La dieta Indiana, el último (y loco) plan de alimentación que triunfa entre las famosas y en la red

Se presenta como el propósito del nuevo curso en las redes para perder peso, pero la dieta Indiana está muy lejos de ser el plan de alimentación perfecto para deshacernos de los excesos del verano. Su resultados han hecho que enamore a las redes sociales, pero cualquier nutricionista se echaría las manos a la cabeza nada más leer en qué consiste. Promete hacerte perder 1kg al día durante siete días si la sigues a pies juntillas, pero más que un plan de alimentación parece un castigo de Dios… mira, mira.

Se trata de una dieta que además de prometer la evidente pérdida de peso, segura que elimina toxinas y lucha contra la flacidez, pero… conseguir todo esto en una semana, a juicio de cualquiera, no es una tarea muy sencilla. Está basada en el consumo de frutas y verduras para aprvechar sus propiedades al máximo. El alcohol, desde una semana antes de comnzar la dieta está prohibido y el número de vasos se agua al día recomendados se situa entre 10 y 15 con el objetivo de luchar contra la retención de líquidos. No se puede consumir té, café, zumos o cualquier otro tipo de bebida o refresco. No obstante, si echas mucho de menos el café de por la mañana puedes hacer una excepción, eso sí, sin azúcar y sin leche.

El ejercicio ligero o moderado es imprescindible durante esta semana, pero con control ya que al bajar radicalmente la ingesta de calorías (dificilmente llegarás a las 800) puede que te sientas más cansado. Los vegetales serán los protagonistas de tus platos, eso sí, sin aliñar con ningún tipo de aceite. Las ensaladas puedes sazonarlas con zumo de limón o vinagre de vino, pero nada de AOVE (como lea esto Carlos Ríos…) ya que tiene grasas (que son beneficiosas, sí, pero grasas al fin y al cabo).

Además la dieta Indiana tiene un horario: se harán seis comidas al día. La primera a las 8:30 de la mañana. Se merendarán dos veces y la cena, no puede ser más tarde de las 20h para que la disgestión estñe hecha antes de irnos a dormir. El primer día solo está permitido comer fruta, el segundo se introduce grasa pero de forma moderada con una cucharada de mantequilla en el desayuno y las verduras. Hasta el final de la semana no se podrá consumir proteína como tal y en muy pequeñas cantidades. El cuarto día se pueden tomar dos vasos de leche, uno por la mañana y otro por la tarde: y el pollo, el arroz o los huevos estarán permitidos los últimos dos días, pero siempre anteponiendo el consumo de frutas y verduras.

En definitiva, una semana llena de penurias nutricionales, que con toda seguridad, tendrá un gran efecto rebote la semana siguiente.

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