Así es cómo puedes quitarle los mocos y las flemas a tu bebé

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¿Tú bebé tiene mucha congestión y no sabes cómo quitarle los mocos y las flemas para aliviarlo? ¡Bienvenida al club! Ahora que ya estás inmersa en el fascinante, y también complicado, mundo de la maternidad, estarás experimentando la felicidad que supone ver la sonrisa de tu bebé mientras duerme, pero también la parte menos dulce, las preocupaciones por tu pequeño.

Sí, es totalmente normal que te preocupes por qué hacer cuando el bebé tiene fiebre o que no sepas cómo actuar cuando el bebé tiene conjuntivitis. Todo eso, al igual que la congestión nasal y con flemas de los recién nacidos y los bebés es totalmente normal, pero despierta mucha inquietud entre los padres.

Los bebés de pocos meses tienen mocos y flemas a menudo, incluso aunque no estén resfriados. Las mucosidades son un eficaz mecanismo de defensa para su organismo, que está empezando a fortalecerse frente a los virus: limpian las vías aéreas de gérmenes, ya que salen hacia afuera adheridos a ellas, y evitan que proliferen.

Pero es cierto que un exceso de mocos y flemas puede resultar muy molesto para el bebé. Con la congestión, al pequeño le costará más respirar, estará incómodo, le puede influir incluso también a la hora de comer porque se atragante y también le molestarán mientras duerme. Por ese motivo, es importante aliviar en la medida de lo posible su congestión. Ahí es cuándo surgen las dudas, especialmente si es tu primer hijo.

¿Cómo limpiarle los mocos al bebé? Esa es una de las preguntas más habituales, sobre todo si se trata de recién nacidos. Y es que manipular a una criatura tan pequeña puede dar cierto temor. Con tranquilidad y con los conocimientos que aquí vas a adquirir, sabrás enseguida cómo aliviar la congestión de tu bebé para que respire mejor.

Eso sí, como siempre en todo lo que tenga que ver con la salud de tu hijo, no dudes en consultar a tu pediatra para averiguar el motivo de la congestión, ponerle tratamiento en el caso de que fuera necesario y evitar, por ejemplo, la aparición de una posible otitis o alguna otra complicación.

Prepárate para poner remedio y plantarle cara a los molestos mocos y flemas

El problema, la mucosidad excesiva

Ahora bien, a pesar de su importante misión, cuando la mucosidad es excesiva el niño está muy incómodo, y si se prolonga durante mucho tiempo puede producirle otitis (es la dolorosa inflamación del oído medio). Por eso conviene erradicarla cuando antes.

Los pediatras actuales no son partidarios de recetar mucolíticos a los bebés. Aunque estos disuelven la mucosidad, favoreciendo su expulsión, también incrementan la secreción de moco, estableciendo así un círculo vicioso muy difícil de romper.

No conviene medicar mucho porque además, medicar al bebé cada vez que tenga mocos o flemas (casi continuamente) puede ser más nocivo para él que tener mucosidades.

En realidad, uno de los mejores tratamientos para aliviar el exceso de mocos y flemas en los peques es beber mucha agua. Intenta que tu hijo se hidrate a menudo porque el líquido ayuda a disolver y a movilizar los mocos.

Para que tu hijo pueda respirar mejor debes despejarle la nariz de mucosidades.¿Cómo limpiar los mocos al bebé? Toma nota:

– Límpiale los mocos que tenga por fuera con un pañuelo muy suave para evitar irritaciones (si utilizas bastoncillo, no lo introduzcas mucho) y lávale la nariz a menudo con suero fisiológico nasal o un nebulizador de agua marina (100% natural).

– Túmbale de lado, para que no se trague las mucosidades, y aplícale el suero en una de las fosas nasales, mientras le presionas la otra ligeramente. Después, repite la operación en el otro orificio.

Las peras de farmacia y los aspiradores nasales también ayudan a despejar la nariz de los bebés, pero cuanto menos se usen mejor. En los bebés de menos de seis meses no se recomiendan porque la aspiración puede causarles problemas de oído, ya que su trompa de Eustaqui es más corta-

En bebés más mayores, igualmente utilízala con moderación y nunca para retirar mocos secos, aplica suero antes. Para evitar posibles problemas de oído e irritación, si lo usas, porque el lavado solo no funciona, que sea como mucho dos veces al día y con suavidad porque una aspiración fuerte puede ser dañina.

Al igual que has hecho con la nariz, deberás despejarla de flemas. Los niños tan pequeños no saben expectorar: al toser, las flemas se les quedan en la boca y se las vuelven a tragar.

Cuando tu hijo tosa, debes ayudarle a expulsarlas. No se las quites con el dedo, porque puedes arañarle el paladar. Enróllate una gasita estéril en el dedo índice y, sujetándola bien con el pulgar, métesela en la boca. La flema se pegará a la gasa y te será más fácil quitársela.

La congestión nasal y las flemas, que son muy indigestas, pueden causar inapetencia, náuseas y vómitos a tu hijo. Ármate de paciencia y no le fuerces a comer porque si lo haces, es seguro que acabará devolviendo.

Lo que puedes hacer es, en lugar de ofrecerle cinco comidas a lo largo del día, acostumbrarte a darle siete u ocho, pero más pequeñas.

De esta manera no tendrá sensación de ahogo ni sudará tanto al comer y le costará menos esfuerzo acabarse sus raciones.

Si el bebé está muy congestionado, recuerda siempre limpiarle los mocos antes de dormirlo para que pueda respirar bien. De ese modo podrá conciliar mejor el sueño y no tendrá sensación de ahogo.

Para ello, coloca en su cuarto un vaporizador eléctrico, recipientes llenos de agua o un humidificador. En este caso tendrás que lavarlo todos los días para evitar la formación de hongos, ya que sus esporas son nocivas para la respiración. Y no eches plantas o esencias en el agua, podrían irritar sus vías respiratorias y empeorar las cosas.

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