Los Reyes: la recepción más esperada y la más fugaz (7 minutos)

Estábamos en el salón del Trono del Palacio Real de Madrid. 12 octubre, Día de la Fiesta Nacional. El trono delante de nosotros me imponía y los cuatro leones del Real Alcázar que flanquean el trono también me imponían. Era el escenario de siempre. Sin embargo, este año me impresionaba más (es lo que yo llamo el efecto pandemia).
Los medios hablamos de los invitados a la recepción. Unos 200, nos dijeron. También hablamos de cuánto se demoraría el acto. Pues fueron exactamente siete minutos de saludos. Los Reyes hicieron su entrada a las 12:36 y eran las 12:43 cuando las puertas se cerraron. A mí se me pasó súper fugaz.

Este acto estaba muy, muy medido. Era un formato más pequeño que el habitual, pero la novedad absoluta de este año es que se celebrara. Después de un 2020 marcado por una pandemia y una crisis sanitaria descomunal. Después del año largo que la pandemia nos robó. Después de todo lo que el Covid nos quitó, lo más de lo más era la normalidad y que pudiéramos asistir a la recepción.
Ya lo avisaron: que sería una recepción sin corrillos, sin ágape y con mascarillas. Y así fue. La Reina escogió un look de estreno, como todos habíamos pronosticado. Yo había descartado el rojo español y el rosa maquillaje en sus vestidos, por ser colores recurrentes en los últimos años. Al final, se decantó por un azul celeste tan lavado, que según incidía la luz parecía un gris perla. Pero no, era azul. Lo vi cuando Doña Letizia hizo su entrada en el salón y se acercó a nosotros para saludarnos.

La recepción, por novedosa y por ser la primera en era post pandemia, estuvo marcada por la sobriedad y la rapidez. La novedad que yo destacaría: de los ministros y ministras del Gobierno de coalición, los que asistieron por primera vez y los que no asistieron. Abrió el besamos el presidente de Gobierno, Pedro Sánchez. Le seguían Meritxell Batet y Ander Gil, presidenta del Congreso y presidente del Senado, respectivamente.

El Rey se cambió de traje para este acto. En el desfile previo a la recepción llevaba el uniforme de Capitán General del Ejército de Tierra, el que tocaba por rotación. Era el octavo desfile del Día de la Fiesta Nacional que presidían los Reyes y el primero después de la pandemia.
Fue una parada especial porque implicaba el regreso a su emplazamiento natural, el eje Castellana de Madrid. Se retomaba este año una celebración de mayor tamaño, comparada con la escueta parada militar de 2020, debido a las restricciones sanitarias del coronavirus.
Este desfile nos dejó una imagen inusual y atípica. La foto de la Familia Real presidiendo el acto militar, sin la presencia de la Princesa de Asturias, que se encuentra en Gales, donde estudia Bachillerato Internacional. La infanta Sofía iba junto a su madre. La hija pequeña de los Reyes escogió un vestido romántico en color blanco roto con ribetes negros de Claudie Pierlot, con unas bailarinas con cordones. Iba ideal.

Fuente: Leer Artículo Completo