sobre la solapa en la de su hermano Fernando y Mónica Martín. Este broche se ha llegado a confundir con otro de lazo, de menor tamaño, que la reina Sofía heredó de su suegra y que perteneció a la regente María Cristina de Austria. Doña Letizia aún no ha aparecido en público con la falsa perla Peregrina. La emérita la eligió como pieza central de su atuendo para posar en 2007 ante el objetivo de Dany Virgili, en la que resultó ser su última fotografía oficial como consorte.

Hablamos de falsa perla Peregrina porque la verdadera, aquella de origen panameño que recibió como regalo Felipe II en el siglo XVI, la envió camino de Francia José I Bonaparte en cuanto puso un pie en el palacio real de Madrid en 1808. Así lo relata, en una carta fechada el 22 de septiembre de 1811, el conde de La Forest, embajador de Francia. La misiva dice: "El rey José me ha hecho el honor de comunicarme que él, según sus necesidades, había ido vendiendo, rescatando o volviendo a vender la mayoría de las joyas y que la perla llamada la Peregrina estaba, con otras en París, en manos de la reina Julia, su esposa”. Ha sido subastada varias veces, la última vez alcanzó un precio de compra de nueve millones de euros, pero nunca ha vuelto a manos españolas. Su propietaria más famosa ha sido la actriz Elisabeth Taylor.

Un par de pendientes con un brillante grueso y brillantes alrededor

Estos aretes formaban parte del mismo escueto aderezo que el collar de 30 chatones antes citado y que se fue agrandando con cada festejo. También fue un regalo encargado a Ansorena por Alfonso XIII para su futura esposa. Años después la reina Victoria Eugenia hizo agrandar estos pendientes, que sólo contaban con un diamante grueso, con brillantes más pequeños. La infanta Cristina los tomó prestados del cofre de su madre para celebrar su unión con Iñaki Urdangarin el día 4 de octubre de 1997 en Barcelona. Esto demuestra que Las joyas de pasar no son de uso exclusivo de las reinas. También lo son, al menos, de las infantas. La reina Letizia ha utilizado estos brillantes dispuestos en flor en numerosas ocasiones, como los premios Princesa de Asturias de 2018. Los últimos a los que asistieron los reyes sin la compañía de la verdadera protagonista: la princesa Leonor.

Dos pulseras iguales de brillantes

Otro de los obsequios con los que el rey Alfonso de Borbón agasajó a su prometida a su llegada a España en mayo de 1906 fue una coronita real. Muy de moda en la época y tasada en ese momento en 1.158.000 pesetas. Creada por Cartier, una de las favoritas del monarca español, tenía una base montada con cuatro esmeraldas rectangulares unidas a cuatro rubíes redondos por ocho elementos vegetales. Sobre las piedras de color nacían otras tantas hojas de fresa que desembocaban en la parte más alta, tras una fila de diamantes dispuestos de mayor a menor, en una esfera coronada por una pequeña cruz. La reina la solía utilizar para la apertura de las Cortes. Desde 1927 la conjuntaba con la diadema Guirnalda colocada sobre la frente, obra también de la citada joyería francesa. Con esta coronita retrató a la reina Victoria Eugenia el pintor maño Fernando Álvarez de Sotomayor en 1925. El lienzo permanece en la antecámara oficial del palacio real de Madrid, también conocida como pieza de etiqueta de Carlos IV.

Sin sesiones de investidura que inaugurar en el exilio –después de su partida de España en 193– la reina encargó a Bulgari el diseño y confección de dos pulseras gemelas con los brillantes de esta pequeña corona. Tanto Ena de Battenberg como la reina Sofía (la condesa de Barcelona prácticamente no hizo uso de ellas) solían llevar una pulsera en cada muñeca. Así viste unas veces la reina Letizia las piezas de la casa romana y otras tantas las suma en el mismo antebrazo. Tampoco reserva su uso estrictamente a las ceremonias de gala como hizo su suegra durante los casi 40 años de reinado de Juan Carlos I. Uno de los dos brazaletes fue –el 22 de mayo de 2004– testigo de excepción de la boda de los actuales reyes, desde la mano izquierda de la reina de origen griego. Tal vez por esa razón doña Letizia tenga tanto cariño a las dos pulseras iguales de brillantes. O quizás sólo se deba a una filia estética. Junto a los pendientes de brillantes gruesos son las joyas de pasar que más ha utilizado la soberana desde que su esposo fue proclamado rey el 19 de junio de 2014 en el Congreso de los Diputados.

Cuatro hilos de perlas grandes

Estas perlas podrían haber pertenecido a la infanta Isabel conocida como la Chata, primogénita de la reina Isabel II y, al menos oficialmente, de Francisco de Asís de Borbón. Se desconoce en qué momento la infanta, gran aficionada a esta piedra preciosa, se los podría haber regalado a Victoria Eugenia. Probablemente se los dejase en herencia tras su muerte el 23 de abril de 1931. Con motivo de su enlace, según ABC, la española le regaló a su sobrina política únicamente una pulsera de cintas trenzadas de brillantes y rubíes en los cruces.

Pese a la mala relación que la reina mantuvo con su suegra, María Cristina de Habsburgo-Lorena, y su marido, Alfonso XIII, la tía y valedora de este –la infanta Isabel– siempre mostró afecto por Ena. La reina Victoria Eugenia visitó España por última, y única vez desde su exilio, en 1968 para ejercer de madrina en el bautizo del rey Felipe VI. En el vuelo de Air France Niza-Madrid, entre otros, la de Battenberg estuvo acompañada por el periodista Marino Gómez-Santos, al que confesó que el collar de perlas que llevaba fue un regalo de la infanta Isabel, la cual siempre le enviaba flores y un presente el 25 de mayo, fecha en la que la escocesa pisó por primera vez España.

La condesa de Barcelona cuenta en sus memorias Yo, María de Borbón, firmadas por Javier González de Vega, que repartió los cuatro hilos entre las mujeres de la familia. Lo que vendría a confirmar que la doble pareja de perlas no está a disposición de doña Letizia. Seguirle el rastro a las nuevas piezas es una tarea complicada. También es cierto que al describir esta herencia como “cuatro hilos de perlas grandes” y no como un único collar de cuatro filas se podría estar refiriendo a cuatro collares independientes de un hilo, de un par de dos hilos, o incluso de uno de tres filas y otro de una.

La reina Victoria Eugenia llevaba tres filas de perlas gruesas en el bautizo de don Felipe, como en el retrato de Ricardo Macarron, y cuatro en las instantáneas antes citadas de la revista Life. El collar de tres hileras encaja perfectamente con el que la Chata fue inmortalizada por Vicente Palmaroli en 1866. Se trataría de un regalo de su madre. Entre las joyas recibidas al casarse con Cayetano de Borbón-Dos Sicilias, un par de años después, se describen otros dos collares de perlas de tres hilos.

En ningún caso la reina Victoria se refería al collar de seis hilos con cierre de brillantes y perlas que la reina María Cristina le regaló cuando se casó con su único hijo varón Alfonso XIII, al que ella llamaba con cariño maternal Buby. Este regalo –de la que el pueblo madrileño apodó como doña Virtudes– se lo legó Ena a su hija, la infanta Beatriz, probablemente como regalo de bodas. Esta se lo prestó a la reina Sofía, entonces princesa de España (un título inventado por Francisco Franco), para su primera visita a El Vaticano en 1962.

Un broche con perla gris pálido rodeada de brillantes y del cual cuelga una perla en forma de pera

Se trata de un alfiler circular de perfil alveolado de oro con engaste de diamantes y una gran perla en el centro y otra perilla que perteneció a la infanta Isabel. La pieza, que parece que en el pasado tuvo mayores dimensiones, destaca en el vestido de la infanta, que también fue dos veces nombrada princesa de Asturias, en el retrato adolescente de Bernardo López Piquer y en el pastel maduro dibujado por Federico Godoy Castro. En la instantánea de Christian Franzen y Nissen también lleva el imperdible.

Este broche lo eligió la reina Victoria Eugenia, por ejemplo, para posar con su nieto don Juan Carlos en Estoril o para lucirlo en la cena previa a la boda de este con la princesa griega Sofía en Atenas. María de las Mercedes de Borbón y Orleans prefería uno de estructura similar que recibió como regalo de boda de mano de Alfonso XIII y que había pertenecido a su madre, la reina María Cristina, aunque también utilizó el de la infanta Isabel, generalmente sin la perilla colgada. La reina Sofía lo llevó en la boda de la infanta Elena, además de en numerosas cenas de gala y en los retratos oficiales firmados por Alberto Schommer. Doña Letizia solo lo ha utilizado una vez, lo llevó como único adorno durante la Pascua Militar (6 de enero) de 2019 sobre una chaqueta de lana fría.

Nuestros periodistas recomiendan de manera independiente productos y servicios que puedes comprar o adquirir en Internet. Cada vez que compras a través de algunos enlaces añadidos en nuestros textos, Condenet Iberica S.L. puede recibir una comisión. Lee aquí nuestra política de afiliación.

Fuente: Leer Artículo Completo