Mariah Carey salva la Navidad

Mientras en España el clima político se enrarece con la polémica sobre cómo salvar la Navidad, Santa Claus ha encontrado la solución perfecta: la única que puede hacerlo es Mariah Carey. Dicho y hecho. La diva, que vuelve a todas las casas del mundo por Navidad con ‘All I want for Christmas is you’, ha sido fichada por el señor del Polo Norte para protagonizar un especial lleno de elfos, juguetes y villancicos alegres, clásicos y pop, con los que insuflar de alegría a los espectadores que llegan agotados a este final de 2020.

Si padece usted diabetes, le auguro un chute de insulina; si lo suyo es el daltonismo, se va a perder en una vorágine de rojos y verdes, colores que combinan solo con blanco y dorado en una sucesión de números musicales diseñados en estampas típicas de estas fiestas, con mucha nieve, chimeneas encendidas, arbolitos decorados y todo lo necesario para montar un lujoso cliché viviente. Porque si menos es más, para Mariah Carey más es muy poco: ella lo quiere todo, así que no falta detalle.

El programa empieza como un cuento que habla de un mundo triste, con pocas ganas de celebrar las fiestas, porque atraviesa “una de las épocas más funestas de la historia”. Todo es tan oscuro que la gente ni ha encendido las luces de sus adornos, ni ha encendido las velas que normalmente guían a Santa Claus por todas las ciudades y pueblos. Bill, su elfo asistente, sigue el protocolo de emergencia y usa el teléfono rojo con el que Santa Claus llama a la ‘Diosa de la canapción’ (sic). Y desde ese momento, Una Navidad mágica con Mariah Carey se convierte en un espectáculo barroco y luminoso que juega con la ironía, la autoparodia y los guiños LGTBI.

Mariah nos enseña su apartamento en Nueva York luciendo un mono rojo que esconde la mejor faja que se ha diseñado jamás —dan ganas de pedirse una para Reyes Magos— y nos descubre que guarda su teléfono rojo —con funda de brilli brilli— en una caja de bombones de la que ha sido capaz de no comerse ni uno. Ja. Se monta en el trineo y viaja sin despeinarse hasta el Polo Norte. Allí decide que lo mejor para salvar la Navidad es organizar un concierto. Cuando Bill le pregunta si podrá hacerlo todo en un día, Mariah suelta, rotunda: “Cielo, si puedo grabar 15 discos, tener dos hijos, escribir mis memorias y hacer ejercicio con tacones, creo que puedo apañármelas para organizar un show”. Menuda es ella. Y lo único que necesita son cuatro máquinas de viento y sacar del armario tanta purpurina como para llenar una piscina olímpica. Mariah se ríe de sí misma sin mover un músculo, con bromas sobre su ‘divismo’: “Yo no sigo horarios. Para inspirarme solo necesito una taza de chocolate caliente —¿recuerdan que no come bombones?— y ver un capítulo de Snoopie”. O cuando se cuela en la fábrica de juguetes para hacerle un regalo a los elfos que tanto trabajan: “Si hay algo mejor que escuchar a una diva, es escuchar a tres”, la excusa ideal para presentar a Jennifer Hudson y a Ariadna Grande en el estreno mundial de Oh, Santa, un villancico pegadizo y comercial que amenaza con sonar a todas horas. Ellas son las primeras de una larga lista de invitados: Tiffany Haddish, Billy Eichner, Snoop Dogg, Misty Copeland, Mykal-Michelle Harris, Jermaine Dupri y los amigos de Charlie Brown, presentes en dibujos animados.

Luego, Mariah se viste de Elsa en homenaje a una versión de Frozen y se pierde en un bosque helado bajo la aurora boreal. Bill va a buscarla, manteniendo una conversación que merece ser destacada:

“- Mariah, es usted una mujer muy difícil de localizar.

– Se dice inalcanzable, cariño”.

Y así todo, hasta la traca final —literal— y la sobredosis navideña. Si tiene ganas de turrón y mazapán musicalizados, ya tiene plan para estas fiestas: Mariah se los sirve en una bandeja de oro con espumillón.

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