Benigna en prisi\u00f3n; \u2018Amar es para siempre\u2019

QUÉ HA PASADO

• Lourdes ofrece a Irene pasar el embarazo en su casa.

• Manolita pide perdón a Justo por haber desconfiado de él.

• Mateo y Marina confiesan a Fede que se besaron.

Localizar un alijo de droga y la llamada de Sabela a su marido a la cárcel, acorralan a la gallega. Hartos de sus mentiras, los vecinos le preparan una encerrona en el King’s. “Se acabó el juego. Sabemos a qué te dedicas”, la enfrenta Manolita, delante de una muchedumbre que la secunda.

En ese instante, se presenta Benigna, que quiere hablar con su socia a solas. Una vez en el despacho, la traficante saca el as que tiene en la manga: “Viene la policía. Les he dicho que formamos un buen equipo. Si voy a prisión, tú también”. La amenaza se cumple y se llevan a las dos esposadas.

Entre tanto, Guillermo ha recopilado pruebas sobre David e intenta convencer a Lourdes de que se trata de un topo que ha contratado su padre. Sorprendida, ella se lo cuenta directamente al abogado, que se derrumba: “Sí, pero me enamoré de ti y lo dejé”.

Quien también se lleva una decepción es Manolín pues Estrella le dice que realmente está utilizándolo para dar celos a su ex. Aun así, deciden seguir con la farsa, pues él pretendía lo mismo con Inma.

Mientras Mateo reconoce que siente algo especial por Marina, Fede recibe la peor de las noticias: su madre ha fallecido y, a la vez, el estafador de Eugenio ha regresado.

“Qué poca vergüenza asistir al entierro de una persona a quien has matado. Por tu culpa está en una tumba”, le dice su hijo. Mateo presencia la pelea e intenta poner paz. “Y tú… eres un desgraciado. ¡No te vuelvas a acercarte a mí!”, le grita el recepcionista.

La inauguración de la librería resulta un éxito, pero una vez que se han ido los invitados, entra un desconocido y amenaza a Luisita.

“Los libros que vendéis son inmorales”, espeta y vierte gasolina en el suelo. Antes de marcharse, la empuja violentamente, dejándola inconsciente y prendiendo un mechero.

Por suerte, Amelia ha olvidado algo y regresa al local, sacándola como puede. “Lo siento. Ha sido culpa mía. Debí hacer caso a las advertencias que recibí”, se lamenta.

Galán se acerca a La Estrella con intención de desmoralizar a su enemigo: “Armando, estás acorralado. Ya no tienes espía y vamos a llevarte de nuevo a los tribunales”. Sin embargo, Ordóñez se muestra tranquilo y seguro de que ganará el juicio: “He retomado mi carrera política y en cuanto salga elegido tendrás bastantes problemas. Ve haciendo cajas porque el bufete se cerrará antes de lo que piensas”.

Esa tarde, Justo pide a su jefe que lo descargue de trabajo para poder centrarse en la defensa de Benigna, a quien visita en el calabozo.

“Voy a intentar demostrar que no tiene sentido que denunciaras el alijo de drogas si eras parte del negocio. De todas formas, no me fío de esa víbora”. Además, le cuenta que Sabela está libre. “Ha comprado un testigo, haciendo creer que ella era una marioneta en tus manos. Asegura que eres muy peligrosa y que existe riesgo de fuga con un pasaporte falso”, informa el abogado a su amiga.

Tras pasar otra noche juntos, Guillermo y Cristina formalizan su relación, aunque son conscientes de lo que pesa el pasado: “Lo superaremos”.

Como Irene está de baja en el hotel, Marina se encarga de acercarle los papeles cada semana. Entre ellos, se cuela la agenda de Armando y su amante lee que tenía una cita con su ginecólogo. “¿Para qué querría ir él? ¿Y por qué no me avisó?”, se intriga, pero prefiere mantenerse callada.

David resulta ahora una pieza clave para sentar a Ordóñez en el banquillo. El problema es que lleva tiempo sin dar señales de vida. “Tenemos que localizarlo cuanto antes. Es nuestra única esperanza y a ti te responderá si le llamas”, animan a Lourdes, que se ofrece pues está deseando que su padre pague por la muerte de su madre.

Como si fuera una anciana inocente, Sabela se pasea por el barrio sonriendo y amenaza a quien se atreve a decirle algo. “No me iré de Madrid hasta averiguar quiénes me traicionasteis”, asegura a Curtis, que se preocupa con razón pues sabe que no miente.

Más tarde, Sofía llega al pub y pregunta a su novio por Pablito: “Te encargué que fueras a recogerlo”. Él responde que así lo hizo pero que la maestra le dijo que ya se lo había llevado una mujer.“Pensé que eras tú”, asegura. Inmediatamente, a los dos les viene a la cabeza el mismo nombre…

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