India Oxenberg, la hija de la estrella de Dinastía que acabó en una secta

Pocas veces la realidad supera a la ficción con un giro argumental como el que ha vivido India Oxenberg. Solo los guionistas de Dinastía, aquella saga de ricos petroleros que en los 80 nos enganchó con las peleas y cardados de Krystle y Alexis Carrington, y en la que los líos familiares se enredaban hasta el infinito, lo hubieran conseguido. En Dinastía, encarnando a Amanda Carrington, se hizo famosa Chatherine Oxenberg, hija de la princesa Isabel de Yugoslavia. La actriz estaba en lo más alto cuando nació su hija India, en 1991.

¿Quién es?:

  • India Riven Oxenberg es hija de la actriz Catherine Oxenberg y de William Weitz Shaffer, que fue condenado por tráfico de drogas en los 90. Su abuela materna, la princesa Isabel de Yugoslavia, de 84 años, es prima segunda de la reina Sofía y de Carlos de Inglaterra.
  • Secta de esclavas. India estuvo siete años en Nxivm. Su líder, Keith Raniere, ha sido condenado por reclutar a mujeres como esclavas sexuales con la ayuda de la actriz Allison Mack.
  • ¿Por qué nos inspira? Porque tras dos años de silencio, se ha atrevido a contar su experiencia en un documental, Seduced, recién estrenado en Estados Unidos.

El primer golpe llegó pronto, cuando el padre de la pequeña fue condenado por narcotráfico. Ella creció con el segundo marido de su madre, el actor Casper Van Dien, y sus dos hermanos. Juntos hicieron en 2005 el reality Me casé con una princesa. India soñaba con ser actriz. Pero los sueños a veces se convierten en pesadillas. Con 19 años, su madre la llevó a un curso “de éxito para ejecutivos”, al que acudían actores famosos. Chatherine no volvió; India cayó en sus redes. La inseguridad, la dislexia o los problemas en los estudios quizá tuvieron la culpa.

Durante siete años, Nxivm fue un infierno para ella. Dejó de tener contacto con su familia y se convirtió en esclava del líder Keith Raniere (que puede ser condenado estos días a cadena perpetua). Fue violada, solo comía si se lo permitían y hasta la marcaron a fuego con las iniciales de Raniere. Su madre no dejó ni un minuto de reclamar su libertad. Ahora, tras dos años de silencio, India lo cuenta todo en un documental. “Sentí que era mi oportunidad de retomar mi historia y decir: ‘¡Aquí hay una persona! No solo una esclava sexual marcada. Hay un ser humano”.

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