Hubertus Von Hohenlohe: ‘”La vulgaridad nos está comiendo poco a poco”

Hubertus Von Hohenlohe es uno de los príncipes más comprometidos con el cambio climático que conozco. No sólo porque ha recibido una esmerada educación, sino porque es el heredero de Ira de Furstemberg y Alfonso de Hohenlohe, su padre, que puso a Marbella en el mapa internacional como el lugar de veraneo. Apasionado de la fotografía y de la música, ha crecido entre grandes artistas, de ahí que su último trabajo discográfico, ‘Yo no sé cantar flamenco’, surgió en su casa de Ronda, una noche en la que se encontraba con Farruco, Farruquito, Diego el Cigala y un grupo de flamencos.

¿Hay algún estilo que se le resista?

Desde pequeñito me gusta el pop, pero lo aparqué, hasta que hace unos años grabé varias canciones para un programa de televisión que hago en Alemania y en Austria en el que entrevisto a artistas de todos los ámbitos. Una noche, estando en mi casa de Ronda con Farruco, Farruquito y Diego el Cigala, mi prima María me pidió que cantase y, como lo que yo sé hacer es componer, compuse “Yo no sé cantar flamenco”.

Dio en el clavo porque tiene ritmo.

Ha sido un éxito, porque es muy pegadiza. Pensé que merecía la pena hacer un vídeo y, al final, la Fundación Alalá me dio la oportunidad de grabarlo en las 3.000 viviendas de Sevilla, delante del graffiti de Camarón de la Isla, el mejor cantante de flamenco que ha habido.

¿Es por lo que parte de la recaudación irá a esa Fundación?

Sí. Ha sido una experiencia maravillosa poder colaborar con ellos para que personas que no tienen posibilidades económicas puedan integrarse en la sociedad, a través de la cultura y el arte.

¿Qué le gusta reflejar en sus canciones?

Soy una persona que sabe contar historias sobre lo que ocurre hoy en día, y yo creo que tengo ese don para hacerlo, no sólo a través de la música, sino de la fotografía también.

¿Qué destacaría de este tiempo tan convulso que vivimos?

Estamos en una lucha muy fuerte entre mantener un cierto estilo y la vulgaridad, que nos está comiendo poco a poco. Es por lo que gente como yo, con olfato para lo bonito, tenemos la obligación de conservar y llevar al siglo XXI el legado de mi padre, que hizo de Marbella y del Hotel Marbella Club un lugar maravilloso.

¿Cree que lo conseguirá?

En lo que yo pueda, bien a través de mi arte, seguiré intentando que la gente pueda soñar con un mundo más bonito, sin empeorarlo por el afán de ganar dinero. Hay que evitar que esta sociedad siga destruyendo el planeta a marchas forzadas.

Tiene una difícil tarea por delante.

Sólo a través de la cultura, la lectura, el arte… se pueden cambiar las cosas. Creo que la cultura te hace mejor persona, te enseña valores. Los aristócratas han sido grandes mecenas, y eso lo hemos perdido, intentando vivir como todo el mundo, sin sentido, y eso me da pena.

Su padre hizo de un pueblo de pescadores un lugar único.

Me he dado cuenta de lo que hizo mi padre, aunque fuera el que menos ganó porque ese no era su objetivo. Por eso me duele tanto cuando veo que las cosas no van en esa dirección. Hay gente que no respeta lo que tanto le costó construir.

¿Es un soñador de imposibles?

Yo tengo la suerte de ser muy moderno, de no llorar por no tener un castillo en Alemania, pero eso no me impide preocuparme por no ser capaz de mantener el legado de mi padre. La suerte es que mi padre llegó a Marbella antes que Gil y Gil, porque de haber sido al revés, imagina lo que hubiera sido esta ciudad.

¿Vamos hacia una vulgarización generalizada?

Las mezclas están muy bien, lo que ocurre en Marbella es que se han construido edificios que deberían haberse derribado. Hay que recuperar el estilo, la arquitectura… porque las ciudades deben tener su propia identidad, y se puede y debe hacer. Por suerte, Marbella no es Miami.

¿Estas ideas, se las ha expuesto a algún político?

A la alcaldesa, porque me gustaría hacer un monumento a mi padre para que cuando la gente venga vea quién fue el artífice de que Marbella sea conocida mundialmente. También me gustaría organizar un torneo de pádel-tenis en su honor, porque el pádel se inventó aquí, en el Hotel Marbella Club.

Cuénteme esa historia.

Mi padre vio que en México se jugaba un tenis diferente y al volver lo dibujó y se lo dio a los chicos para que lo construyesen. Pero se equivocaron y, en vez de hacer una red normal en torno a la superficie, pusieron muros delante, detrás y al lado. Cuando mi padre lo vio, preguntó qué había pasado.

¿Y qué pasó?

Que yo le dije, “vamos a probar a jugar” y nos dimos cuenta de que no podíamosjugar solos, al ser tan grande había que hacerlo por parejas. Fue muy divertido porque participaron Luis Ortiz, Philippe Junot, Santana y Lataliste, que era el dueño de la discoteca Mau Mau y que, al verlo, se lo llevó a Argentina y fue la bomba.

¿No cobraron derechos de autor?

No. Ahora estoy haciendo una marca con unos italianos que se llama Príncipe Alfonso Pádel Club, donde vendemos cómo hacer los campos.

¿Marbella le debe un gran homenaje a su padre?

Pusieron su nombre al boulevard, pero la gente no lo ve. Me gustaría que un italiano que ha hecho unos grafittis gigantes de Maradona, Mandela y el Ché Guevara hiciera el suyo. Con los hijos de Ballesteros estamos haciendo uno en Pedreña.

¿Usted no descansa nunca?

De mi padre heredé la inquietud por hacer cosas, diseñar, vivir el momento. Él no planeó hacer esto en Marbella, surgió, y por eso creció tanto y tuvo tanta repercusión.

Su madre pasa el verano en Ronda.

Ahora está ahí, pero también pasa temporadas en Madrid, donde tiene una casa porque le gusta mucho España. Vive entre Londres, Roma y España.

¿Se considera ciudadano del mundo?

Por mi trabajo en Red Bull, he dado la vuelta al mundo 65 veces y he aprendido mucho, porque la cultura abre la mente, te ayuda a comprender que hay otros micro mundos. Hay tantas oportunidades, tantas maneras de abrirse nuevas puertas que, si no salen, no pasa nada. Esa forma de ver la vida me ha ayudado mucho.

Nació en México, vivió en España, y estudió en Austria.

Así es. Cuando mis padres se vinieron de México, viví diez años aquí en el hotel, con un profesor privado; después me enviaron a Austria, donde empecé mi carrera de esquí y musical. Austria me ha dado una base sólida, al contrario de lo que les ocurrió a algunos de los amigos que se quedaron en Marbella colgados de la droga, porque aquí todo resulta fácil.

¿Demasiadas fiestas?

Aquí es difícil centrarse en algo porque tienes todo tipo de tentaciones, en cambio en Viena, o en Suiza, la gente no es tan divertida: como tienen poco sol, viven más hacia el interior.

¿Dónde le gustaría echar raíces?

La mezcla de países, lenguas, es lo que me hizo ser tan ecléctico. Así como poder participar en los Juegos Olímpicos representando a México, sacar un disco, hacer una exposición aquí en Marbella con mis fotos, todo eso lo puedo hacer porque he aprendido a no tener miedo.

¿Ha pagado un precio al no estar centrado en algo concreto?

Sí, pero es un precio bonito de pagar. La diversidad es un lujo, pero me ha frenado de no tener más éxito en un solo campo. Pero no me arrepiento porque pocas personas pueden contar tantas anécdotas, experiencias o historias como yo. Pocos pueden presumir de haber estado con Bowie la noche que escribió una frase de la canción que después tituló “Héroes”, o cenando con el duque de Segorbe en Sevilla.

Ha conocido personajes irrepetibles.

Por aquí han pasado Liza Minnelli, Michael Jackson, Elizabeth Taylor, Gina Lollobrigida, de quien acabo de encontrar una foto que me sacó cuando tenía 7 años. Es una vida que te llena, aunque para tener tu propia vida tienes que esforzarte mucho.

¿Cómo ha conseguido tener una vida personal tan centrada?.

Vi que mis padres sufrieron mucho por la inestabilidad de sus matrimonios, por sus peleas, y yo busqué estabilidad, porque al final necesitas construir algo y tener valores importantes en la vida.

¿Cuál es el secreto de llevar tantos años con Simone, su mujer?

Llevamos 27 años, y la conocí en unos Juegos Olímpicos porque ella es una gran esquiadora como yo. Al no estar todo el día juntos, evitas el desgaste porque a veces las parejas se separan por tonterías.

¿De qué se siente más orgulloso?

De ser hijo de mi padre, del que todo el mundo habla bien. Incluso los que se han aprovechado de él se arrepienten, porque él trataba bien a todo el mundo.

¿Ser Hohenlohe le ha ayudado?

No me ha cerrado puertas, pero a veces ha dificultado que la gente creyera en mí. Creen que, porque tienes dinero y eres guapito, no necesitas más. En los circuitos de esquí era conocido como el Príncipe, pero si no gustas esa fama dura poco.

¿Y el Furstemberg?

No lo he usado mucho. Es una combinación muy aristocrática y buena. Mi hermano era más listo, utilizaba el Agnelli en Italia, el Furstemberg en Nueva York, y aquí el Hohenlohe. Según donde estuviera, cambiaba de nombre.

¿Qué supuso la muerte de su hermano?

Fue terrible porque es la persona con la que más tiempo he vivido. Pese a que no consiguió realizar todos sus sueños, su muerte nos ha dejado un vacío muy fuerte en toda la familia.

Hubertus Von Hohenlohe: su foto favorita

“Me encanta esta foto de Simona, mi mujer, porque parece mexicana y yo nací en México y la siento muy mía cuando parece mexicana”.

¿Quién es Hubertus Von Hohenlohe?

Nació en México el 2 de febrero de 1959. Hijo del Príncipe Alfonso de Hohenlohe y de la Princesa Ira de Furstemberg. Está casado con Simona Gandolfi. La pareja no tiene hijos.

Infancia: Con cuatro años se trasladó a vivir a Marbella con sus padres y su hermano Christoph (ya fallecido). Vivió 10 años en un hotel y estudió con un profesor particular. Además, tiene otras dos hermanas por parte de padre: Ariana y Desirée.

Estudios: Estuvo interno en los mejores colegios de Austria, y se convirtió en una estrella del esquí.

Hitos: Ha representado a México en todos los campeonato mundiales de su especialidad, y en los Juegos Olímpicos desde el 84 hasta los de 1992.

Trabajo: Además del esquí es un apasionado de la música clásica y del heavy metal, la fotografía y los negocios. Su último trabajo musical se titula “Yo no sé cantar flamenco”, un tema muy pegadizo que se puede escuchar en Gypsyprince.

Entrevista realizada en el Hotel Marbella Club. (Av. Bulevar Príncipe Alfonso de Hohenlohe, s/n, Marbella, Málaga)

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