Ana Pastor: “El no es no nos lo enseñó Nevenka sin darse cuenta”

Si no hubiera denunciado, me habría muerto”. Con esas palabras, Nevenka Fernández explicaba por qué había decidido dimitir de su puesto en el ayuntamiento, hacer público el acoso que había sufrido y poner una querella criminal al que hasta entonces había sido su jefe, Ismael Álvarez (PP), alcalde de Ponferrada (León) entre 1995 y 2002. Lo hizo en una rueda de prensa que tuvo lugar el 26 de marzo de 2001 en el hotel Temple de aquella localidad. Tenía 26 años. Intentaba poner así fin a una tortura que había comenzado mucho antes, en enero del año 2000, cuando ella decidió acabar con la relación sentimental que ambos habían mantenido. Intentaba, porque la tortura continuó de otra manera, con una opinión pública y unos medios de comunicación que, salvo excepciones, se pusieron del lado del acosador. De hecho, el caso llegó a conocerse con el nombre de la víctima y no con el del verdugo. Nevenka se quedó sola ante una sociedad machista.

Constituyó el primer juicio por acoso a un político en España. Sin saberlo, Nevenka se convirtió en la pionera del movimiento #MeToo en nuestro país. Pero, tras el juicio, ella desapareció. Se fue a vivir al extranjero mientras su acosador, con una condena en firme, no sólo se quedó en Ponferrada, sino que después de dimitir en 2002 volvió a presentarse a la alcaldía en 2011, bajo otras siglas. Consiguió cinco concejales, que resultaron clave en la formación de gobierno.

El pasado 5 de marzo, Netflix estrenó Nevenka, una docuserie de tres episodios en la que la protagonista cuenta todo lo que ocurrió. Su testimonio se acompaña con el de otras personas que vivieron el caso junto a ella, como la entonces jefa de la oposición, Charo Velasco (PSOE) o su abogado, Alfredo Barreda. Ha sido dirigida por Maribel Sánchez-Maroto y producida por Newtral, la startup multimedia al frente de la cual está la periodista Ana Pastor. Hablamos con ella para saber más de la docuserie que ha puesto a la sociedad española ante el incómodo espejo de su propio machismo.

¿Qué os motivó a contar la historia de Nevenka y qué hizo que ella accediera?

La historia a mí ya me pilló como periodista; por entonces trabajaba en la cadena SER. A mí siempre me pareció que era una historia que merecía ser contada y analizada con el paso del tiempo. A eso le sumamos que ella ha hecho, por un lado, un periodo de curación, y por otro lado de reconciliación consigo misma, como ella misma ha dicho. Cambia todo con el #MeToo. Ella empieza a ver que hay muchas mujeres que dan el paso en Estados Unidos, y muchas veces hablábamos de cómo era posible que eso en España no hubiese ocurrido. En efecto, en España existe y existió, pero no se daba ese paso. A ella le daba rabia ver a mujeres contando una historia como la suya, pero con la cara tapada. Es una historia que se la debíamos a ella y a su valentía.

¿Cuánto tiempo os ha llevado desde que lo planteasteis hasta que finalmente se ha emitido?

Yo llevo hablando con ella de este tema unos diez años. Ella ha hecho un proceso vital que ha terminado en este documental, como podría haber terminado de otra manera, porque también respetamos mucho cómo se sentía ella y si estaba preparada para hacerlo. Por eso ha ocurrido ahora. Si hablamos desde que dijimos que íbamos a hacerlo, alrededor de dos años. Ha habido un amplio proceso de documentación, de revisar todo el sumario, la sentencia, los recursos que hubo, hemos ido al extranjero porque ella vive fuera… ha sido un proceso.

¿Qué tal ha ido la acogida del documental?

Muy bien. Yo puse un día en Twitter, cuando nadie sabía que estábamos preparando esto, que había soñado con un proyecto que para mí ha sido algo más que profesional, porque para mí era fundamental que ella recuperase parte de lo que entonces no se le dio: el respeto que ella se ganó por su valentía. Lo soñamos juntas, de hecho. Nunca pensé que esto pudiera ocurrir en Netflix (de hecho, es el primer proyecto que hacemos para ellos) y además de esta manera, con esa ola tan a favor de ella. Yo viví aquel momento, sé cómo lo pasó, y ni en mis mejores sueños pensé que esto podría suceder. La gente la ha acompañado mucho esta vez.

Dices que tú lo viviste también. Haciendo referencia con esta pregunta a otra producción de Newtral: ¿dónde estabas entonces?

Yo estaba trabajando en la cadena SER, uno de los pocos medios que lo enfocó como se hace hoy, de una manera más natural. El nombre de él, Ismael Álvarez, no era el centro de la historia para otros medios, pero sí lo era para quienes trabajábamos en la SER. Recuerdo perfectamente la rueda de prensa, aunque en aquel momento yo no conocía a Nevenka todavía.

En alguna ocasión has dicho que Nevenka no habla desde el resentimiento, sino desde la justicia. ¿Es un proceso que ha podido hacer a lo largo de estos 20 años?

Más que un proceso, es que ella es así, dulce. Creo que estaría súper justificado que existiera ese resentimiento, pero no sólo no lo tiene, sino que su manera de afrontarlo fue poner la valentía por encima del miedo. Y la dignidad, que queda reflejada en una de las frases de ella, y que para mí es de las mejores del documental: “Tengo 26 años y tengo dignidad”. Muchas veces pecamos de hablar, pero ella acompañó todo lo que dijo con hechos, y pudo demostrar su verdad, tal como demuestra el documental.

Después de haberse dictado la sentencia hubo una manifestación en Ponferrada a favor del alcalde que acosó a Nevenka, Ismael Álvarez. Acudieron unas 3.000 personas. La directora de la docuserie, Maribel Sánchez-Maroto, dijo que hoy sería impensable que eso ocurriese. Sin embargo, hay fuerzas políticas muy votadas que niegan la existencia de la violencia hacia la mujer. ¿Nuestra sociedad no ha cambiado tanto como nos gustaría?

Yo creo que sí hemos cambiado, para mejor. Una de las cosas que más le dolió a Nevenka no fue una sentencia blanda, que lo fue [la sentencia, dictada en mayo de 2002, fue una multa de nueves meses por un total de 6.480 euros y una indemnización de 12.000 euros], sino la soledad social. Si te pones a pensar en casos más recientes, como el de la manada, hubo gente incluso en el ámbito de la judicatura (se debatió si era agresión o violación) que dijo que qué hacía una mujer metiéndose en un portal con cinco hombres. Es un poco similar a lo que le decían a Nevenka entonces (“Tú has tenido una relación con él, y ahora apechuga”). El “No es no” nos lo enseñó Nevenka sin darse cuenta. La sociedad sigue siendo machista, pero creo que ahora las alertas saltan mucho antes. En el caso de la manada no hubo que esperar a que hubiera una sentencia por parte de varias instancias, sino que desde el principio se cuestionó el trato que se le estaba dando a la víctima desde algunos medios, por ejemplo. Nevenka no tuvo esa oportunidad. Hemos mejorado, pero todavía falta mucho.

¿Se ha dado el caso de alguien que apoyase al alcalde en su momento y ahora haya mostrado su arrepentimiento?

Se ha dado el caso de personas que se han disculpado en privado con Nevenka. Hay gente de Ponferrada que se ha hecho preguntas a raíz del estreno del documental: ¿por qué ahora? ¿Qué busca ella? Y han sido las hijas de esas personas, de entre 20 y 30 años, que entienden mucho mejor las claves de lo que estamos intentando explicar, quienes les han dicho a su madre que vean el documental, porque no va contra nadie. Ocurrió en Ponferrada, pero podría haber ocurrido en tantos otros sitios. Nevenka es un espejo de la sociedad, de lo que hacemos bien y de lo que hacemos mal. Hay gente que ha dicho en voz alta “¡Gracias, Nevenka!” a través de las redes, por ejemplo. Hay gente que ha pedido perdón en público porque no se pararon a pensar lo que estaba sucediendo, y hay gente que en privado le ha pedido disculpas a ella. Y también me gusta mucho que hay gente que le está agradeciendo a Charo Velasco [entonces líder la oposición y, por tanto, rival política de Nevenka] el papel que tuvo, que no fue nada fácil. Nevenka probablemente no hubiera podido sobrevivir a esta historia sin Charo. Eso está siendo muy bonito y muy enriquecedor, para quienes echaron una mano y se pusieron del lado correcto de la historia.

Charo Velasco encarna esa sororidad de la que tanto se habla ahora. Las alarmas saltan antes, pero la vida política se ha degradado desde los tiempos de Nevenka. Ahora hay más polarización, más bronca. ¿Crees que el apoyo que Charo le dio a Nevenka sería posible hoy?

Sí, porque depende de las personas. Hubo gente en PSOE que le dio la espalda a Nevenka, hubo gente en el PP (todos) que le dieron la espalda siendo de los suyos. Pero sí que creo que Charo es un maravilloso fallo del sistema. Cuando el sentido común de su alrededor le decía que no hiciera eso, ella sólo pensó en que había una mujer que estaba destrozada. Todo lo demás era secundario. Digo que es un fallo del sistema porque quizá, en su misma situación, mucha otra gente no lo habría hecho. Cuando, por poner un ejemplo, Inés Arrimadas ha recibido insultos por ser mujer o han intentado degradar su figura política con comentarios machistas, han sido otras mujeres de otros partidos rivales (con los que, además, no tiene nada que ver) quienes han tenido un gesto público. El caso de Charo fue diferente, porque no quiso que fuese público. Pudiéndose poner una medalla incluso a día de hoy, a mí me costó convencerla para el documental, porque ella no quería ser protagonista en ningún sentido. Creo que eso habla tan bien de ella, además… es discreta, es humilde, se ha preocupado en todo momento de que Nevenka estuviera bien… no eran amigas y no lo son, pero es una parte fundamental de la vida y la supervivencia de Nevenka. Sí creo que había mujeres buenas, como Charo; como había hombres buenos, como Adolfo (su abogado, que recibió muchísimas presiones para quitarse de en medio) y por supuesto Lucas (su marido y el padre de sus hijos), el gran amor de su vida y quien demuestra que los hombres buenos existen, que te acompañan en una pelea tan dura como la que hizo Nevenka.

¿Cómo está Nevenka ahora?

Está feliz y en paz. Ella ha hecho un proceso muy largo para sanar esa herida. Ahora ya no hay herida, pero sí cicatriz. Está recibiendo mucho cariño. Ella vio hace años un documental que se llama Anita, de una mujer negra en Estados Unidos que sufrió acoso por parte de su jefe, y cuyo caso llegó hasta en Senado de ese país. Anita contaba ahí cómo recibió después centenares de cartas de mujeres, y las tenía todas en el sótano, agradeciendo su valentía y reconociendo que gracias a ella habían sabido que había que denunciar. Ahora casi no se escriben cartas, pero Nevenka está recibiendo decenas de miles de mensajes no sólo en redes, sino mensajes personales que le están llegando a través de diferentes maneras. Hay 190 países que tienen la posibilidad de ver su historia, y le están llegando mensajes de todo el mundo. Para ella es muy sanador, el ver que no sólo no tiene que avergonzarse, sino que su valentía le sirvió a ella y a otras muchas mujeres.

Una condena leve, ella se marcha y él no sólo se queda en Ponferrada, sino que vuelve a presentarse a elecciones y consigue miles de votos. ¿No deja eso en el caso un regusto amargo?

Yo creo que al final, cuando uno se queda solo consigo mismo (y creo que ella también hace esa reflexión), sabe si está en el lado correcto de la historia. Nevenka le va a poder contar a sus hijos lo valiente que fue, cómo lo hizo y por qué (por dignidad). En el caso del acosador, es muy duro tener que convivir (y a mí me da igual que lo sufra) con que has hecho algo. Y él sabe lo que ha hecho. Que 20 años después todo el mundo valore esa valentía, para ella es reparador. Los acosadores existen, aquí y en cualquier lado, porque hay un entorno que los protege, que los jalea y que silencia sus barbaridades.

¿Por qué se habla del caso Nevenka y no del caso Ismael Álvarez?

Yo no suelo utilizar el término caso Nevenka; de hecho, el documental se llama Nevenka, y no caso Nevenka, con esa intención. En la cadena SER hacíamos pedagogía con eso, y en aquel momento no todo el mundo lo veía. Pero yo repito mucho el nombre de él. Ismael Álvarez. Él era el acosador y ella la víctima.

La figura del fiscal, José Luis García Ancos, concentra impunidad (“¿Cómo me van a apartar del caso a mí?”), machismo y clasismo (“Ni que fuera usted una cajera de supermercado, que tiene que aguantar que le toquen el culo”). ¿Nevenka nos ha demostrado que había muchos prejuicios sobre la mujer acosada?

El fiscal lo tiene todo, sí. Algo que hemos aprendido a lo largo de estos años es que no existe un patrón único de mujer maltratada, como tampoco existe un patrón único de maltratador. Puede ser una cajera o puede ser una mujer como Nevenka, que tenía una preparación laboral y una carrera profesional, aunque era muy joven. Eso le puede ocurrir a una mujer con recursos, a pesar de que hubo un tiempo en que se pensaba que el maltrato era sólo cosa de unos perfiles o clases sociales determinadas. Hemos aprendido que no, que le puede suceder a cualquier mujer. En eso creo que hemos evolucionado.

Juan José Millás establece en el documental un símil con los peces de colores, que es un recurso visual que se repite a lo largo de la docuserie. ¿Cómo surgió este paralelismo entre los peces y Nevenka?

A veces es difícil verbalizar cosas que suceden y que son muy sutiles. Nos pareció muy chulo cuando Millás dice que Nevenka era como un pez de colores en un lugar cerrado, rodeado de peces que entre ellos son iguales (negros). Funciona como metáfora incluso con el salto que ella da; si te imaginas un pez saltando de la pecera, puede morir. Es lo que ella cuenta: “Si yo no hubiera denunciado, me habría muerto”. Millás, además, conoció el tema de primera mano hace años.

Nevenka no tenía hijos cuando denunció a Ismael Álvarez. Muchas mujeres que sufren maltrato y sí tienen hijos no denuncian porque creen que la situación podría perjudicarlos, por dependencia económica… ¿Lo habría tenido todavía más complicado Nevenka si hubiese habido hijos de por medio?

Es cierto que ella no tenía hijos, que es un componente importante. Pero sí tenía entorno, y sus padres siguen viviendo allí, tiene hermanos… esa herida no es sólo de Nevenka. Cuando se reabre también lo hace para el resto, y cuando sana también. Es verdad que muchas mujeres se sienten obligadas a aguantar ciertas situaciones por los hijos, pero creo que muchas veces el detonante de poder saltar de la pecera es si al otro lado hay alguien que te va a ayudar. Y eso no siempre ocurre. En el entorno de Nevenka había de todo, gente que tenía miedo y otra que estaba dispuesta a ir a la batalla con ella, y en esa mezcla ella tira para adelante. Lo de los hijos puede dificultarlo, pero a veces también es un motor que te empuja, porque no quieres eso para ellos.

Quizá nos esté leyendo alguna mujer, en alguna parte del mundo, que esté viviendo una situación parecida a la de Nevenka. ¿Qué le dirías?

El mensaje más poderoso de Nevenka es que es una historia universal. Una mujer en México, China, Madrid, Ponferrada o Nueva York puede sentir empatía hacia ella, bien porque conecte con la historia o bien porque esté viviendo algo parecido. Más que decirlo yo, viendo el documental, cuando ella asegura “Si no hubiera denunciado, me habría muerto”, no está indicando que el camino haya sido fácil, sino que el otro camino es probablemente peor. Hay que hacerlo y el resto tenemos que estar a al altura de esas mujeres que dan ese paso, que es dificilísimo.




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