Paz de la Huerta: Soy la única víctima de Weinstein que no ha explotado su dolor

Durante la etapa en la que vivió en Sevilla, “en la calle Pureza, al lado de la Iglesia de la Esperanza”, solían dirigirse a ella como “la reina de Triana”, me dice desde Los Ángeles María de la Paz Elizabeth Sofía Adriana de la Huerta (Nueva York, 1984), más conocida como Paz de la Huerta. Efectivamente, las calles y tabernas de este popular barrio de la ciudad como “El Garlochí o Casa Modesto”, enumera, contaron hace un par de veranos con la presencia habitual de la famosa actriz de origen español, hija de Íñigo de la Huerta y Ozores, XVI duque de Mandas y Villanueva, marqués de Parga y Grande de España.—¿Se enamoró de un español?—(Risas). Bueno, me enamoré en España. Pero no era español, era muy atractivo… Ahora no estoy enamorada, pero sí muy orgullosa de mí misma. Las cosas buenas llegarán. Estoy centrada en mis amigos, en mi pintura, en mi documental. Siendo lo más creativa que puedo, ahora que parece que el mundo se acaba. ¿Has visto mis cuadros?

De la Huerta, que no duda en calificar su trayectoria como “intensa”, llegó a España en uno de los muchos momentos complicados de su vida, cuando acababa de denunciar que había sido agredida sexualmente por Harvey Weinstein en dos ocasiones. En Sevilla se instaló en la casa de su “ángel”, de una de las personas que la apoyó de forma incondicional desde que acusó al todopoderoso magnate de la industria cinematográfica: su madrina, la aristócrata Cristina Heeren, una mujer fascinante que protagonizó un amplio reportaje en esta revista hace unos meses. Heeren regenta una academia de flamenco en la capital andaluza y, desde hace dos años, una fundación que lleva su nombre y que ha consagrado a ese arte. En su escuela, Paz intentó aprender a bailar con empeño pero desigual fortuna. “Se dio cuenta de que era más difícil de lo que pensaba”, me dice Heeren. Con su querida madrina, Paz probó “las gambas, las croquetas y el jamón, que le encantaron” y visitó El Rocío. “Le impresionaron mucho los flamencos”, evoca la condesa. Pero, sobre todo, en Andalucía Paz de la Huerta empezó a resurgir de sus cenizas. Del caso Weinstein, pero también de las secuelas del grave accidente que sufrió en 2011. “Es increíble el rosario de médicos que tuvo que visitar hasta que dieron con la fractura que tenía y que le provocaba unos dolores fortísimos", comenta Heeren, quien subraya de su ahijada que es una de las pocas personas que conoce que posee un talento genuino, aunque lamenta que Paz no domine el castellano. “Ni ella ni su hermana mayor, Rafaela. Supongo que su padre no creyó que fuese tan importante”.

Ciertamente, la actriz se encontraba en el rodaje de Nurse 3D cuando sufrió un fatal atropello. Está convencida de que no fue un accidente, sino un capítulo más de la conspiración en su contra que atribuye a Weinstein y sus secuaces, una larga lista de asesores y abogados entre los que incluye a su propio representante, a quien culpa del vídeo viral en el que aparece borracha saliendo del Château Marmont de Los Ángeles, un episodio que, cuenta, sucedió poco después de una de las supuestas agresiones del magnate. “Todo el mundo sabe que cuando un actor bebe lo sacan por la puerta de atrás. Mi mánager me empujó a Sunset Boulevard, me lanzó a los paparazzi después de forzarme a beber whisky sin parar”, recuerda indignada.

Aunque no quiere entrar demasiado en el asunto, centrada como está en sus proyectos actuales, me insiste en que compruebe por mí misma lo que se dice en Internet, tanto en lo que respecta al incidente del Château Marmont como al atropello. “No tienes más que poner en Google: ‘Paz de la Huerta truck accident’. Deberías ver con atención los vídeos que circulan en la red. Yo estaba en el set de una película que no quería rodar. Ya había trabajado con Jim Jarmusch [en 2009, en un filme titulado Los límites del control], con Gaspar Noé [ese mismo año, con el título Enter the Void] y con Martin Scorsese [encarnó a la novia del protagonista de Boardwalk Empire, la exitosa serie sobre la mafia de Atlantic City en la década de los veinte del cineasta italoamericano]. ¿Crees que me apetecía hacer una película titulada Nurse 3D? Tengo integridad”, clama la intérprete. “Me obligaron. Abusaron de mí de forma terrorífica durante el rodaje. Y, si ves el vídeo del accidente, te darás cuenta de que esa ambulancia iba directa hacia mí. Probablemente, fue un intento de asesinato por parte de Weinstein. He consultado a muchos abogados que están de acuerdo conmigo", sostiene.

"Weinstein está en la cárcel con coronavirus y ha intentado suicidarse. Despierta mi compasión"

Ahora que está entre rejas. ¿Qué siente hacia él?— Tengo sentimientos encontrados. Ha sido un hombre famoso, rico, poderoso. Está en una maldita cárcel con coronavirus y ha intentando suicidarse. La gente me dice que estoy loca, pero lo cierto es que despierta mi compasión.—¿Qué opina del #Metoo?—Estoy de acuerdo con el mensaje: ninguna forma de abuso debe ser tolerada. Pero no me gustan las mujeres que encabezan el movimiento. Creo que son unas hipócritas ansiosas de fama. Sus intenciones no son puras. Hablaban solo en su nombre y creo que estaban desesperadas por lograr notoriedad. Cambiaron su dolor por la fama. ¡Basta! —zanja en castellano—.

El fiscal de Los Ángeles está pensando en reabrir mi caso. “Soy la única que no ha explotado su dolor. De todas sus víctimas, soy la que menos publicidad ha obtenido. Todas se quejan de que Weinstein ha destruido su carrera. ¡Yo soy la mujer a quien violó!”, continúa. “Pero todavía tengo mi integridad. Pinto y dirijo películas. Actúo. Mi caso es, sin duda, el más extremo. Han intentado desacreditarme, han dicho que estaba loca. Pero soy una superviviente”, asegura. No solo ha sobrevivido a Weinstein, también a una infancia poco convencional.

El padre de Paz de la Huerta, el duque de Mandas, se instaló en el Lower East Side en la década de los ochenta con su entonces esposa, la activista por los derechos de las mujeres Judith Bruce. La actriz está muy orgullosa de sus raíces españolas. “Mi padre fue el primero de la familia que lo dejó todo e hizo su propia fortuna en América [marchó allí a trabajar en banca]. Pero tiene alma de cowboy. Al final, invirtió sus ganancias en su rancho de Extremadura. Es feliz en el campo, ante una hoguera. Saltando el fuego a caballo. Jamás he visto a nadie montar así. Era capaz de domar al caballo más salvaje. Es muy excéntrico. Debería haber sido actor”, relata Paz, que reconoce que ella se parece, sin duda, a su progenitor.

En aquel Manhattan bohemio la familia era vecina del galerista Larry Gagosian. También de Harvey Weinstein. Paz está convencida de que la acechaba desde que era una adolescente punki con el pelo rapado y decolorado. Con ese aspecto se presentó al casting de su primera película, Las normas de la casa de la sidra, de Lasse Hallström, en 1999. Un éxito de Miramax que le brindó su primera experiencia con el hombre que acabaría por determinar de forma trágica su futuro. “Coincidí con él durante el rodaje y ya era un baboso. Me decía que tenía que hacer películas de ciencia ficción tipo Blade Runner”, evoca hoy la artista sobre aquel encuentro con Weinstein cuando apenas era mayor de edad pero ya llevaba tiempo recibiendo clases de actuación. Tal y como admitió en una entrevista en 2007 a su amigo Oliver Zahm**, la interpretación le ayudaba a intentar superar sus conflictos.

Empecé a beber muy joven”, me reconoce. “He sido muy autodestructiva. Luego pasó lo que pasó, y Weinstein conspiró contra mí después de violarme. Ahora que desde la cárcel no puede pagar a los medios para que me difamen, soy más fuerte y más artista que nunca. He conseguido desprenderme de mi ego. Estoy siguiendo los 12 pasos de Alcohólicos Anónimos. No bebo, no tomo drogas. Estoy completamente sobria. Y voy a encarrilar mi vida”, insiste mientras se escu- chan los ladridos de un perro y suena el timbre de su casa. Es el repartidor, que le lleva el desayuno: “Hace un día precioso, me gustaría que lo vieras”. Paz ha pasado la pandemia en Los Ángeles, pero añora su hogar de París, donde reside habitualmente y están sus amigos. Inmersa en su documental Valley of Tears, que rueda de forma intermitente desde hace nueve años, la pintura ha sido últimamente su salvación. “Me ayuda a man tenerme centrada en valores universales como son la belleza, la esperanza y la humanidad”, asegura De la Huerta, que ha rezado a diario por sus seres queridos. “Creo en Kali, que es la diosa hindú de la resurrección. Lo que está pasando es tan triste como aterrador, pero tiene que haber un resurgir. Vendrá una edad de oro después del crash.

"No bebo, no tomo drogas. Sigo los 12 pasos de Alcohólicos Anónimos y voy a encarrilar mi vida”

Paz admite ser una persona “muy espiritual”, entre otras cosas, gracias a otra de sus madrinas, la artista brasileña Mossa Bildner. “Ella me introdujo en los rituales orixas, pero también soy católica. En una entrevista con The New York Times reveló haber tenido una experiencia extrasensorial en Graceland, la casa de Elvis Presley, donde tuvo un orgasmo con el fantasma del Rey. Pero quizá la palabra que mejor la defina ahora sea romántica. “En un año me veo viviendo de nuevo en París, caminando con un trench bonito, peinada y maquillada (risas). Y de repente mi novio me ve, me llama y me besa en las escaleras de mi casa (más risas). Soy muy romántica. Vivo como una poeta. Incluso en las circunstancias más difíciles. No soy feliz sin poesía. Me da fuerzas para enfrentarme a lo que sea. Mi favorito es Lord Byron, adoro La canción del huérfano de Rainer Maria Rilke y los Veinte poemas de amor y una canción desesperada de Pablo Neruda”, cita la actriz, entre cuyos planes destaca dirigir un remake de la Risa en la oscuridad, de Vladimir Nabokov; adaptar al cine otro de sus libros preferidos, Narcopolis; y abordar la biografía de Rita Hayworth. Todo, una vez termine el rodaje de Valley of Tears. “Mi gran talento es dirigirme a mí misma en mis películas, por eso me escogieronJim, Gaspar y Martin”, subraya. “Y ahora he vuelto a involucrarme solo en los proyectos en los que realmente creo”.

La intérprete cuenta orgullosa que una de sus películas favoritas es El reportero, de Michelangelo Antonioni, protagonizada por su buen amigo Jack Nicholson. El actor fue una suerte de figura paterna en sus comienzos, aunque admite que han per- dido el contacto en los últimos tiempos.—¿Tiene amistades en Hollywood?—Sí, pero prefiero no decir sus nombres. Soy de las pocas que no presume de colegas famosos en Instagram.

Lo que sí verán en sus redes son sus pinturas, que plasman “recuerdos de mi infancia y ángeles que lloran”. Si todo sale bien, sus proyectos la devolverán al lugar que pronosticaban sus prometedores comienzos. Antes de colgar me recomienda entusiasmada un documental sobre Marlon Brando, Listen to Me Marlon. “Llegó un momento en el que actuar se convirtió para él en lo más autoindulgente del mundo. Pero, de repente, se dio cuenta de que la interpretación servía para algo y se reconcilió con la profesión. A mí me ha sucedido lo mismo. Perdí mi interés en el oficio y me concentré en la búsqueda de la justicia. Pero, al final, hacer películas puede ayudar a la gente”.

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