Así nació Mafalda, la niña rebelde que detestaba la sopa y cuyo espíritu se ha encarnado en Greta Thunberg y la generación de los activistas del clima

El llorado fallecimiento de Quino, el adorado dibujante argentino, deja huérfana de madre y padre a Mafalda, la eterna niña cuyos cómics enseñaron a varias generaciones a observar el mundo sin cinismo ni conformismo. Socarrona y, a veces, pesimista, emboscaba sudefraudado idealismo en la ironía, la misma que los inteligentes utilizan para que sus palabras no resuenen duras en los oídos de los inconscientes.

Tras las famosas sentencias de Mafalda sin duda pensaba y dibujaba un hombre bueno, y como tal le han despedido las redes replicando una y mil veces las viñetas de su pandilla más querida: Mafalda, Susanita, Felipe, Manolito… Todos, en principio, dibujos para una campaña de publicidad que Quino no pudo vender porque la marca que la había encargado se fue a pique. Mafalda fue, desde el principio, una ‘nena’ desencantada por el mundo.

Todo comenzó en 1962, con el encargo por parte de la marca de electrodomésticos Mansfield de una tira cómica para hacer publicidad de sus productos. Querían algo parecido al famosísimo Snoopy de Charles M. Schulz, pero que apareciera toda la familia y que sus nombres comenzaran por la letra M. Decidido a no tirarla por la borda, Quino reconvirtió a Mafalda en el personaje más querido de su país y de parte del extranjero.

El 29 de septiembre de 1964 nacía en la revista bonaerense “Primera Plana” esta niña alérgica a la sopa, una alegoría de la dictadura argentina. A través de Mafalda, Quino puso sobre la mesa la defensa de los derechos humanos, denunció injusticias flagrantes y subrayó la hipocresía del mundo adulto, siempre con un tono que de inocente resultaba revolucionario. “A un niño le enseñan cosas que no deben hacerse porque están mal o hacen daño, pero en los diarios encuentra masacres y guerras. ¿Por qué los grandes no hacen lo que enseñan?”, se preguntaba Mafalda.

Mafalda no estaba sola en sus viñetas: la rodeaban sus amigos Felipe, Manolito, Susanita y la pequeña Libertad, además de sus padres (una pareja típica de la clase media argentina de entonces) y su hermano Guille. En sus diálogos con ellos salía a relucir toda su aniñada sabiduría con frases como “Lo malo de la gran familia humana es que todos quieren ser el padre”. O “¿No será acaso que esta vida moderna está teniendo más de moderna que de vida?”.

Más ‘perlas’: “Como siempre: lo urgente no deja tiempo para lo importante”. “Todos creemos en el país, lo que no se sabe es si a esta altura el país cree en nosotros”. “Lo peor es que el empeoramiento empieza a empeorar”. En Lumen, la editorial que publicó los libros de Mafalda en España a partir de 1950, se la considera hoy una Greta Thunberg adelantada a su tiempo.

Tras nueve años de intensa producción, Quino dejó de dibujar a Mafalda. Solo la resucitó para campañas de organizaciones como UNICEF o el gobierno argentino. Sin embargo, el personaje siguió viajando por todo el mundo durante las décadas siguientes, hasta traducirse a veinte idiomas y formar parte de campañas de concienciación a nivel mundial en causas relacionadas con la salud, los derechos de los niños y los derechos humanos.

A España llegó en 1970. Carlos Barral, el genio de la edición española en aquella época, rechazó las tiras de Quino y Lumen, la editorial de Esther Tusquets, pudo hacerse con ellas. Fueron un éxito y se convirtieron en uno de los pilares de la estabilidad económica de la editorial. El otro fue el ensayista italiano Umberto Eco, quien además se encargó de llevar a Mafalda a Italia, donde la conocen como “la contestataria”.

Mafalda cumplió este año medio siglo de feliz estancia en España, un cumpleaños que se celebró con un libro, ‘El amor según Mafalda’, y una gran exposición que iba a protagonizar el 38 Salón del Cómic de Barcelona, finalmente pospuesto debido a la pandemia. “Todo está en Borges y en Mafalda”, ha dicho Lola Martínez de Albornoz, editora de Lumen, sobre la actualidad de las tiras de Quino. El mismo Cortázar tenía claro que lo importante no era lo que él pensara sobre Mafalda, sino lo que Mafalda pensara de él. Porque su capacidad para hacer las preguntas adecuadas y enfocar los asuntos del mundo desde la óptica de los más débiles ha sido la brújula ética de generaciones.

Hoy, basta leer cualquiera de las tiras de Mafalda y observar si nos conmueven para saber si hemos sido engullidos por el narcisismo y el egoísmo de nuestro tiempo. “¿Vos qué opinás del amor, Manolito?”, pregunta Susanita a su amigo, a lo que este contesta: “¿Del amor a qué?”. No cabe más inteligencia en menos palabras. Por eso los libros de Quino se publicaron durante el franquismo con una franja en la tapa que decía: “Para adultos”.

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