Cuando la realidad supera a la ficción, así fue la historia de amor de Micheline Roquebrune y Sean Connery: veranos en Murcia, rumores de infidelidad y un matrimonio sin hijos

2020 se está convirtiendo en un año fatídico. Según ha informado la BBC esta mañana, Sean Connery, el mejor James Bond de la historia ha fallecido a los 90 años. El intérprete, además de ser el primer actor que dio vida al célebre agente, fue un Don Juan, de eso no hay duda. Pero hubo una mujer en los años setenta que le robó en corazón en Marruecos. Cuando es amor, parece que hasta el más mujeriego lo sabe: dicen los medios internacionales que la artista y el actor eran el ejemplo más fehaciente de ‘power couple’.

En su caso, aquello de ‘detrás de un gran hombre siempre hay una gran mujer’ se cumplía con creces (si no lo hace siempre). Juntos durante casi cinco décadas, Micheline Roquebrune fue la que llevó la carrera Connery en la sombra. Decisiones, castings, papeleo: ella era el motor detrás de las bambalinas.

Era la época del Hollywood más apabullante: fiestas, lujo, matrimonios de cuento de hadas que acababan en divorcios millonarios (y todo regado con champán). Sean se encontraba de vacaciones en Marruecos, tomando un descanso de su vida y de su pareja en aquel momento. Casablanca, un torneo de golf y un flechazo en el alma. El actor aún estaba casado con su primera mujer, Diane Cilento con la que tuvo un hijo, pero eso no le paró.

Según Roquebrune fue amor a primera vista: “La llave está en la puerta. Él, leyendo el periódico sobre la cama, desnudo. De un salto me lancé sobre la cama y desabroché mi cinturón de cuero tratando de golpearlo con él mientras le bailaba sensual. Él me agarró y me besó pasionalmente. Casi salvajemente. Animalmente”, así describía la pintora francesa el primer encuentro sexual que tuvo con el actor. Solo tardaron un día en darse su primero beso, menos de cinco en consumar su amor entre las sábanas del hotel.

Durante la semana que se conocieron, escondieron su ‘fling’. Por el día eran completos desconocidos, pero por la noche, la historia se tornaba en el argumento de una película: James Bond estaba viviendo la acción en primera persona. “Los cuatro días que siguieron a nuestro encuentro, continuamos jugando al golf como dos extraños y después nos reuníamos para hacer el amor como dos locos. La realidad es mejor que cualquier fantasía. Ningún hombre ha tenido ese efecto en mí”, explicaba Roquebrune en una entrevista.

Tras las vacaciones, nada. Mal acaba lo que rápido empieza: ambos volvieron a sus respectivas vidas, sus respectivos hogares y sí, sus respectivas parejas e hicieron como si nada. Pero la pasión no murió: tras dos años de lo que ahora sería un claro ‘ghosting’, 007 volvió a la escena después de divorciarse de su primera mujer, Diane en medio de una polémica mediática en la que ella le acusó de violencia de género, auqnue nunca se confirmó si las acusaciones fueron ciertas. La madre de su único hijo no pudo olvidar a Sean y tras cuarenta años de lucha y de entrevistas en los que le odió sin tapujos, la última vez que habó en 2011 con los medios antes de fallecer, aseguró que aún le quería.

Después de la separación del actor, Roquebrune recibió una invitación para tener un encuentro en Marbella. “Me dije a mí misma: ‘¿Quién se cree que soy?’. Pero una vez allí, él me miró y me dijo: ‘Te he echado de menos y no puedo parar de pensar en ti. No puedo olvidarte'”, así fue como comenzó su segundo y último capítulo amoroso.

Y aunque Connery ha sido uno de los hombres más sexys del mundo según People, nunca dejó a la artista que conocío en Marruecos. Se casaron, pero no tuvieron hijos: el actor se convirtió en el padre en funciones de los retoños de Micheline, Olivier, Micha y Stephane y así formaron una familia feliz en 1975 cuando se dieron el ‘sí quiero’. Pese a los rumores de infelidad por parte del actor (nombres como Raquel Welch, Brigitte Bardot, Ursula Andress, Jill St. John y Lana Wood ya habían sonado antes de que Sean se casara con Micheline), la pareja siempre se mantuvo fuerte. Al final del día, eran lo último que veían antes de irse a la cama y lo primero al levantarse: para ellos, el amor definitivo que ha aguantado hasta el final.

Dicen, que Roquebrune era la que manejaba los hilos en la oscuridad: artista y productora, nunca hizo ningún comentario sobre las supuestas infidelidades de su marido. Juntos, encontraron una vida estable y tranquila, alejada de las fiestas sin control de Hollywood y llena de aparaciones en las que demostraban su amor con miradas y gestos. En una de las últimas entrevistas que dio Sean, afirmó que era muy feliz tal y como estaba: “la jubilación es bastante divertida”, contestó cuando le preguntaron por qué no volvía a la gran pantalla. Y así fue como pasó sus últimos años: divirtiéndose en su casa de las Bahamas junto a Micheline, con la que ha cumplido en 2020 47 años de casado.

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