¿De verdad algunos hombres son babosos con las mujeres porque tienen complejo de inferioridad? (Kiko Rivera Pantoja sostiene que sí)

La verdad es que no nos esperábamos este tipo de revelación en un programa de televisión dedicado a los famosos y su ‘vida social’, por así llamarla. Pero está claro que el cambio que se está produciendo en la sociedad puede darle una sacudida al argumentario habitual de los programas de cotilleo, dedicados habitualmente a contar las amantes conocidas o desconocidas de ellos y los descalabros sentimentales de ellas. Difícil recordar en televisión otra estampa como esta: un famoso con fama de mujeriego y ligón que admite que no puede parar de seducir porque cuando le siguen la corriente le hacen sentir importante. Se llama Kiko Rivera Pantoja y así ha justificado sus infidelidades..

Esta admisión de vulnerabilidad e incluso falta de autoestima de Kiko Rivera puede convertirse en uno de los momentos televisivos más importantes del año, al menos en lo que a luchar contra el sexismo se refiere. Sin duda, mucho más relevante que los ensayos que se han publicado sobre cómo son o cómo deben ser los hombres este año. No solo porque es rarísimo que un hombre admita sus debilidades de esta manera, sino porque nos permite romper el estereotipo del ligón que solo se preocupa por acumular lances erótico-sexuales. ¿Y si esa voracidad es síntoma de algo más complejo?

El modelo es bien conocido. Estrellas globales han presumido de la cantidad de amantes que han pasado por su cama, de Julio Iglesias a Russell Brand (el ex de Katy Perry) pasando por clásicos como Mick Jagger, Warren Beatty o Jack Nicholson. Otros lo llevan con más discreción pero acumulan conquistas sin cesar, como Leonardo DiCaprio. Por eso, no es extraño que los jóvenes midan su éxito por la atención que logran de las chicas. ¿Qué ocurre cuando este déficit de educación emocional sigue manifestándose, incluso potenciado, en la edad adulta? Los psicólogos hablan de dos perfiles: los que sufren el síndrome de Don Juan y los que son, directamente, mujeriegos. En realidad, estamos ante dos grados de la misma realidad: personas con un ego frágil e inseguro que necesitan la conquista para reafirmarlo.

Tanto los ‘donjuanes’ como los mujeriegos necesitan conquistar, lograr que las mujeres sucumban o, al menos, les presten atención, para sentirse mejor. Pero si los mujeriegos necesitan afirmar su hombría ante los otros hombres, los donjuanes tienen que reafirmarla ante ellos mismos. El conflicto no se queda en la inseguridad de quien cree no alcanzar los estándares de lo que se considera “un hombre de verdad”, sino que es mucho más hondo. Tiene que ver con una insatisfacción profunda, con conflictos psicológicos más hondos que requieren tratamiento profesional. ¿Contará pronto Kiko Rivera que ha decidido ponerse en manos de un psicólogo?

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