¿Cómo se educan los gemelos de Alberto y Charlène de Mónaco?

Los últimos abrazos y besos públicos que se han dado en un acto oficial nos lo han confirmado de nuevo: Jaime y Gabriela de Mónaco son los royals más monos que hay en el universo infantil de las monarquías europeas y le ponen muy difícil la competencia a otros miembros de su misma casa como Alexandra de Hannover. Los gemelos del príncipe Alberto II de Mónaco y Charlène, Jacques Honoré Rainier y Gabriella Thérèse Marie de Mónaco nacieron el 10 de diciembre de 2014 mediante una cesárea programada, con dos minutos de diferencia: primero la niña (a las 17.04 horas) y luego el niño (a las 17.06 horas).

A Jaime le fue concedido el título de Marqués de Beaux y a Gabriela el de condesa de Carladès. Poco después del nacimiento, su madre, la princesa Charlène, se sinceró sobre su reciente maternidad: “Me siento feliz, aliviada, orgullosa y muy emocionada”, confesó todavía desde la clínica en la que se recuperaba de la cesárea. “Me ha costado tiempo construir mi propia familia, pero hoy me siento bendecida”. Se sospecha que el embarazo de Charlène fue fruto de un tratamiento de fertilidad. Pero con elnacimiento de los herederos más monos, el trono de Mónaco estaba por fin asegurado.

Cómo se están educando los hijos de Charlène de Mónaco

Antes de su nacimiento, el príncipe Alberto ya explicó qué ocurriría en caso de nacer gemelos de distinto sexo: el heredero sería el niño, aunque naciera después de su hermana. En Mónaco rige una variante de la Ley Sálica, que impide que las mujeres accedan al trono, siempre que haya un heredero varón.

Algo más de un mes después de su nacimiento, los pequeños fueron presentados en sociedad haciendo su primera aparición en el balcón del Palacio de Mónaco. Desde ese momento hasta ahora, sus padres han mostrado tratar a ambos niños de forma parecida, si bien es cierto que Jaime de Mónaco ya posó con su padre, como heredero, en las últimas celebraciones del día Nacional justo antes de la pandemia. Desde muy pequeño ya tiene un papel preminente que se irá acentuando probablemente con el tiempo.

Los gemelos nacieron prematuros, pero totalmente sanos. Son dos niños vivarachos, con un evidente parecido a su padre en el caso de Gabriela y a su madre en el caso de Jaime. Desde muy pequeños han viajado por el mundo junto a su madre y han encandilado a los monegascos y a personajes como Brigitte Macron, la esposa del presidente francés Emmanuel Macron, que los conoció en la visita oficial del Príncipe Alberto y Charlène a Francia en noviembre de 2018.

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Pero criar gemelos no es nada fácil, ni siquiera en el seno de una familia principesca. En una entrevista concedida el año pasado a la revista sudafricana “Huisgenoot”, Charlène lo reconocía abiertamente, aunque tienen una niñera cada uno. “Es agotador, pero al mismo tiempo, me dan mucha fuerza”, comentaba. La princesa hacía hincapié en su voluntad de que los niños tengan una vida normal. “Vamos a ver cómo evolucionan, pero quiero que tengan su propia vida. Es difícil para mí creer que yo era tan solo tres años mayor de lo que ellos son ahora cuando empecé a entrenar para los Juegos Olímpicos. Nadaba 10 kilómetros al día con tan solo ocho años”.

Ambos niños son bilingües, porque su padre les habla tanto en francés como en inglés, y dan algunas clases extraescolares de natación y gimnasia. Van juntos a una exclusiva escuela situada cerca del puerto de Mónaco, llamada “La Petite École”, en la que la escolaridad cuesta 25.000 euros anuales por alumno, y donde se imparte una enseñanza de acuerdo con el método Montessori. Su filosofía, desarrollada a finales del siglo XIX por la educadora italiana María Montessori, promueve la independencia de los niños y apuesta porque aprendan gracias a sus experiencias.

La princesa publicó en su Instagram fotos de los dos pequeños vestidos con un polo blanco y unos pantalones vaqueros y cada uno con una cartera a la espalda –la de Gabriella, rosa– en su primer día de clase, hace tres años. Los mellizos cuentan, además, con dos profesores que les atienden de forma individual.

Tanto Gabriela como Jaime van muy contentos a la escuela, aunque no sabemos si reciben una educación diferente, dado que Jacques heredará un día el trono monegasco. Desde los cuatro años aprenden matemáticas, geografía, arte y una asignatura llamada “comprensión del mundo”. Los padres pueden escoger también clases extraescolares como yoga.

La escuela es sostenible, las sillas y las mesas están hechas con madera reciclada y el material que usan los niños es supervisado para evitar que sea tóxico y asegurar que respeta el medio ambiente. La alimentación es otro de los elementos que la distinguen: solo cocina orgánica y de proximidad. Tanto a Jacques como a Gabriella les encanta ir al colegio y se han adaptado bien.

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Otra cosa que les entusiasma son los viajes. Uno de los que más les gustó fue una visita a Sudáfrica, el país de origen de su madre, hace un par de años. Charlène compartió un vídeo en su Instagram de un safari familiar en el que los gemelos disfrutaron de los animales y de la impresionante naturaleza. También han felicitado la Navidad a los monegascos desde Laponia, junto a Papá Noel.

El pasado año, viajaron a Nueva York. También han acompañado en numerosas ocasiones a sus padres a diferentes actos, como cuando acudieron en julio de 2017 al Club Náutico para presenciar la ceremonia de salida del único barco equipado con un submarino. Y han asistido desde que tenían un año y medio a la celebración de la Fiesta Nacional de Mónaco, cada 19 de noviembre. Además son los protagonistas del tradicional picnic que se celebra en los jardines de palacio para anunciar el final del verano

Grandes viajeros, como su madre

Otra cosa que les entusiasma a ambios niños son los viajes. Uno de los que más les gustó fue una visita a Sudáfrica, el país de origen de su madre, hace un par de años. Charlène compartió un vídeo en su Instagram de un safari familiar en el que los gemelos disfrutaron de los animales y de la impresionante naturaleza.

También han felicitado la Navidad a los monegascos desde Laponia, junto a Papá Noel. El pasado año, viajaron a Nueva York y han acompañado en numerosas ocasiones a sus padres a diferentes actos, como cuando acudieron en julio de 2017 al Club Náutico para presenciar la ceremonia de salida del único barco equipado con un submarino. Y han asistido desde que tenían un año y medio a la celebración de la Fiesta Nacional de Mónaco, cada 19 de noviembre. Además son los protagonistas del tradicional picnic que se celebra en los jardines de palacio para anunciar el final del verano.

El príncipe Alberto concedió una entrevista junto a su esposa cuando tenían 12 meses, en la que mostró su orgullo como padre. Entonces contó que eran muy activos y adorables y reveló que los niños habían aprendido a nadar antes de andar, siguiendo el método de una profesora especial y, más tarde, con ayuda de su madre. Tanto a Alberto como a Charlène les encantaría que sus hijos fueran unos grandes deportistas. Alberto explicó al diario “Nice Matin” que ya jugaban al fútbol y al rugby con apenas un año.

Esta primavera fueron grabados jugando en el jardín de la villa familiar de Roc Agel construyendo una extraña cabaña para los huevos de Pascua, poco después de que el príncipe Alberto anunciara que ya estaba recuperado del coronavirus. Ayer mismo particparon en un acto por la protección de los océanos en la que se dieron abrazos y otras muestras de cariño que derritieron el corazón de los asistentes..

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Pero si hay algo que Charlène les ha inculcado desde muy pequeños, además del amor por la natación, es su afición por la moda. Así lo muestran desde la cazadora de Baby Dior de 2.500 euros que lució Gabriella, en uno de los actos oficiales en los que acompañó a sus padres, al anorak de Moncler, de 600, que suele llevar al colegio, o las gafas Rayban que tanto ella como su hermano han utilizado en numerosas ocasiones, y que no bajan de los 70 euros. En Mónaco el “glamour” se aprende desde la cuna.

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