Insultos, presiones y maltrato: el libro que destapa el escándalo sobre el entrenador de la Selección femenina de fútbol de España

Durante décadas, el fútbol femenino ha vivido una situación de maltrato. Y no solo en España, sino que es una situación que se extiende por todo el mundo. Sin embargo, en los últimos años, la profesión asiste a la dignificación del oficio y se está consiguiendo pasar de la discriminación por parte de los responsables deportivos y políticos a la profesionalización.

¿Qué significa exactamente ser mujer y futbolista en pleno 2021? A todo esto (y mucho más) contesta Danae Boronat en No las llames chicas, llámales futbolistas. Un libro publicado por Libros Cúpula y en el que el papel de la Selección femenina de fútbol es clave no solo por lo que cuenta, sino por lo que durante mucho tiempo tuvieron que callar.

Hay niñas que sueñan con ser como Jennifer Hermoso, Alexia Putellas o Irene Paredes. Futuras mujeres que fantasean no solo con jugar al fútbol, sino también con la idea de vivir de él. A esto ha ayudado, sin duda, el éxito de varios clubes como el F.C. Barcelona, el Atlético de Madrid o la selección española. De hacerse realidad el sueño de estas niñas, la situación que enfrentarían sería muchísimo más ventajosa que la de sus predecesoras: por fin hay un convenio colectivo que las ampara –después de una huelga sin precedentes- y el Gobierno se ha comprometido a profesionalizar la liga de primera División.

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Los profesionales del sector reconocen que las desigualdades se daban y se siguen dando (aunque en menor medida). Las jugadoras no cuentan con campos de entrenamiento apropiados, falta promoción en las categorías femeninas y suelen estar relegadas a estadios menores. Y aunque algunos países han superado el debate de la igualdad salarial, en España estamos aún lejísimos de alcanzarlo. La pregunta que queda en el aire es que si ellas, al defender la camiseta de España en los principales torneos internacionales, ¿no están haciendo lo mismo que otros jugadores considerados de primer nivel como Ramos, De Gea y compañía?

Una carrera marcada por el miedo

“A ti lo que te hace falta es un buen macho”

A lo largo del libro pueden leerse los testimonios de jugadoras que narran cómo sus carreras deportivas han estado marcadas por el miedo y las inseguridades de reclamar un trato digno. Este miedo las llevó a consentir situaciones de maltrato psicológico que no se atrevieron a denunciar por posibles represalias. Y, por primera vez, las futbolistas cuentan en No las llames chicas, llámalas futbolistas, cómo durante tres décadas la selección española consintió las vejaciones de Ignacio Quereda (quien fuera seleccionador entre 1988 y 2015 hasta que lo sustituyó el actual Jorge Vilda). “A ti lo que te hace falta es un buen macho”, escuchó un día Boquete. “El trato condescendiente era lo habitual. ‘Chavalitas’ lo tenía en la boca todo el tiempo y otras barbaridades”, explica con rabia.

Tal y como reconoce Danae Boronat, el testimonio que más le impactó fue la suma de todos ellos, porque no se lo esperaba. “La primera que me contó algo fue Alicia Fuentes. Cuando le pregunto por la Selección Española y por Quereda se le cambia la cara“. Porque aunque hoy haya incluso una calle en su Totalá natal, cuando Fuentes llegó a la Selección prácticamente no alcanzaba la mayoría de edad y tuvo que lidiar con el hecho de que la persona que le daba esa oportunidad era la misma que cuando se metía en un ascensor con ella le hacía comentarios poco apropiados a los que no sabía cómo contestar mientras le pellizcaba el culo.

La autocrítica y el apoyo de ellos

Ya no es necesario que las futbolistas se marchen de nuestro país para profesionalizar su carrera. Después de una huelga sin precedentes, cuentan con un convenio profesional de trabajo que regula las condiciones, dignifica el salario de las futbolistas y fija los derechos y las obligaciones de ellas y de los clubes. Y aunque aquella huelga no contó del todo con el apoyo masculino, sí hubo excepciones (Andrés Iniesta, Antoine Griezmann, Borja Iglesias o Iker Casillas). Compañeros que –como puede leerse en el libro- hacen autocrítica y análisis de la realidad.

Al fin y al cabo, el deporte es el mismo, las reglas son las mismas, la pasión es igual. La diferencia, o una de ellas –en cuanto a trato- es que es realmente complicado que el fútbol practicado por mujeres tenga un seguimiento masivo si todos los medios de comunicación mantienen coberturas centradas en el deporte practicado por hombres. Eso y el respeto. De ahí el título del libro. “Yo estoy harta de oir la condescendencia con la que periodistas de cierta edad se refieren a las deportistas, en especial a las futbolistas. Cuando se refieren a los jugadores, ellos son hombres. Cuando se refieren a las jugadoras, ellas son chicas (…) Es muy importante hacerles ver que cuando se refieren a ellas como las chavalas, las chicas o las niñas están siendo paternalistas. Necesitamos un trato justo”.

Como nos cuenta la autora, cuesta mucho que con la poca visibilidad que tienen las jugadoras se las vea y se las conozca. Y es que jugadores y jugadoras “no tienen el mismo mérito ni la misma consideración. Ellas tienen que convertirse en historia del deporte para que se les ponga en el mismo plano mientras que a ellos, solo con cambiarse el peinado, los convertimos en noticia”.

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