La desconocida vida de Casper, el hijo mayor de Claudia Schiffer, en la campiña inglesa a sus 18 años

Los noventa fueron los años de las supermodelos. Linda Evangelista, Naomi Campbell o Elle MacPherson se convirtieron en las mujeres más admiradas del planeta. Junto a ellas estaba Claudia Schiffer, una joven alemana de gran timidez, cuarta hija de un abogado y una ama de casa, descubierta por un agente en un bar de Düsseldorf. Fue una de las top models más famosas de todos los tiempos, pero ahora, ya cumplidos los 50, Claudia asegura que no volvería atrás y que esa vida de ‘estrella del rock’ no la cambia por la tranquilidad que hoy tiene junto a su marido y sus tres hijos.

Precisamente, este 30 de enero, el primogénito de Schiffer y el director de cine británico Matthew Vaughn cumplía 18 años. “Mi pequeño Caspar se convierte oficialmente en un hombre hoy”, escribía la modelo para felicitar a su hijo junto a una foto de una portada de la revista Vogue en la que aparecía con su bebé en brazos pocos meses después de su nacimiento en 2003. Caspar Matthew vino al mundo en Londres, lugar de residencia del matrimonio desde antes de pasar por el altar y la pareja sorprendía al anunciar que el niño llevaría el apellido De Vere Drummond, el del verdadero padre del marido de Schiffer que hasta un año antes creía ser hijo del actor Robert Vaughn, pero descubrió que su verdadero progenitor era el aristócrata George De Vere Drummond, ahijado de Jorge VI.

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Tal vez por una timidez que ella reconoce o por no sentirse identificada con esa estela de superestrella que tuvieron las modelos de su época, Claudia siempre quiso disfrutar de su familia y mantener a sus hijos alejados del foco mediático. Tras la llegada de Casper dos años después nació Clementine y más adelante venía al mundo la pequeña Cosima, en mayo de 2010. Aunque pasaron los primeros años en una vivienda de lujo en Notting Hill, donde cada mañana Claudia llevaba a sus hijos al colegio, la pareja pasaba algunas temporadas en una casa en la campiña inglesa que poco después se convertiría en su hogar definitivo.

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Una mansión del siglo XVI

Allí vive toda la familia desde entonces. Se trata de una mansión de estilo Tudor de 14 habitaciones en la zona de Oxfordshire, al sur de Inglaterra, donde residen junto a varios perros, un par de gatos, un cerdito y una tortuga que Matthew regaló a Claudia pocos días después de su primera cita a ciegas. La casa data del año 1574, sirvió como alojamiento para el clero católico y fue construida en forma de H en honor al rey Henry VIII. Cuando la compraron, pagaron por ella unos ocho millones de euros. En esta casa además, Claudia y Matthew celebraron su boda en mayo de 2002, pocos meses antes del nacimiento de su primer hijo y ante unos 120 invitados. La pareja se había conocido en 2001 en una cita a ciegas y comenzaron siendo buenos amigos. Ella había roto unos meses antes con el también británico Tim Jefferies.

Él la sorprendió días después regalándole una tortuga, algo que ella siempre había deseado, y parece que ahí fue donde ella se dio cuenta de que sería el hombre de su vida. Vaughn ya era entonces uno de los productores más famosos de la industria del cine y había producido cintas tan exitosas como Lock and Stock y Snatch. Comenzaron a vivir juntos en la casa de él en el exclusivo barrio londinense de Notting Hill y apenas un año después decidieron pasar por el altar.

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El ‘sí, quiero’ lo dieron en la iglesia de San Jorge en Shimpling (en Suffolk) y el condado se blindó a cal y canto para mantener la privacidad de la pareja. La modelo lució un diseño de su amigo Valentino con una larguísima cola de cinco metros. Entre los invitados al enlace estuvieron desde Madonna y su entonces marido Guy Ritchie, Sting y su mujer, Elton John, Brad Pitt y Jennifer Aniston (que en aquel momento eran pareja), el extenista Boris Becker o la modelo y amiga íntima de Claudia, Naomi Campbell. Todos disfrutaron de un gran banquete que incluyó una tarta de nueve pisos y de una fiesta posterior inspirada en los años ochenta.

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Vacaciones en Mallorca y vida en el campo

Con el nacimiento de Casper, Claudia decidió que su vida tenía que cambiar. Acostumbrada a viajar prácticamente a diario y a dormir fuera de casa varios meses al año, la modelo decidió que era el momento de frenar y elegir al máximo sus trabajos para poder dedicar tiempo a su hijo recién nacido. La infancia de Casper y de sus dos hermanas transcurrió con absoluta normalidad y lejos de los flashes. Su madre les llevaba al colegio como a los demás niños y allí no había presencia de un solo fotógrafo para captarlo. Sus padres trataban de cenar cada noche con ellos para comentar cómo les había ido el día en el colegio y por las tardes jugaban al tenis o daban largos paseos con sus perros por el campo.

Los fines de semana, a la familia le gustaba cocinar platos típicamente ingleses y los niños tenían ‘permiso’ para jugar a la videoconsola. Además, crecieron rodeados de arte, una pasión que han heredado de sus padres, grandes coleccionistas y que cuentan con obras de Damien Hirst o David Hockney que decoran sus estancias. Para disfrutar de las vacaciones de verano, la familia solía pasar unos días en Mallorca, isla que la modelo visita desde que era una niña y a la que tiene un cariño muy especial. Allí, en Port D’Andratx, sus padres tenían una casita familiar y a finales de los años noventa, ella se construyó una mansión en el municipio de Camp de Mar que vendió en 2005 por unos 12 millones de euros a un empresario ruso.

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Su hermana, tras los pasos de Claudia

Ahora, Casper ha cumplido los 18 años y acaba de finalizar sus estudios de Secundaria. Se desconoce si su deseo es formarse en la universidad o si quiere seguir los pasos de sus padres en el mundo del espectáculo y los negocios. Ni siquiera hay fotos recientes de él y parece que su intención es seguir manteniendo ese perfil bajo. Su hermana Clementine, según ha contado Schiffer, podría continuar su carrera como modelo y ella misma se ha ofrecido a ayudarla consiguiéndole un buen agente cuando cumpla la mayoría de edad.

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