Guerra de Ucrania: cómo afecta a las niñas un conflicto

La invasión de Ucrania sigue centrando el interés. Su cercanía ha permitido que, más allá de las informaciones diarias sobre la evolución del conflicto, se hable de otras muchas heridas abiertas que deja la guerra y que, en muchas ocasiones, quedan silenciadas o desaparecen del foco informativo, como si no existiesen. Entre ellas, la situación de los niños y niñas que han tenido que abandonar Ucrania en busca de una paz que ha dejado de existir en su país.

Una huida en la que se enfrentan no solo a la soledad (en muchos casos son menores no acompañados) y el desarraigo sino también al peligro de la trata y la explotación. Elisa Paz conoce de primera mano todos esos peligros. Ella es directora de Programas Internacionales de Plan International, una de las organizaciones que trabaja sobre el terreno y está presente en la frontera de Moldavia, Polonia y Rumania ofreciendo ayuda inmediata a las personas desplazadas.

No solo se encargan de dar ayuda básica de alimentación e higiene, también priman el apoyo psicosocial y trabajan en distintos proyectos de la mano de las comunidades locales con una perspectiva de género para que las niñas tengan el control sobre sus propias vidas y cuerpos gracias a la educación.

La invasión de Ucrania se ha convertido en el mayor éxodo de personas desde la Segunda Guerra Mundial, ¿a qué peligros se enfrentan los niños y niñas que han tenido que abandonar el país?

Hace poco tuvimos un encuentro con varias organizaciones que intervienen en la respuesta y tratamos este tema. Es la primera vez que asistimos a una emergencia en la que el noventa y muchísimos por ciento son mujeres, niños y niñas. Nunca lo habíamos visto en ese porcentaje. Eso hace que la respuesta y los peligros a los que se enfrentan estos colectivos que ya son vulnerables de por sí por su edad y género se incrementen en este desplazamiento. Hablábamos de la falta de información sobre los peligros a los que se pueden enfrentar, la inmediatez con la que se ha producido… Nos contaba una colega de Plan que habían visto pasar a una profesora a la frontera con Rumanía que llevaba más de 20 niños de su colegio y solo una hoja de papel en la que los padres y madres habían autorizado ese desplazamiento. Nos hablaba de la dificultad para contrastar esa información, no se están registrando este tipo de menores no acompañados que ya de por sí son vulnerables y sin sus tutores corren más riesgos y fácilmente desaparecen.

¿Qué acciones lleva Plan International en Ucrania?

Nos hemos centrado en la protección y todo lo que tiene que ver con información, registro de menores e identificación de casos de violencia por los canales establecidos, se está trabajando en la construcción de espacios seguros donde están llegando mujeres y niños. Allí reciben apoyo psicosocial que es fundamental. Nuestra compañera nos comentaba como las madres habían solicitado intervención a Plan porque los niños habían dejado de hablar y comer y es importante que ese trauma se aborde desde un momento inicial. Y también estamos distribuyendo kits de higiene con un foco de perspectiva de género, incluyendo productos para la menstruación. Y trabajamos en educación en emergencia para que los niños se reintegren en el sistema escolar, no solo por aprender sino porque las escuelas son espacios protectores, los niños dejan de vivir el trauma durante esos periodos de normalidad y los tutores visibilizan cosas que ven en los niños y nos permite intervenir ahí.

La brecha de género también es una realidad en los refugiados. ¿Por qué es diferente la situación a la que se enfrentan los niños y las niñas cuando huyen?

Esto tiene que ver con las desigualdades estructurales que venían antes de la guerra, están en Ucrania pero también en España y el resto del mundo. Las niñas tienen tres veces más posibilidades de no seguir el periodo escolar en situación de emergencia porque los roles de género se exacerban y las niñas empiezan a asumir esos roles de cuidado, tienen que apoyar determinadas tareas y a los niños se les permite continuar en determinados espacios.

¿De qué manera les afecta en su vida futura?

De muchas maneras, cada persona y cada niño es un mundo. Quiero pensar que viendo la respuesta que se ha dado desde la Unión Europea y los países vecinos, cuando la paz llegue a Ucrania el retorno y la reconstrucción serán más fáciles que en otros conflictos y habrá más medios para trabajar el trauma con los niños. Es cierto que la experiencia en otros conflictos nos dice que cuando las niñas salen de la escolarización luego es difícil atraerlas a la educación y no desarrollan las herramientas para acceder a una vida digna y autosostenerse, generan una dependencia económica sobre los pares que son los que van a proveer de sustento económico. También vemos como aumentan los matrimonios infantiles. Cuando las familias empiezan a perder el sustento económico son las niñas y los cuerpos de las niñas los que se ponen como primera solución, son mecanismos negativos de respuesta de las familias. La vía de salida es el matrimonio y las ceden a otras familias para que las sostengan, el impacto a largo plazo es terrible.

Como expertos, ¿les llama la atención que la violencia sexual siga siendo un arma de guerra tan potente?

Desgraciadamente, y en esto tenemos mucho conocimiento y expertise, esto sigue presente en todas las guerras. Lo hemos visto en el norte de Etiopía, donde el cuerpo de las mujeres ha seguido siendo un arma de guerra, la violencia se ha utilizado toda la vida y se sigue utilizando, es cierto que quizás ha dejado de tener visibilidad dentro de la agenda internacional pero ha seguido pasando y ahora lo volvemos a ver.

Las niñas tienen más posibilidades de ser excluidas de la educación. ¿Se aborda de alguna manera concreta para que una vez que regresen se reenganchen a la escuela? Porque la educación volvería a ser el punto de partida para tener una vida libre y digna.

Claro, en este sentido no estamos en ese punto, una vez que llegue la paz, la estrategia es usar el ministerio de educación y las instituciones públicas de ese país. Es el refuerzo de esa institución el primer mecanismo de trabajo, y luego lo que se usa es la estrategia a nivel comunitario. Nosotros trabajamos con las comunidades para que sean ellas las que entiendan la importancia en este caso del regreso de las niñas a la educación y son ellos con una estrategia conjunta los que hacen que ese camino de vuelta sea posible.

Ha trabajado sobre el terreno en muchos conflictos. ¿Qué situaciones le han impactado más?

Qué difícil… En temas de violencia sexual yo creo que una de las más significativas ha sido República Democrática del Congo, las violaciones sistemáticas que se siguen produciendo y llevan tantos años son brutales, con muchas historias detrás. Es un conflicto prolongado y olvidado. Otra de las cosas que me ha impactado es Centroamérica y la movilidad humana, los menores no acompañados y su desaparición, las violaciones, la falta de atención a esa población que al final no se mueve por una guerra per se sino por una falta de acceso a posibilidades económicas y la falta de seguridad.

¿Cuál es la mayor lección que le han dado esas mujeres y niñas que juegan con tanta desventaja en la vida?

La lección aprendida es la resiliencia, estas mujeres se enfrentan primero al tifón, luego a la hambruna, pierden a sus hijos, luego las violaciones… esa capacidad de sobreponerse, seguir tirando hacia delante y mantenerse en el día a día y ver el futuro…, hago ese ejercicio de ponerte en su lugar y no creo que fuera capaz.

¿La visibilidad es primordial para que a nivel internacional se pueda ayudar o dar pasos para acabar con las violencias estructurales que comentaba?

Sin duda. Además, yo creo que lo hemos podido ver. En España la gente se ha volcado con esta crisis. Yo que he vivido otras crisis he pensado ‘Cómo me hubiera gustado ser capaz de transmitir a la gente que esto está pasando en otras zonas, en Somalia, Etiopía…’ No sé qué capacidad tiene la gente de responder sistemáticamente, pero visibilizar es el primer paso. De hecho muchas de las mujeres con las que trabajamos, cuando nos acercamos a ellas y les decimos qué necesitáis, qué queréis, ellas siempre te dicen ‘Quiero que lo cuentes’.

¿Les cuesta hablar sobre ello o todo lo contrario? ¿Cómo es la relación que establecen con esa situación de opresión que viven?

Es alucinante porque uno pensaría que en situación de violencia tenderían a callarse, estás pasando por una situación de estrés y no estás para contar las cosas. Sin embargo lo que nosotros percibimos es que las mujeres y hombres nos cuentan lo que está pasando, quieren saber y que les ayudemos… Es cierto que en temas de violencia, si vamos a una comunidad y entramos en una casa y el hombre nos está contando algo, utilizamos distintas estrategias para saber si en esa comunidad o en esa casa está existiendo violencia. Y las mujeres son muy capaces de buscar los espacios donde no las están escuchando para hacerte pasar la información.

¿La salud mental también ha ganado terreno en vuestras actuaciones?

Hemos trabajado en salud mental siempre, porque el abordaje de protección la incluye, pero es verdad que al haberse visibilizado en España, cuando lo planteamos en los proyectos para obtener fondos la gente entiende por qué es tan importante. Ahora es más fácil que entiendan lo que estás haciendo y los fondos están llegando mucho más para salud mental ahora.

¿Diría que hace falta más compromiso por parte de los gobiernos?

ONU siempre hace una previsión de lo que es necesario para dar respuesta ante una situación de emergencia y las respuestas están financiadas entre un 50% y menos. Eso te da una idea de que las necesidades en caso de conflicto no están cubiertas. En España, durante la crisis de 2007, la ayuda humanitaria descendió casi un 90%, fueron decisiones que se tuvieron que tomar con las que evidentemente nosotros no estábamos de acuerdo. La recuperación de esos fondos ha sido progresiva pero sigue sin estar a niveles anteriores a 2007. Es verdad que con la nueva ley de cooperación se ha puesto sobre la mesa la necesidad de que el 10% de la ayuda sea humanitaria, lo estamos defendiendo y apoyando pero nos gustaría que fuera más.

¿Qué logro le gustaría poder ver cumplido como directora de programas de Plan International?

El logro sería que las ONG internacionales no existieran, significaría que el problema se ha resuelto. A corto plazo que nosotros no estemos respondiendo una emergencia es que la población ha podido seguir adelante.




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