Cenar pronto es tendencia: se llama early bird dinner y estos son los beneficios que aporta a tu salud

Respetar nuestro ritmo circadiano tiene premio: ganar en salud. Y una de las costumbres que más nos cuesta adoptar para emparejar nuestro ritmo de vida con lo que nuestro cuerpo necesita es la de cenar temprano. En los países anglosajones, en cambio, esto lo llevan a rajatabla y hasta tienen un término en los restaurantes para los clientes que hacen una cena temprana e incluso les ofertan un menú especial (y más barato): el early dinner menu. La tendencia gastronómica ha llegado con fuerza al resto de Europa y va camino de convertirse en el nuevo brunch. ¿Pero tiene alguna ventaja (además de la económica) el cenar pronto? Pues si revisamos la evidencia científica, muchas. Te las mostramos todas.

Cenar pronto combate el sobrepeso y la diabetes

Lo publicaron este mismo en el Journal of Clinical Endocrinology & Metabolism aunque no es la única investigación que se ha realizado en esta línea: aplazar la hora de la cena es un factor de riesgo para tener altos niveles de insulina en sangre y ganar peso.

Según esta investigación, cenar tarde repercute negativamente en la capacidad del organismo para gestionar y quemar las grasas (lo que a largo plazo se traduce en aumento de peso) y empeora la tolerancia a la glucosa. De media, los voluntarios que participaron en el estudio y cenaron tarde (a las diez de la noche) tenían un nivel de glucosa en sangre un 18% más alto y una capacidad de quemar grasa por la noche un 10% menor que los que tomaron su última comida a las seis de la tarde.

Cenar pronto ayuda a prevenir el cáncer de mama

Si el riesgo de engordar o de diabetes no son dos buenos motivos para empezar a tener en cuenta la cena temprana en tu día a día, aquí tienes otro motivo: prevenir el cáncer de mama. Una investigación publicada en el International Journal of Cancer que analizaba datos de más de 2.000 mujeres concluyó que tomar nuestra última comida del día antes de las nueve de la noche (o al menos cenar dos horas antes de irnos a la cama) servía para reducir en un 20% el riesgo de padecer un cáncer de mama.

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