La fascinante historia detrás de la tiara Vladimir, una de las favoritas de Isabel II

Desde la Corona Imperial del Estado que usa para la apertura del parlamento, hasta las numerosas diademas que ha prestado a las novias royals, la reina Isabel II tiene una impresionante colección de tiaras. Sin embargo, hay una que se considera su preferida, una pieza a la que recurre una y otra vez: la tiara Vladimir.

Sacada de Rusia de contrabando después del asesinato del zar Nicolás II y su familia, tiene una fascinante historia, una que podría ser fácilmente la trama de una novela. Perteneció a la glamurosa gran duquesa Vladimir, la esposa del tío del zar, el gran duque Alexandrovich de Rusia. La gran duquesa Vladimir vivió entre 1854 y 1920, y fue la última Romanov en escapar de Rusia.

Fue conocida por su impresionante colección de joyas –la llamaron "la más grande de las grandes duquesas"–, así como por su enemistad con su cuñada, la emperatriz María Feodorovna. La tiara fue hecha para la gran duquesa por los joyeros de la corte de Bolin. Cuando el zar fue obligado a abdicar en favor del nuevo gobierno comunista de Lenin en 1917 , ella se escondió con sus hijos en Cáucaso, con la esperanza de que un golpe de estado les ayudara a ganar control sobre el país.

Sin embargo, sus joyas lograron escapar antes que ella. El amigo de la familia, Albert Stopford, un británico comerciante de antigüedades y arte, especializado en Fabergé y Cartier, fue capaz de recuperar las 224 joyas que se encontraban en la caja fuerte del palacio de la duquesa, y llevarlas consigo de regreso a Inglaterra. La tiara Vladimir se encontraba entre estas joyas.

Después de su muerte en 1920, las joyas de la duquesa se vendieron para mantener a sus hijos, y muchos miembros de la realeza europea compraron piezas. La reina Mary, la abuela de la reina, compró la tiara Vladimir, mientras que la reina María, reina consorte de Rumanía compró la tiara de zafiro estilo kokoshnik de Cartier, y Nancy Leeds, más tarde princesa Cristóbal de Grecia, un par de rubíes.

La tiara Vladimir se dañó durante el viaje y la reina Mary decidió que la reparara Garrard; le añade 15 de sus esmeraldas, además de un mecanismo para cambiar fácilmente de esmeraldas a perlas. En 1988, la reina Isabel II la volvió a reparar, y esta vez modernizó el marco.

Eventualmente, pasó de Mary a su nieta, quien la usa frecuentemente. De hecho, se cree que es su pieza favorita debido al gran número de ocasiones en que la ha usado, incluso durante su viaje a Nueva Zelanda en 1963.

En 2018, se especuló que la duquesa de Sussex quería portar la tiara Vladimir, pero le fue negada por la nieta de la reina, la princesa Eugenia, quién también se casaría ese año.De todas formas, cuando Eugenia eligió la tiara Greville Emerald Kokoshnik, esos rumores resultaron ser falsos.

Artículo publicado originalmente en Tatler y traducido por Manuela Salazar. Acceda al original aquí.

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