Drogas, rap, maternidad: instrucciones para ser Mala (Rodríguez)

"Creo, insisto, que este mundo es como un juego multijugador: todos somos parte del problema y de la solución". La frase no es parte de un rap sino de las memorias de Mala Rodríguez, pero todo en ella tiene compás. También cuando escribe. Y no es porque tenga las cosas claras pues todo en su discurso, como en el libro, sigue el hilo de la contradicción. Ella lo sabe y no le importa porque si algo está claro en ella es que no teme dudar, replantearse las cosas, ni virar de rumbo."Te hacen creer que no hay que cambiar, que cambiar es algo estúpido, hipócrita, que ser real consiste en ser la misma persona siempre y eso entorpece mucho a la hora de crecer", dice en Como ser mala (Temas de Hoy, 2021), un libro donde, más a fondo o menos, lo toca todo.

Su infancia, por ejemplo, que pasó en Sevilla aunque nació hace 42 años en Jerez de la Frontera. Creció en el barrio de La Macarena, donde se empapó de un ambiente musical donde además de flamenco, había copla, jazz y rock progresivo. Gitana por parte de un padre con el que nunca vivió ("Jamás lo he buscado, no he querido ver ni encontrármelo nunca") vivió con su madre, soltera, y un tío: "Fuimos una familia rara y enriquecedora, desestructurada y molona. Pioneros y aventureros. Ahora sé que cada vez que alguien no quería compartir el ascensor con nosotros o llamaban puta a mi madre a mis espaldas nos hacían más fuertes".

Siempre justas de dinero, salieron adelante, pero lo primero que hizo Mala cuando ganó el suyo fue pagarle la hipoteca y comprarle a su mama un coche."No existe una eduación financiera para los que venimos de abajo", se queja una mujer que ha ganado mucho dinero…y se lo ha gastado. También en su aspecto y en su cuerpo. Pero se niega a que la llamen frívola: "Me ofendo porque me considero una disfrutona".

Éxito y salud mental

"Por más monjas, padrenuestros y rosarios que tuviera a mi alrededor, jamás existió la posibilidad de que yo creyera en dios". Así fue creciendo y llegó la música. Su primer encuentro con el hip hop fue gracias al breakdance y el grafiti, ambiente que le dio pista para entrar en la escena underground. Y así fue como repitió dos veces segundo de BUP. La música lo ocupaba todo, grabó algunas maquetas, empezó sonar su nombre, lanzó "A jierro", un himno, pero el pelotazo llegó con Lujo ibérico, un disco que gustó a los de su mundo y a los de fuera, que se grabó en Estados Unidos y que hoy, 21 años después , se nombra con la reverencia con que se cita a los clásicos.

El éxito se le subió a la cabeza, literalmente, pues otro tema que aborda sin velos es la salud mental. Un brote de equizofrenia se le presenta en medio de aquella vorágine de éxito. Le costó pedir ayuda, pero finalmente llamó a una de sus tías y acudió toda la familia. Esa tía es una de las figuras femeninas en las que se mira, como en su madre. También en sus amigas, muy presentes en el libro, y en sus "brujas", porque no cree en dios pero si en la fuerza que tienen muchas mujeres que la rodean y por eso grabó un disco titulado así, Brujas. Sabe que es inspiración para las chicas y eso le gusta, pero cuando habla de feminismo, especifica que el suyo es el cinético. "El que se demuestra andando".

Madre de tres

Igual de clara es en esas páginas hablando de la maternidad. Madre de tres, asegura que no ejercido como le habría gustado. "Lo digo desde la rabia porque ser mujer y ser madre es complicado. Y ser, además artista, es aún más difícil. Si queréis estar al nivel de un hombre, no tengáis hijos", dice renegando del concepto de la superwoman. Y es hablando de sus criaturas cuando sale también el tema de la droga, con las que ha coqueteó al inicio y que le han dado anécdotas que incluyen el día que le pagaron un concierto con un kilo de cocaína. "Si vais a estar cerca de la droga, prefiero que la vendáis antes que metérosla", les dice a sus hijos, aún pequeños. Así es María. ¿O habla la Mala? Porque ese es otro juego interesante en sus memorias, donde asegura que las dos están siempre presentes y que a veces se quieren y se hablan y otras no.

No hay conclusión en el libro, no hace falta. Es el relato de una mujer que dice que "alguien que cambia es alguien que está pensando". Por eso cabe todo en una artista talentosa, brillante y deslenguada, que en su adolescencia fue delegada de clase y a quien hizo una ilusión enorme que el Ministerio de Cultura le diera el Premio Nacional de Música en 2019. A una rapera, sí, a una que ha cantado con flamencas como Estrella Morente, participado en la banda sonora de películas como La Juani o Lucía y el sexo y le ha dado la réplica a Alba Flores en Vis a vis intepretando a Saray porque lo que Mala quiere ser ahora (quizás lo quiso siempre) es una buena actriz.

Como música hoy compite (en superioridad de condiciones) con hornadas de chicas miuy jóvenes que empiezan sus carreras en la escena urbana, nueva para tantos, un hábitat para Mala. Chicas que quieran o no reconocerlo beben de ella y de ellas también bebe porque si algo caracteriza a Mala es que siempre tiene sed. Si no aprende, se aburre. Y por eso se adapta, no tanto a una moda, como a una cabeza: la suya, siempre en tránsito constante. Y sí, a veces es dura, pero en el libro se le trasluce la guasa: "No disfruto los tríos ni las orgías. Debe ser por mi déficit de atención". Practica el humor. Y la ternura. Y de esa mezcla sale este libro, el autorretrato de una fiera llamada Mala que se intercambia el espejo con una María profundamente humana.

Nuestros periodistas recomiendan de manera independiente productos y servicios que puedes comprar o adquirir en Internet. Cada vez que compras a través de algunos enlaces añadidos en nuestros textos, Condenet Iberica S.L. puede recibir una comisión. Lee aquí nuestra política de afiliación.

Fuente: Leer Artículo Completo