Los grandes males de Felipe de Edimburgo: un corazón inestable y el paso de los años

Una de las últimas imágenes oficinales del duque de Edimburgo fue publicada hace cuatro meses. Poco tiempo antes de recibir la primera vacuna del COVID-19, posaba junto a su esposa, la reina Isabel II, en el Oak Room del castillo de Windsor, conmemorando el 73 aniversario de sus nupcias. A pesar de los marcados signos de la edad, el príncipe demostraba un aspecto saludable y un porte inmejorable para su edad; propio del reconocido como el hombre más elegante de la historia.

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Fue al cruzar la barrera del 2021 cuando la salud del monarca comenzó a quebrarse seriamente, preocupando mucho a su familia y al pueblo británico. El Palacio de Buckingham anunció el pasado 16 de febrero que a sus 99 años, había tenido que ser hospitalizado “por precaución” con motivo de una infección que nada tenía que ver con el virus de la pandemia. “Se sentía mal”, explicaron. Tras pasar 13 largas noches en el Hospital King Edward VII, “con muy buen ánimo”, según la fuente oficial, fue trasladado al Hospital St Bartholomew –el hospital más antiguo de Inglaterra, favorito del rey Enrique I y especializado en enfermades cardíacas y oncológicas– para seguir mirando con lupa “sus afecciones coronarias preexistentes”.

Lejos de ser un hombre enfermizo, el hijo de Andrés de Grecia y Dinamarca tuvo una salud de hierro durante su juventud, solo obstaculizada por algunos problemas en sus articulaciones relacionadas con su deporte favorito: el polo. Esta afición que también comparte con su hijo Carlos de Inglaterra, le valieron la fractura de un hueso en el tobillo en el año 1961, un serio corte en el brazo para el que necesitó puntos en 1963 y un desgarre de ligamentos al caerse del caballo dos años después. También un malestar en la muñeca, que en su momento se relacionó con su constancia deportiva, pero que enmascaraba una artritis severa.

Hasta entonces no había pisado un hospital más que para estos pequeños contratiempos. Cuando él o uno de sus hijos enfermaban, ya fuera de un resfriado o de la varicela, lo protocolario era aislarse (y tratarse) en el palacio para no contagiar a la reina ya que, según las memorias de lady Anne Glenconner, dama de compañía, “al no haber ido al colegio, tenía más riesgos de enfermar gravamente que cualquier otro miembro de la familia”.

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A finales de la década de los 60, Felipe de Edimburgo aumentó la frecuencia en su visita a los centros de salud. Primero, para operarse de un quiste en la mencionada muñeca –que luego tuvo que volver a tratar con una operación del túnel carpiano. Después, a finales de los 80, por culpa de una hernia y en 1996, por un bulto beningno en la nariz. El cenit llegó a sus 90 años: operaciones de cadera, infecciones de vejiga reincidentes, un accidente de coche y su punto débil, el corazón. Una dolencia que mantuvo oculta durante 15 años y que fue desvelada por el medio británico Evening Standard cuando, con 86 años, se filtró que el príncipe sufría fuertes dolores en el pecho. Cuatro años después, fue traslado de urgencia al hospital en helicóptero desde Sandringham para someterse a un procedimiento de stent coronario por culpa de una arteria bloqueada.

Felipe Mountbatten se ha negado durante mucho tiempo a disminuir su agenda real. Pero la pandemia y los últimos acontecimientos en su familia –la acusación del violación de su hijo, el príncipe Andrés, y la renuncia de Harry y Meghan a sus derechos dinásticos– pueden haber agravado su condición. También la preocupación en torno a su círculo de amistades. Además de perder a algunos amigos a manos del coronavirus, su más íntimo aliado y expaje real, al que veía a diario, moría el mismo día que él ingresó en el King Edward VIII. Eduardo de Wessex, cuarto hijo del monarca, hablaba para el programa True Royalty TV sobre el ánimo de su padre y su frustración por estar viviendo su estancia más larga en un hospital: “Es algo nos afecta a todos y solo puedes mirar el reloj y las paredes, que son muy interesantes". También ha afirmado que está respondiendo favorablemente al tratamiento y que podría recibir el alta a finales de semana. De momento, solo queda esperar.

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