Beatriz de Orleans recibe la Orden de Isabel La Católica: Cuando se pueda, lo celebraré

“La mía es una historia de amor con España. En los años 70, la empresa de mi marido [el príncipe Miguel de Orleans, hijo del conde de París, pretendiente al trono de Francia] lo destinó aquí. Él ya conocía este país. Sus padres habían vivido un tiempo en el norte gracias a la ley de exilio. ¡Nos enamoramos de Madrid! Tuvimos un apoyo enorme por parte de la familia real. El rey Juan Carlos y mi entonces esposo se conocieron de pequeños en Portugal. Tanto él como la reina Sofía nos dieron una gran acogida. Nada más llegar nos invitaron a la Zarzuela”.

La princesa Beatriz de Orleans (Francia, 1941) recuerda con nostalgia cuando, hace más de 40 años, aterrizó en España con su familia por primera vez. Lo hace con su inconfundible acento francés que, aunque lo intente, no puede reprimir. “Durante muchos años viví en Alfonso XII, muy cerca del parque de El Retiro. El nombre de la calle no tiene ni erre ni jota. Cuando salía del aeropuerto, me subía en un taxi y decía la dirección, inmediatamente me contestaba el taxista: ¡Usted es francesa! Me daba una rabia terrible…”, ríe. Pero si hay algo que entonces sorprendió a la pacata sociedad postfranquista de la época fue que, aún siendo princesa, Beatriz decidiera ponerse a trabajar. “Era otro mundo. Muy poca gente lo hacía. Yo, en cambio, fui la primera mujer en tener el puesto de consejero delegada en una empresa”, presume con orgullo.

Son las once de la mañana y nos hemos encontrado en un restaurante del barrio de Salamanca, donde la princesa reside, para desayunar. Aunque hace un día desapacible y llueve con intensidad, Beatriz aparece en el local impecablemente vestida con una camisa de rayas diplomáticas que combina con un chaleco acolchado y una gabardina que le da un toque irresistiblemente chic. Su Alteza Real -título que sigue manteniendo a pesar de que su ex marido se casó en 2017 con su segunda esposa, la aristócrata franco-española Bárbara de Posch-Pastor– acaba de cumplir 79 años y lo ha celebrado junto a su familia y amigos en Madrid. Para ella, 2020 también ha sido un año agridulce. En marzo, según ella durante un viaje entre Bruselas y Madrid, se contagió de COVID, aunque se enteró unas semanas más tarde de que había pasado la enfermedad. No tuvo ni un solo síntoma y, para su felicidad, pasó el confinamiento en la casa que compró hace muchos años en Marbella y cuya anterior propietaria era la actriz Carmen Sevilla.

La princesa tenía pensado celebrar que hace unos meses le había sido otorgada la medalla de Isabel La Católica, pero tuvo que cancelarlo todo. Esta condecoración también la han recibido otras mujeres extranjeras de rompe y rasga como Evita Perón o Chavela Vargas.

¿Cómo recibió la noticia?
Estoy tremendamente orgullosa. Pienso que no me lo merezco, por supuesto. La condecoración no la pides tú sino que hacen una propuesta. Me habían dicho que me olvidara porque con el gobierno socialista iba a ser difícil. El apellido Orleans suena demasiado fuerte. Me olvidé… y un día en noviembre del año pasado recibí una carta del Ministerio de Asuntos Exteriores. Hace poco, unos amigos embajadores me invitaron a comer y me la impusieron. Cuando se pueda, voy a celebrarlo con toda la gente que me ha apoyado siempre.

¿Cuáles han sido los méritos para recibir este reconocimiento?
Me la han otorgado por el respaldo a las empresas españolas dentro y fuera de España. Hemos creado la asociación de empresarios del sector lujo en España, Asociación Española de lujo. Para mí,el lujo es la excelencia. Puede ser una miel, una sardina, un bolso, cualquier cosa, siempre y cuando sea excelente. Son 330 socios y mi labor, entre otros aspectos, es darlos a conocer fuera del país. En su día, el Gobierno francés me impuso la Legión de Honor por desarrollar marcas de lujo francés, como Dior, en España.

Se sorprendió de que el gobierno socialista de Pedro Sánchez aprobase la concesión de esta medalla. ¿Qué opina de la política española?
Soy apolítica. En este mundo hay de todo y lo que cuenta es la persona. No he estado vinculada a ningún partido. Nunca he ido a una manifestación. Respeto a España y, por habernos acogido tan bien, prefiero no meterme en política.

¿Ha sacado beneficio de su título de princesa en algún momento?
Nunca he usado mi título en mi trabajo. Hay cosas en la vida que no hay que mezclar.

Usted es princesa pero a su vez una magnífica embajadora de la República de Francia. ¿Se considera monárquica?
Creo muchísimo en la monarquía siempre cuando aporte equilibrio al país.

¿Qué le parece lo que está sucediendo con el rey Juan Carlos?
No hago comentarios sobre la familia real. Es un magnífico rey y ha sido un gran rey. La historia lo reconocerá. Es tal ingratitud…

Aunque se declare apolítica, Beatriz estudió Ciencias Políticas en la Sorbona. Su infancia fue dura ya que su padre, el conde Bruno de Franclieu, murió en la Segunda Guerra Mundial cuando ella no había cumplido todavía los tres años. “Fue una historia terrible. ¡Durísimo!. Vivíamos entre París y el castillodel siglo XVIII que tenía mi abuela. Siempre estábamos internos en el colegio. Teníamos una educación muy estricta”, recuerda al hablar de ella y los otros miembros de su familia. Tras terminar la universidad, Beatriz comenzó a escribir en WWD, la biblia de la moda. Tiempo después, Dior la eligió como su embajadora en España. Aquí, con su marido, con el que se casó en 1967 en Casablanca (Marruecos) crió a sus cuatro hijos: Clotilde, Adelaide, Charles-Philippe y François. Todos ellos son cercanos al rey Felipe VI. De hecho, el rey es padrino de Isabelle, la hija de Charles-Philippe con la duquesa portuguesa Diana de Cadaval. El rey Juan Carlos es padrino de Adelaida.

¿Cómo llevó convertirse en un personaje cuya vida interesaba a la prensa del corazón?
Yo había empezado a conocer a la prensa cuando entré en Dior y no antes. No he tenido nunca ningún problema con nadie y me llevo bien con todos.

Habrá estado expuesta a críticas, ¿le afectaron?
Mire, sí. Hay un periodista de El País que no paraba de criticarme. No solo a mí sino a Dior, a mis hijos, a mi familia…. Un día lo invité a ver la cabalgata de los Reyes Magos en las oficinas de la maison en Madrid y poco a poco me lo fui ganando. Se convirtió en un amigo y es al primero al que invitaré a mi fiesta por la concesión de la medalla. Por suerte,en mi casa tenemos unos valores muy fuertes, indestructibles. Somos muy católicos y eso nos da equilibrio.

Hablar con Beatriz también es repasar la historia reciente de la moda. La princesa conoció a casi todos los directores creativos de Dior. Yves Saint Laurent – “Vi su primera colección en un cuartito de su casa. Vivía mucho de los pedidos americanos-; Marc Bohan – “Era fantástico”-; Gianfranco Ferré – “Nos criticaron mucho porque fue el primer director creativo de la casa extranjero”-, pero sin duda la princesa se emociona al hablar de John Galliano. “Es un genio, un precursor de todo. Dibuja de maravilla, canta de maravilla… No le llega nadie a las rodillas”, dice. La conversación con la princesa es inagotable, pero tiene una cita y debe marcharse. “Un día, le invito a comer y le sigo contando más historias sobre la moda. Por cierto, conocí a Coco Chanel”, me desvela al despedirse. De tantas leyendas que ha conocido, la princesa Beatriz de Orleans se ha convertido en una de ellas.

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