De cómo el botox podría ser la solución contra el acné o la rosácea

El botox es el tratamiento estrella de cualquier centro de medicina estética. La eficiencia para eliminar las líneas de expresión de forma inmediata y sencilla, así como el efecto rejuvenecedor que consigue sin la necesidad de pasar por quirófano, han sido determinantes para que esta técnica haya logrado mantenerse durante años como la gran aliada de la ciudadanía para borrar las arrugas faciales. “Es la mejor herramienta para alisar la frente y los ojos, y conseguir un rostro descansado”, asegura Virtudes Ruíz, cirujana general y médico estético de Virtud Estética.

Pese a ser el más conocido, quizás el único para gran parte de la población, este no es el único uso de la llamada toxina botulínica. Durante estos últimos años, el botox ha sido utilizado más allá de las arrugas como tratamiento para afecciones muy comunes de la piel o diversas enfermedades obteniendo grandes resultados.

Tratamiento para el acné

El acné ha dejado de ser un problema exclusivo de la pubertad, cada vez son más personas que sufren brotes en una etapa adulta. El uso de la mascarilla tan solo ha potenciado este problema. “La toxina botulínica, infiltrada de forma más diluida y con la técnica de mesoterapia por la zona afectada puede regular la secreción sebácea y mejorar el acné leve o moderado”, asegura la doctora Ruíz. Además, la experta puntualiza que su uso también “está implicado en la producción de sebo” y que consigue disminuir su actividad.

Para evitar brotes de rosácea

En los últimos tiempos se ha podido comprobar que la toxina botulínica tiene un efecto antiinflamatorio que mejora la sintomatología de esta patología cutánea. Como bien explica Virtudes, al infiltrarse sobre las célulcas llamadas mastocitos, el botox “impide así que liberen agentes proinflamatorios, consigue una reducción del edema, el eritema y el enrojecimiento”.

¿Para disimular cicatrices quirújicas?

Cualquier incisión quirúrgica conduce a la formación de una pequeña cicatriz, a pesar de que en muchas ocasiones su apariencia apenas es notoria en otras los resultados no son estéticos y generan gran malestar. “Los queloides son el crecimiento exagerado de la piel en una cicatriz tras un corte (incisión quirúrgica)”, apunta Ruíz. Para rebajar el tamaño, la experta recomienda “inyectar botox al final de la intervención quirúrgica para evitar la tensión en el corte”.




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