Angustia moral: cuando elegir entre dos opciones compromete tus valores

Seguro que alguna vez has tenido a un ángel y a un demonio a cada lado de tu cabeza. Probablemente hayas tenido que enfrentarte entre el querer y el deber o, puede que te hayas sentido incómodo también al jugar al “¿qué preferirías…?”.

Son muchas las circunstancias que nos llevan a tener que escoger decisiones que, no siempre, serían las que nos gustarían. Puede que incluso tanto la opción A, como la B o la C atenten contra nuestros valores y no se correspondan, en absoluto, con lo que escogeríamos en otro contexto. Pero como si nos apuntaran con una pistola en la cabeza: tenemos que elegir.

Y el sentimiento que surge a raíz de esta elección tiene nombre: angustia emocional. La angustia emocional define al sufrimiento que sentimos cuando no podemos actuar con integridad. Al menos no con la que nos gustaría. Así lo especificó Andrew Jameton cuando en 1984 designó al sufrimiento que transitaban las enfermeras cuando las instituciones o el sistema les impide actuar bajo sus principios morales y éticos, algo que, además, a día de hoy está más presente que nunca.

La angustia emocional por tanto define a los efectos perjudiciales nacidos a raíz de este enfrentamiento con las situaciones que moralmente producen malestar. Se trata pues, de sentirse mal ante una elección en la que no queda otra opción que escoger entre dos alternativas que jamás harías.

Padres que no saben si enviar a sus hijos a clases presenciales, personas que quieren pasar tiempo con sus familiares pero no pueden por salud, falta de seguridad en el hogar pero incapacidad económica para tenerla, enfermos en estado grave que quieren terminar con sus vidas pero a la familia le duele desconectar el respirador… Las situaciones en las que se presenta la angustia emocional son inmensas y enfrentarse a ella es algo que se puede aprender.

La solución radica en el autodominio, en ser conscientes de que la decisión que se ha tomado ha sido la correcta ya que la otra, también implicaría atentar contra tus valores. Profundizar en uno mismo, aceptar que no todas las situaciones están bajo nuestro control y analizar continuamente nuestros sentimientos y deseos ayudará a tu gestión emocional. Debes creer en ti, en la decisión que has tomado y, sobre todo, en dejarte ayudar por los demás. Puedes confiar en un experto que te dé las pautas a seguir para alcanzar la resiliencia moral y así, dejar aun lado esa angustia e impotencia que te provocan estas situaciones de indecisión.




Fuente: Leer Artículo Completo