Almudena Bernabéu, la abogada valiente que quiere hacer justicia (e historia)

Almudena Bernabéu (Alicante, 1972) ha pasado 12 años de su vida investigando para que este momento histórico fuera posible. En 1989, en El Salvador, un grupo de soldados asesinó a tiros a seis jesuitas –entre ellos, al carismático Ignacio Ellacuría, rector de la Universidad Centroamericana (UCA)–, junto con la cocinera que trabajaba para ellos y su hija. Cuando se realiza esta entrevista, quedan apenas 10 días para que comience la segunda parte de la vista oral que se celebró en la Audiencia Nacional en julio. En el tribunal presidido por el juez José Antonio Mora, se dirime la autoría intelectual del exviceministro salvadoreño Inocente Montano, que tiene 76 años y para el que se piden 150 de pena.

La abogada, experta en justicia internacional e infatigable azote de genocidas y dictadores, se encuentra en su casa de San Francisco, aún con la incertidumbre de si podrá viajar con su hijo de ocho años a España para asistir al juicio como acusación particular. El dictado de esta sentencia histórica es inminente.

El trabajo tras el largo “periodo de silencio” ya está hecho, y la lista de batallas no nubla su sentido del humor ni apaga su risa, fuerte y contagiosa. A los 26 años, Bernabéu colaboró en el proceso al exdictador chileno Augusto Pinochet; trabajó para que rindieran cuentas los responsables de los llamados “vuelos de la muerte” en Argentina; a petición de la premio Nobel Rigoberta Menchú no paró hasta que el exdictador guatemalteco Ríos Montt fue condenado a 80 años de cárcel por genocidio del pueblo maya y crímenes contra la humanidad.

Otros hitos en su trayectoria han sido la condena a uno de los torturadores del cantautor chileno Víctor Jara y la primera acción penal admitida a trámite contra líderes del ejército sirio por crímenes durante la guerra. Desde su despacho internacional, The Guernica Group, con oficinas en San Francisco, Londres y Madrid, sigue siendo la abogada peleona y enérgica que tiene muy claro dónde reside la justicia. El juicio de los jesuitas ha quedado ya visto para sentencia, y el excoronel Inocente Montano ha negado cualquier responsabilidad en la matanza, a manos del batallón Atlacatl del ejército salvadoreño, la madrugada de aquel 16 de noviembre. La Fiscalía pide para él 150 años de cárcel. Bernabéu logró la extradición de Montano desde EE. UU., a donde había huido.

Quiero ir tras los más poderosos. Si puede ser, ministros de Defensa y presidentes”.

No le sorprende que niegue los hechos, pero sí cómo estos individuos van moldeando el “no” con el tiempo: “Con los años se vuelven más astutos. Saben que una negativa en blanco es una vulgaridad, y entonces estos hombres tan orgullosos de sus galones tratan de quitar importancia a la capacidad de maniobra que tenían”, afirma la letrada. Miembros de ejércitos tan poderosos como el salvadoreño, prosigue, “pasan de ser el gran macho castrense a tener un rol que era puramente administrativo… ¡Estaban allí para coger el teléfono!”. Bernabéu ha tomado la decisión personal y profesional de ir tras los más poderosos, “si puede ser, ministros de Defensa y presidentes”, aclara con acento contundente. “Ahí se encuentra la verdadera responsabilidad y la oportunidad de cambiar las cosas”.

¿Qué siente ante ellos? “Vergüenza ajena”, asegura la abogada. Además de pena: “Jamás he escuchado a uno de ellos reconocer que las cosas se hicieron mal, no muestran arrepentimiento”. Durante estas tres décadas, la Compañía de Jesús no ha cesado de buscar responsabilidades, algo que para Bernabéu hace que este caso sea peculiar. La justicia internacional es una verdadera carrera de fondo y admite que la extensión en el tiempo de estos procesos desilusiona. “No digo que no se ganen los casos o se prueben las cosas, pero hay un deterioro por su duración excesiva. No puedes tener un caso abierto 25 años porque deslegitimas lo que tratas de lograr. Al final se convierten, con todo el cariño que tengo a los tribunales internacionales, en unos funcionarios de Naciones Unidas sirviendo muy poquito al país al que se supone que sirven, y que no se siente resarcido”.

Su trabajo en el caso de los jesuitas ha coincidido con una parte importante de su trayectoria vital. En los 12 años que le ha dedicado, Almudena Bernabéu se ha casado, ha tenido un hijo, ha fundado otra firma de abogados… “Y eso no es nada comparado con la espera de los familiares”, añade. Bernabéu encuentra en el trato con las víctimas una de las fuentes de energía para continuar. “El problema es que a veces pierdes la esperanza y lo peor es transmitirles a tus representados que no lo ves claro… Si eres la madre de una persona a quien han asesinado, tu motor es una herida muy profunda en el corazón. Yo soy una abogada, al final, ajena a ese dolor que es tan tuyo. Yo no puedo ser tú, ni debo, porque no es mi lugar. Me da miedo que la llama interna se apague a veces”.

Claro que te asustas con las amenazas, pero me asiste la razón”.

Esta abogada cálida y cercana, que prepara el desayuno de su hijo mientras no escatima tiempo para la entrevista, es rotunda cuando se le pregunta si le ha supuesto una ventaja ser mujer a la hora de hablar con víctimas y testigos. “Me ha ayudado enormemente en algunas de las fases –indica–. Vemos seis realidades a la vez, algo que permite ahondar en las historias y aproximarte al sufrimiento. Mis colegas hombres se apartaban del trato más directo con testigos y víctimas y me dejaban a mí, a la chiquilla, casi siempre más joven que ellos. Para mí era un honor; duro, pero un placer”. En el juicio a Montano han participado dos testigos clave: Lucía Barrera, empleada doméstica de los jesuitas, y su marido, Jorge Alberto Cerna. Bernabéu habla de ellos con cariño. “Doña Lucía tenía el mismo trato con los jesuitas que doña Elba, quien fue asesinada. Eran seres humanos muy divertidos, dicharacheros, gamberros, futbolistas…”. También el exteniente René Yusshy Mendoza ha pasado a ser otro de los testimonios fundamentales: estuvo presente durante la ejecución de los sacerdotes y la Audiencia Nacional le eximió porque el delito había prescrito. Fue precisamente este exmilitar quien señaló que Montano, único acusado, estuvo entre los que dieron la orden de acabar con Ellacuría y no dejar testigos.

Bernabéu ha recibido amenazas en repetidas ocasiones y ha tenido que llevar escolta. “No me considero una persona particularmente valiente. Claro que te asustas con las amenazas –alega–. Pero siempre pienso que me asiste la razón, algo que me crea problemas con mi marido, y que la razón va a prevalecer sobre los animales y los malvados. Aunque suene ingenuo, vivo en ese mundo de blancos y negros desde que era una niña”.

Los asesinatos de los jesuitas impulsaron la búsqueda de justicia en El Salvador y supusieron un punto de inflexión para la guerra civil que llevaba 12 años asolando ese país centroamericano. Pero, ¿tendrá este juicio en España un impacto allí? Almudena Bernabéu considera que este tipo de procesos despiertan a las naciones. “Puede que suceda como en Guatemala. El impacto del trabajo de la Audiencia Nacional ha sido brutal; y ya que hay elementos psicológicos como consecuencia, los jueces nacionales se animan a intentarlo”, arguye.

En sus palabras se revela su admiración por la resistencia de los salvadoreños: “El movimiento de derechos humanos ha sido delgadito, pero muy duro; han sido muy coherentes. Las asociaciones de víctimas están siempre buscando rendijas que se abran en materia de justicia. Hay un poco de apertura, porque el gobierno actual no interfiere”.

La desclasificación de documentos por parte de Estados Unidos, país en el que la letrada reside desde hace más de dos décadas, ha sido clave para la investigación en el caso de los jesuitas asesinados. “Estados Unidos fue el proveedor de todos los recursos para esas fuerzas armadas y cómplice absoluto en aquellos días. España, en mi opinión, era a la vez un poco ignorante y un poco cómplice por no prestar mucha atención a algunos de esos problemas. En esos momentos estábamos demasiado preocupados por salir de nuestra dictadura, y hubo un abandono tácito de los familiares”.

Casos como el de estos sacerdotes, que involucra a tres países, son el campo de batalla de Almudena Bernabéu, que afirma estar “obsesionada” con la trasnacionalidad. “Creo que los problemas del mundo –y la pandemia lo ha demostrado de manera tajante– no son de un país concreto, ni siquiera de una región. La capacidad de trabajar horizontalmente país-país o región-región; ahí está para mí el caldo de cultivo de la efectividad”.

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