Gianni Ferrari, el fotógrafo de los reyes: Doña Sofía era más tímida, pero Juan Carlos nos contaba hasta chistes sobre él

Antes de que una noche de 1973 Marlon Brando le rompiese la mandíbula y le arrancase cinco dientes al paparazzo Ron Galella, Mel Ferrer, marido de Audrey Hepburn, ya le había dejado el pómulo ensangrentado a Gianni Ferrari (Milán, 1934). Era 1964 y el fotógrafo italiano, residente en España desde hace más de medio siglo,se había enterado de que el actor se encontraba rodando en nuestro país y había alquilado junto a su esposa una casa en el barrio La Florida de la capital. Gianni fue hasta allí y se subió a un árbol para retratar a la pareja. “Cuando me vio, vino hacia mí, me dio un puñetazo y me quitó la cámara. Esa es la primera y última vez que he robado una foto”, me cuenta Ferrari en un perfecto español salpicado de un exótico acento desde su casa de Mirasierra, “el barrio más bonito de Madrid”.

Desde entonces, cada vez que salía en busca de una historia se acostumbró a pedir permiso antes de desenfundar su Rolleiflex. “Por eso no soy un paparazzo”, matiza. Gracias a su cortesía, Gianni consiguió que Isabelita Perón posara sin rechistar ante su objetivo en 1991 a pesar de que la abordó cuando tomaba el sol en bañador en Menorca. O que Claudia Cardinale, en 1968 —“cuando comenzó a ser conocida”—, decidiese regalarle una sesión en Granada tras recibir todos los días, durante una semana, un ramo de rosas del fotógrafo. Ferrari es inasequible al desaliento, además de uno de los fotoperiodistas más prestigiosos del siglo XX. Fue responsable de retratar en España los años dorados en los que las estrellas eran Sara Montiel o Carmen Sevilla. Hoy Gianni tiene 86 años y lleva retirado desde los 77. Entre sus hitos: el primer posado en bañador de Marisol a los 14 años o Franco jugando al golf un año antes de morir. Su archivo alberga cerca de 20.000 fotos.

Hijo de un matrimonio de profesores, se licenció en Derecho pero no ejerció: siempre tuvo alma de periodista. "Escribía artículos desde jóven para el Il Giorno de Milán. Me pidieron que hiciera fotos y así empecé. Nunca he estudiado fotografía, pero he sido intuitivo”, desvela. En la capital, montó junto con su hermana Mirella una empresa de reportajes que llamó Contifoto para la que trabajaron desde el fotógrafo César Lucas a un jovencísimo Paco Umbral. El primer tema que Gianni ejecutó fue una noche en la que la bailaora María Albaicín zapateó mientras Romano, el hijo del dictador Benito Mussolini, tocaba el piano. ¿El último? El nacimiento del primer nieto de Teresa Rabal. ¿El más caro? “No lo hice yo, pero nos pagaron 30 millones de pesetas [unos 180.000 euros] por la boda de Carolina de Mónaco”.

Desde 1978 hasta 1997 acompañó a los hoy reyes eméritos en 78 viajes oficiales. “Fui de los primeros en hacerles una sesión en la Zarzuela cuando nació la infanta Elena. Don Juan Carlos quedó tan contento que al poco me llamaron para que volviese”. Ferrari insiste en remarcar la amabilidad del monarca. “Doña Sofía era más tímida, pero el rey nos contaba incluso chistes que hacían sobre él”. Y añade: “Cuando pedí la nacionalidad, me dijo: ‘Ferrari, gracias por hacerte español”. Gianni se queda con los buenos momentos, pero también pasó aprietos. Como aquella noche de 1961 que lo retuvo la policía por perseguir a los reyes Fabiola y Balduino de Bélgica durante su luna de miel o el día que Raquel Welch prohibió que la fotografiase en el set. Tras el puñetazo, volvió a toparse con Audrey Hepburn comprando en Mantequerías Leonesas, el colmado más castizo de Madrid. En esa ocasión, sí le pidió permiso.


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