Diana Navarro: "Tuve una época en la que no me quería. Viví un drama personal"

Dice que está en una época muy feliz tras algún que otro bache que superó con su disco anterior. Se nota ese momento positivo en cada una de las 11 canciones de un disco que va a sorprender por su atrevimiento. Inesperado lo ha llamado y define el interior del noveno de sus álbumes en estos 15 años. “25 desde que cotizo a la Seguridad Social”. La espiritualidad y la influencia de su sobrino le han llevado a fusionar a Marifé de Triana con el trap más actual. “No para tener más seguidores, sino para que los jóvenes conozcan la música tradicional”. Una charla con Diana Navarro sobre música, técnicas de superación, cine y sobre el amor, “que no es lo mismo que el querer”.

Hoy Corazón ¿Qué es ‘Inesperado’?

Diana Navarro ‘Inesperado’ es mi nuevo disco y he decidido llamarlo así como una declaración de intenciones. No te esperas lo que vas a escuchar. Me sigue gustando la temática del amor en toda su extensión en cuanto a las letras y he creado ambientes muy dispares a nivel sonido. Me he inspirado en la música tradicional como la copla, la saeta, el flamenco o la zarzuela que son el punto de unión de este disco y he jugado mucho con los estilos. Por ejemplo, Encrucijada es el primer tema que doy a conocer y es una copla de Marifé de Triana en trap.

H.C. Alguien diría que cómo se te ocurre hacer esto.

D.N. Mira, es que mis sobrinos me tienen frita con las letras de la música trap. La música de este estilo es apasionante, pero las letras no me gustan nada. Hubo un día que imité a Marifé de Triana en Tu cara me suena (Antena 3) y ahí se me ocurrió la idea de fusionar su estilo con el trap. Empecé a rapear con las tímbricas de Marifé. Así se ideó. Quería hacer un trap poético y me pareció una gran opción que fuera de esta manera.

H.C. Habrá sido difícil al estar tan ajeno a tu estilo.

D.N. Ha sido interesante más que difícil. De hecho, aprendí en un campus de composición con muchos millenials para ponerme en su lugar y entender ese nuevo estilo. Me sorprendió que me dijeran que las letras no tienen mayor importancia en sus canciones. Para ellos es como un juego, da igual lo que digas. Y para mí, el poder de la palabra es muy importante. Quería conseguir también que esa generación conociera a Marifé.

H.C. ¿En quién te inspiras?

D.N. Principalmente en Beatriz Luengo y en la Mala Rodríguez. Necesitaba ser lo más veraz posible rapeando.

H.C. ¿Y Rosalía?

D.N. Me parece una gran artista aunque no la considero referencia. Lo que ella hace ya lo habían hecho Beatriz o la Mala anteriormente. Me parece una gran artista y se ha convertido en la diva de una generación además de un ejemplo de cómo internacionalizar a una artista. Tiene mucho talento.

H.C. ¿Qué te dicen en tu entorno sobre este cambio radical?

D.N. La suerte es que mi discográfica me da toda la libertad del mundo. Yo no soy solo intérprete sino que escribo mis temas y aquí tenía una deuda con mi sobrino (risas). Lo cierto es que llevo fusionando música tradicional desde que hice Sola, que es una media granaína con base pop que recuerda a Billie Jean de Michael Jackson.

H.C. ¿Esto se hace por llegar a un nuevo público?

D.N. No. Es verdad que me interesa que el público joven me escuche, pero también que la música tradicional no se pierda.

H.C. ¿Es el resto del disco igual?

D.N. Hay de todo. Alguna suena a pop británico, otra es más psicodélica, otra una tonadilla pop que podría haber cantado Katy Perry y también hay alguna seguidilla con base de palmas y percusión fantástica. Un homenaje a ‘El Lebrijano’.

H.C. ¿Hay límites en la fusión de estilos tan tradicionales como los que cantas? ¿Te atreverías con un reguetón?

D.N. Ninguno. En absoluto. Si yo veo que puedo aportar algo positivamente y tiene sentido, lo haría. ¿Reguetón? Si es con una buena letra, ¿por qué no?

H.C. ¿Te da miedo que tus seguidores no lo entiendan?

D.N. Están acostumbrados. Mis canciones son neocoplas. Yo les llamo neocoplas flamencas sinfoelectrónicas. Ese es mi estilo. Inspirarme en la raíz, pero hacerlas mías. Las podría cantar Marifé o Rocío Jurado, que fue de las primeras feministas de la copla. Quién podría decir si no “Hace tiempo que no siento nada al hacerlo contigo” con un escote hasta el ombligo (risas). Muchas veces llevo escotes en mis conciertos en homenaje a ella. En mi disco hay una canción que se llama Deseo comprenderte que es un complemento del Señora de Jurado. Si en su caso hablaba de la otra en una infidelidad, yo hablo de lo que la señora injuriada le cantaría a la tercera en discordia.

H.C. ¿Qué más canciones inesperadas encontraremos?

D.N. Pues están los votos de mi boda (risas). Tal cual. Cuando venga el amor es una intimidad que he querido compartir con mi público. Se me ocurrió que sería bonito cantar lo que canté en mi boda. Fue muy emocionante grabarlo después de Resiliencia, el disco anterior que fue más de crecimiento personal. Me casé conmigo misma. En este quería compartir un trocito de mi historia de amor con el que es mi marido desde hace año y medio.

H.C. Del amor también se escribe.

D.N. El desamor es una fuente, pero el amor también anima a crear. Si duele no es amor, es querer. Y el querer es posesión. Ahora vivo un momento maravilloso y se refleja en el disco.

“Todo me lo paso por la copla”

H.C. ¿Echas de menos que se cuiden más los clásicos y la música tradicional?

D.N. Los que la trabajamos la cuidamos. A mí me ayuda desde mi discográfica hasta medios como el tuyo. Sí lo echo de menos en programas musicales especializados. Parece que la copla es algo añejo. La copla o la zarzuela deberían ser Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad como el flamenco. Para mí lo son. Y añado que deberían dejar de asociarse, sobre todo la copla, a una época negra de nuestro país.

H.C. ¿Te da miedo que la copla acabe siendo una música residual?

D.N. No. Lo que noto en mis conciertos es lo contrario. Creo que hay muchos prejuicios. Si escuchas una copla bien cantada es como un área de ópera bien cantada.

H.C. ¿Te encuentras sola a veces en esto?

D.N. Soy muy positiva y me gratifica más la gente que viene a verme que la que podría haber venido. Valoro lo que me pasa. Es un milagro llevar 15 años y que la gente siga ahí. Mucho trabajo más que milagro (risa).

H.C. Tuviste una época complicada en la que te escuché decir que no te querías.

D.N. No me quería, sí. Un mal querer. Rodearme de gente que no me valoraba emocional ni profesionalmente me produjo un drama personal. La artista la tenía muy cuidada, pero la persona absolutamente desatendida. Ese mal querer me generó complejos físicos y emocionales. Si tú no te quieres y te rodea gente que se aprovecha de eso y lo fomenta, pues mal.

H.C. ¿Cómo se sale de ahí?

D.N. Inicié mi camino de crecimiento personal. Reiki, Terapia de psicología, Hemy-Sync, Eneagrama…

H.C. Necesito traducción.

D.N. (Risas) El Reiki es transmitir energía a través de las manos. Imposición de manos. Y el Hemi-Sync es la sincronización de los hemisferios para sanarte mediante una frecuencia. Como una hipnosis. Y el Eneagrama es una manera de conocerte a ti mismo. Conocer cómo es tu personalidad para no engañarte.

H.C. ¿Cómo llegas a estas prácticas tan originales?

D.N. Pues a través de mi psicoanalista. Le conté mi dolor existencial y él me recomendó hacer el Eneagrama. De ahí en adelante.

H.C. Volvemos a la música. ¿Qué escucha Diana Navarro?

D.N. ¡De todo! Desde Camarón a Beyoncé, Juanito Valderrama o Agnes Obel pasando por electrónica o tradicional finlandesa. Todo me lo paso por la copla (risas).

H.C. ¿Cómo va tu relación con el cine?

D.N. Pues hice un Máster de Interpretación y después participé en Yocasta un mediometraje en inglés. También en Las Pesadillas, de Alberto Soto, en Padre no hay más que uno con Santiago Segura y sigo formándome como actriz. Para mí una actriz es Concha Velasco o Lola Herrera. Ojala llegue ahí en unos años.

H.C. ¿Te sientes profesional del sector o eres la cantante que actúa?

D.N. Es un complemento a mi carrera desde el respeto. Me siento una artista multidisciplinar. Si salen oportunidades como actriz, quiero aprovecharlas.

H.C. ¿Qué te atrae más, cine o televisión?

D.N. Las dos. Y el teatro que, aunque no he hecho me encantaría. Quiero aprender muchas cosas.

H.C. Eres muy de formarte para todo.

D.N. Es que me parece fundamental. Meterte en un sitio sin saber no es correcto. Hay que ir preparado y luego ya el público decide. Me gustan muchas cosas. La cocina, por ejemplo. El arroz me sale muy bien. (Risas).

H.C. ¿Qué tal tu experiencia en televisión?

D.N. Fantástica. Me encantaría un programa musical en el que pudiera entrevistar a artistas y hacerles cantar copla.

H.C. ¿Algún programa que no harías?

D.N. No haría algo en lo que no pudiera aportar algo positivo. No me gusta ser el muerto en el entierro.

H.C. ¿Cómo se convence a un joven para que escuche y entienda la copla?

D.N. Que venga a un concierto mío (risas).

H.C. Estabas en las quinielas para Eurovisión ¿Habrías dicho sí?

D.N. Por supuesto. Pero con mi proyecto y con mi equipo. Si me ponen ellos una canción para el Festival, eso no. Yo voy con todas las consecuencias a representar a mi país. Blas Cantó es un acierto.

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