La isla de las tentaciones 3 lo deja claro: Lola llorando por su perro y no por su novio Diego es la prueba de desamor definitiva

Llegó el segundo programa de La isla de las tentaciones 3 a la noche de Telecinco con tres alarmas (¡tres!) sonando en la casa de los chicos y la primera hoguera para ellos. Pasó de todo, por supuesto hubo tonteo, confesiones de amor de Hugo, vimos a Jesús (por fin) caerse yendo del guindo de Marina, pero lo más fascinante de contemplar fue asistir a la evolución de Lola viviendo un calvario porque su feeling con Simone es más que evidente y ese feeling le puede costar lo más importante de su relación con Diego: su perro.

Solo con pensar en la custodia compartida del can, la muchacha se deshacía en lágrimas nivel Soraya llorando por los árboles del patio trasero de su casa en plena nevada. Y es que la pobre desde que llegó a la playa parece el retrato psicológico perfecto de una persona que ya no está enamorada de su pareja.

Dicen los manuales de psicología que nuestro corazón nos indica mediante sutiles señales que ya no estamos enamorados. Entre esas señales se encuentra la falta de proyectos en común, la comunicación sustituida por las peleas y los reproches, la cara de aburrimiento que se te pone al verle, el fantasear con otras personas,.. Y no, por mucho que Lola persiga a Diego y en secreto le robe el móvil para espiarle y le monte escenitas de celos, esos celos tampoco son amor. Los celos nunca son una demostración de afecto, sino de control e inseguridad.

Por si Diego no ha sabido ver ninguna de estas señales en el tonteo de Lola con Simone retransmitido en la hoguera, en la pelotera que le montó cuando apareció Alba o en la cara de mala leche y hastío que le puso durante todo el primer programa, aquí llegó el segundo para dejarle las cosas claras: Lola confesando a sus compañeras que, de alguna manera, si no ha dejado ya a Diego es porque teme que éste, en un acto de venganza, le quite a Horus, su perro. Porque hombres hay muchos, pero perros como Horus solo uno. “El perro me condiciona mucho para tomar una decisión”, llegó a decir. Al final no hacía falta que fueran hasta una playa del Caribe para aclarar su relación: el dueño del corazón de Lola está esperándola en casa.

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