El gran peligro para Kamala Harris tras el probable triunfo electoral: convertirse en la ‘esposa de oficina’ del presidente Joe Biden

En la cuenta de votos más lenta de todas las democracias occidentales los analistas solo se atreven a afirmar una certeza: Donald Trump va a interponer todo tipo de resistencias a su desalojo definitivo de la Casa Blanca. Aún así, conforme avanzan las horas va afianzándose el ticket demócrata formado por Joe Biden y Kamala Harris, la candidatura favorita en los estados costeros y los núcleos urbanos.

Su éxito conlleva dos récords importantes: Biden se va a convertir en el candidato presidencial que más votos ha recibido en la largaa historia de la democracia de Estados Unidos y Harris será la primera mujer racializada que ocupe la vicepresidencia del país. En ella se depositan grandes esperanzas, aunque aún está en el aire el papel que va a ejercer en el gobierno Biden. Puede liderar iniciativas de peso o convertirse en una segunda consorte. La ‘esposa de oficina’ presidencial.

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No tenemos que irnos demasiado lejos para encontrar vicepresidencias invisibles: el papel de Mike Pence en el gobierno de Donald Trump ha sido bastante misterioso. Hasta que el Presidente no puso en su manos la lucha contra el coronavirus nadie tenía muy claras sus responsabilidades. Este vacío de funciones tiene una larga tradición en la historia de la democracia estadounidense. Cuando un periodista le preguntó al presidente Einsenhower a qué se dedicaba su vicepresidente (Richard Nixon) contestó: “Si me da una semana, le encontraré algo”. No fue este el caso de Biden: antes de aceptar ser vicepresidente de Barack Obama le pidió “estar presente cada vez que tomara decisiones importantes. Quiero estar”.

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Para tratar de predecir cómo puede ser la vicepresidencia de Kamala Harris contamos con una pista importante: la misma trayectoria de Biden. Este ha sostenido que el papel del vicepresidente depende en gran parte de la relación que tenga con el presidente y de las circunstancias concretas que enfrente su administración. Él fue responsable de relaciones internacionales sensibles (con Irak, por ejemplo), aunque se le recuerda sobre todo por su personaje de ‘poli malo’ en el despacho oval. “Lo mejor de Joe es que obliga a la gente a pensar, a defender su posición y a considerar las cuestiones desde todos los ángulos. Es el típico jugador que no para de hacer cosas en todo el partido, pero que jamás sale en las estadísticas”, explicó en su momento Obama.

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Por lo que hemos visto durante la campaña, Kamala Harris no lo va a tener fácil para brillar. Joe Biden piensa que el papel de vicepresidente es absolutamente subsidiario, una mezcla de consejero en la sombra y emisario internacional. Y hasta puede que sus apariciones en territorio nacional sean más bien escasas, en un intento de afianzar la figura del Presidente como líder nacional. De hecho, muchos analistas estadounidenses llamaron la atención sobre cómo Kamala desapareció de los titulares durante la campaña, prácticamente hasta su debate con Mike Pence. Era una baza electoral importante, pero extremadamente controlada para que su carisma y energía no se comiera al líder. En el mejor de los casos, se quedaría en esa figura cómplice que acompaña en silencio y aconseja en privado. Lo dicho: algo muy parecido a la ‘esposa de oficina’ que te complementa en lo laboral y te apoya en lo emocional.

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Desde el punto de vista de la comunicación política es comprensible la preocupación de Joe Biden y su equipo: la desenvoltura, el carisma y la energía arrolladora de Harris está totalmente fuera del alcance del probable presidente (77 años). Por suerte, ya ha aclarado que no piensa intentar un segundo mandato, con lo que no tendrá que eclipsar aún más a su vicepresidenta por miedo a una posible competencia en las presidenciales de 2024.

Recordemos el más que revelador episodio que marcó la relación entre Barack Obama y Biden al final de su primer mandato. Este tuvo que expulsarle de las reuniones en las que preparaba la estrategia de campaña electoral de cara a su segundo mandato: se dio cuenta de que Biden estaba contactando con sus donantes para que le apoyaran en una hipotética candidatura en 2016. Al final tuvo que esperar cuatro años más. Puede que Kamala Harris no tenga que alargarlo tanto.

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