La vida a contracorriente de Eulalia de Borbón, la infanta que quiso ser dueña de sí misma

La infanta Eulalia de Borbón y Borbón (y otras seis veces Borbón) ha pasado a la historia con los sobrenombres de "La infanta rebelde" y "La infanta republicana" por su carácter independiente, progresista y feminista. Más que una mujer adelantada a su tiempo fue una hija de su época, pero vino a nacer en la familia menos adecuada para desarrollar sus talentos. Dejó constancia de su opinión sobre casi todo lo que atañía a la corte española en un rosario de libros. El más controvertido es A lo largo de mi vida, que publicó en París el 4 de diciembre de 1911 oculta tras el seudónimo de la Condesa de Ávila. La primera reacción de su sobrino Alfonso XIII al enterarse de la existencia de la obra fue prohibir su difusión en España, aunque no pudo evitar que se convirtiese en un éxito de ventas gracias al mercado ilegal. Ninguna casa-palacio de Madrid ni ningún ministerio se quedaron sin su copia.

La infanta Eulalia Francisca de Asís Margarita Roberta Isabel Francisca de Paula Cristina María de la Piedad fue la última hija de la reina Isabel II. Nació en el palacio real de Madrid el 12 de febrero de 1864 y recibió una educación mucho más liberal que el resto de sus hermanas porque se crio en el exilio parisino de la familia real tras la revolución de la Gloriosa de 1868. Incluso asistió al colegio del Sagrado Corazón cuando la mayoría de niñas de su posición se instruían en casa. En 1876 cambió la capital del Sena por la del Manzanares. Hacía dos años que su hermano Alfonso había sido proclamado rey. En 1885 se casó con su primo Antonio de Orleans y Borbón para cumplir con la promesa que le había hecho a su hermano Alfonso XII antes de morir el año anterior, según unos, y obligada por razones de Estado según otros.

La ceremonia de esponsales fue, en palabras de la novia, “oscura, como un presentimiento”. No le falló la intuición; el matrimonio resultó un completo desastre desde el principio. Pese a las desavenencias tuvieron dos hijos, Alfonso y Luis, y una niña, Roberta, que nació muerta. Cansada de guardar las formas decidió divorciarse de aquel marido que le había tocado en suerte cuya única afición era despilfarrar en tabernas y mancebías. La familia real –encabezada por su sobrino Alfonso XIII, su cuñada la reina-madre María Cristina y su hermana Isabel La chata– le exigió una separación disimulada como la que habían llevado a cabo sus padres. La infanta Eulalia quería ser dueña de sí misma y no se prestaba a seguir compartiendo fortuna con Antonio. El 31 de mayo de 1900 se divorciaron.

“Algún día el pueblo sacudirá las coronas y liberándose nos libertará a nosotras”, es la frase más famosa y que probablemente mejor resuma A lo largo de mi vida. Se entiende el rebote del sobrino-rey y también que se refiriese a ella desde entonces como la infanta republicana. En el libro doña Eulalia tampoco oculta que no es hija de su padre, Francisco de Asís de Borbón, como tampoco lo eran sus hermanos porque a su progenitor oficial sólo le gustaban los hombres. El consorte no tuvo reparos en reconocer como suya a toda la descendencia de Isabel II a cambio de una cuantiosa bonificación.

Doña Eulalia afirmó en una entrevista concedida a mediados del siglo XX que era hija de un militar. “Yo creo, y me gusta creerlo, que soy hija de un hermoso capitán de la escolta real”, fueron sus palabras. Lo cierto es que su padre biológico era Miguel Tenorio de Castilla, el secretario de su madre Isabel II con el que la reina mantuvo una relación de seis años. En ésta su ópera prima defiende el divorcio, la independencia de la mujer, el acceso a la educación y la cultura. Todo regado con un nutrido número de chismes sobre la familia real y sus personajes satélite. El libro era una venganza contra toda su familia, en especial, contra su sobrino por haberle concedido el título de vizcondesa de Termens a Carmen Giménez Flores, una de las amantes de su marido, hija de una criada y un zapatero a la que Antonio de Orleans quería presentar de su brazo como una dama de alta cuna.

La infanta dejó de publicar cuando su sobrino Alfono XIII le pidió al Gobierno que le retirasen las 150.000 pesetas que cobraba de asignación. Doña Eulalia, ante la amenaza, pidió perdón mediante una carta pública en la que decía: “cualquier castigo que tú me inflijas lo juzgaré merecido y si hago pública mi sumisión hacia ti es porque quiero que toda España conozca mis sentimientos hacia mi rey como hacia mi patria. Espero que llegue el día en que pueda pedirte perdón de palabra y decirte que sigo siendo siempre la tía que te quiere tanto”.

Perdió la vocación literaria hasta 1915, año en el que publicó La vida en la corte desde dentro. Una década después salió al mercado Cortes y países tras la guerra, en 1930 Memorias y en 1944 Cartas a Isabel II, una pieza que recoge las misivas intercambiadas entre ella y su madre durante su viaje oficial a Cuba y Estados Unidos en 1893, en sus cartas doña Eulalia defiende los intereses de los revolucionarios cubanos frente a los coloniales españoles. Pese a toda su prosa progresista la infanta no dudó en ignorar a su hijo Luis por reconocer su homosexualidad públicamente o en apoyar a Francisco Franco durante la Guerra Civil. Desde 1939 vivió en Irún, donde el gobierno de la dictadura puso a su disposición un coche con chófer hasta el día de su muerte, el 12 de febrero de 1958. En su última obra publicada, Para la mujer (1946), recoge sus ideas feministas. No cabe duda de que a doña Eulalia le gustaba nadar a contracorriente.

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