El director del Concierto de Año Nuevo: cuando Andris Nelsons y su esposa Kristine fueron la pareja con más ‘power’

El Concierto de Año Nuevo es el evento más mediático dedicado a la música clásica. Por eso sus organizadores tenían que contar con él: Andris Nelsons, un director de orquesta que, además de dotado musicalmente, conoce a la perfección cómo funciona el marketing del siglo XXI. A sus 41 años, lo ha demostrado al frente de la Gewandhausorchester de Leipzig y de la Orquesta Sinfónica de Boston, donde trabajó, hasta 2018 con la que fue su mujer durante siete años, la soprano Kristine Opolais.

Aunque están divorciados desde 2018, con ella comparte una hija de siete años y una visión de cómo debe ser la música clásica: abierta, moderna, sin encartonamientos. Los dos son letones, de edades parecidas y se conocieron en la Orquesta Nacional de Letonia. También dieron juntos el salto definitivo a EEUU cuando a él lo nombraron contrataron para dirigir la orquesta de Boston y ella se convirtió en una de las sopranos estrella del MET. Los dos son conocidos en el mundillo por exprimir al máximos sus posibilidades físicas y performativas en el escenario. Él expresivo, de movimientos imparables, ella una actriz en toda regla.

En ese sentido, el hombre que hoy dirige el Concierto de Año Nuevo con un guiño especial a Beethoven –por el 250 aniversario de su nacimiento y porque fue el resposable de que se creara la Filarmónica de Viena–, ha declarado en alguna ocasión: ”Yo sólo tengo mis ojos, mis brazos, y por supuesto mi corazón, para hacer mi trabajo. Yo tengo que expresar el carácter de la música, el tempo, la dinámica, etc. sin un instrumento, e incluso sin palabras, y además de forma que los músicos comprendan enseguida lo que quiero decir”. Eso es en las tablas, porque fuera se define como un tipo tímido, a pesar de que formó durante siete años una de las parejas más talentosas y poderosas de la música clásica con Kristine, que tiene maneras de estrella del pop, algo que refuerza el hecho de que quisiera actriz antes que cantante y que ya no se haga fotos para los medios si no se cumple su deseo de aprobarlas ella previamente.

Opolais, menos reservada que su expareja, tuvo una adolescencia complicada cuando su padre perdió su empleo y tuvo que dejar su Rēzekne natal para mudarse a un pobre complicado y pobre de Riga. Empezó en la Academia de Música, pero con 21 años abandonó sus estudios y se unió al coro de la Ópera Nacional Letona. “En dos años seré solista”, le dijo a sus profesores, y lo logró. Su ya ex marido cree que las dificultades hicieron a su mujer más resistente. “No quería ser la mujer de Nelsons sino la soprano Kristine Opolais", dijo ella en 2016 cuando se le preguntaba cómo era compartir oficio con su pareja. En su caso, de hecho, ha computado en su contra en alguna ocasión, como cuando el responsable de la ópera de Boston, Mark Volpe, reconoció a The Washington Postque la contrataría más si no fuera la esposa del director de la orquesta.

Ahora Andris y Kristine van por libre, y no se espera que la cantante esté en la Sala Dorada de la Musikverein de Viena, donde se celebra hoy el Concierto de Año Nuevo, pero la pareja sigue teniendo casas en Munich y Riga, pues consideran que su hija se criará mejor en Europa que en EEUU.

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