La batalla más difícil del príncipe Harry: evitar que su abuela le retire sus títulos militares

La victoria judicial del príncipe Harry contra los tabloides británicos ha demostrado hasta qué punto está el príncipe dispuesto a pelear por sus lazos militares. Pero ese juicio fue solo la antesala de lo que le espera ahora: un enfrentamiento contra su abuela, la reina Isabel II, para poder seguir ostentando sus honores militares, las gracias concedidas por la Corona, ajenas a sus logros como militar en activo pero que Harry lucía con orgullo. El acuerdo del Megxit, la salida del príncipe y de Meghan Markle como miembros activos de la familia real, incluía una revisión de esos honores pasado un año, el próximo mes de marzo. Y el príncipe quiere pelear para conservarlos.

Son tres títulos en concreto: capitán general de los Royal Marines, comandante honorífico de la RAF, y comodoro jefe de la Marina. Y, ahora que se acerca la revisión, Harry está usando todo su poder mediático para presionar a la familia: tanto el Telegraphcomo el Times, periódicos conservadores y monárquicos, citan a amistades y fuentes cercanas a Harry en dos publicaciones casi simultáneas. En las que señalan que el príncipe está "desesperado" por conservar de alguna manera los títulos.

En su momento, ya fueron el mayor punto de conflicto entre el hijo de Diana de Gales y el resto de la familia Windsor. Harry, cuya trayectoria errática tras la muerte de su madre empezó a cambiar cuando descubrió el poder de la camaradería militar, centró gran parte de su actividad como royal –antes y después de Meghan– en trabajar a favor de militares y veteranos. Los Juegos Invictus, que han tenido que aplazarse por segundo año consecutivo, son la mejor prueba de ello. Y fue lo único que le pidió a su abuela cuando quiso dejar la primera línea de ser un royal: conservar esa labor.

La frialdad de Buckingham y la mudanza a América dejó a Harry sin rumbo y desorientado durante unos meses, dolido con los royals y frustrado por no contar con la estructura que le daba su trabajo pro militar. La millonada con la que Netflix ha bañado a los duques de Sussex alivió un poco ese dolor y frustración, pero la batalla sigue. Aunque no parece que la reina vaya a dar su brazo a torcer: ya dejó claro hace un año que no iba a permitir un royal a tiempo parcial, y desde Buckingham ya señalan que dos de los cargos tendrían sustituto en breve. Para el de capitán general de los marines, un título que Felipe de Edimburgo cedió a su nieto en 2017, se baraja el nombre de la princesa Ana, de 70 años. Mientras que para el de comandante honorífico de la RAF los propios militares están pidiendo que, si Harry no sigue, sea al menos su hermano Guillermo el que ostente el título, ya que al menos sirvió en la fuerza aérea.

El tercer título, el de comodoro en jefe, en realidad le da igual a todo el mundo, puesto que no ostenta rango real en la Marina ni tiene tradición alguna. Y la Corona lo reparte con alegría: Camilla de Cornualles tiene uno de esos, que se concedieron por primera vez en 2006, y ni siquiera cuentan con uniforme propio.

Harry, por su parte, sí puede seguir utilizando su título (y el uniforme para las ocasiones especiales, el mismo que lució en su boda) de capitán de los Royal & Blues, con los que sirvió en Afganistán y hasta participó en operaciones de combate contra los taliban como artillero de helicóperto Apache. Pero la inflexibilidad de la reina en el asunto de los patronazgos militares podría terminar de alejar para siempre al príncipe de sus parientes londinenses.

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