Carmen Rigalt: «No hubiera aguantado una vida aburrida»

Carmen Rigalt, a quien conozco desde que comencé mi andadura profesional en el diario ‘Pueblo’, donde ella ya era una conocida periodista, es pese a su afilada pluma una persona que por su excesiva timidez puede parecer distante, aunque no lo sea. De ahí el interés de su último libro, ‘Noticia de mi vida’ (Editorial Planeta), en el que se abre como nunca antes lo había hecho. Quizá porque recordar alivia y reconforta, lo mismo que hacer un repaso sosegado de la infancia, de la familia, de las lágrimas vertidas, sensaciones que tenía escondidas y que ahora saca a la luz, comenzando por uno de los episodios más duros: el infarto que le dio la Nochevieja de 2019, poco antes de las Campanadas.

¿Qué ha sido lo más difícil de recordar, Carmen?
Hay muchas cosas que supongo que se me han olvidado, porque ya llevamos mucho en la mochila.

¿Qué pesan más, las ausencias o algunas presencias?
Las ausencias, y eso que yo no he sido muy apegada; ahora sí recuerdo a quienes se han muerto. Ya no voy a Barcelona porque ya no me queda nadie de mi familia ni de los amigos. Con los años te vas haciendo muy perezosa y dejas de ver a gente con la que has tenido mucha relación.

En Marbella te fogueaste como cronista social.
Recuerdo cuando llegué de Málaga a Marbella por primera vez. Un aterrizaje que tengo interiorizado, por la luz, por cómo era el pueblecito en aquellos años y que tanto me gustó. Era mi comienzo profesional.

¿Quiénes andaban entonces por allí?
Mi primera entrevista se la hice a la duquesa de Alba, curiosamente se acordaba más ella que yo, porque cuando me la encontraba siempre me decía: «Qué mal le caigo». Yo creo que se equivocaba porque con quien yo me metía mucho era con Jesús Aguirre, no con ella.

Qué personalidad la de Cayetana.
Era la primera vez que la veía, y me llamó la atención que durante la entrevista estuvo descalza, con los pies encima de la mesa. De lo que dijo no me acuerdo, pero sí de que me escribió una carta.

¿De agradecimiento?
No, no, decía textualmente: «Espero que haya cambiado de opinión sobre mí». La guardo porque era la primera carta que me escribía alguien tan conocido.

Una época que no volverá.
Fue muy enriquecedora profesionalmente. A la primera fiesta que fui con un compañero del ‘Sol de España’ fue a la casa de Bastiano Borghese, un anticuario millonario, que años después salió con Lucía Bosé. Me llamó la atención que la casa estaba junto al mar, podías meter los pies en el agua sin salir de la terraza.

Una Marbella que cambia con la llegada de Jesús Gil.
Marbella sufrió un gran deterioro por culpa de los políticos, de Gil y Gil, de Julián Muñoz… La última vez que vi a Alfonso de Hohenlohe me dio mucha pena porque me costó entender lo que decía, ya que hablaba con mucha dificultad. Había abandonado Marbella para refugiarse en Ronda, huyendo de los escándalos de los Roca, Muñoz, Pantoja…

Él puso Marbella en el mapa.
Sí, porque cuando llegó a Marbella era un pueblo de pescadores. Después se trajo a todos los príncipes centroeuropeos para que se comprasen casas y fincas allí, haciendo del Marbella Club el centro de la ‘jet set’ y de los grandes de Hollywood.

¿Cómo reaccionó Gil y Gil cuando le pusiste el mote de ‘Moby Gil’?
No lo llevaba nada bien. En una ocasión mandó que repartieran pasquines en Puerto Banús, con el membrete del Ayuntamiento, con graves insultos contra mí y contra Pedro J. Ramírez. Para Gil, el Ayuntamiento formaba parte de su patrimonio.

«A Mila la conocí un día que entrevisté a Manolo Santana»

¿Quién te sorprendió más?
La emperatriz Soraya, tan hermética, pues llegó poco después de que la hubiera repudiado el Sha por no darle hijos.

¿La muerte de Mila Ximénez pone fin a esos años locos?
A Mila la conocí un día que entrevisté a Manolo Santana, y días después, a ella. Era muy mona. Alba, su hija, tendría pocos meses, y nos reencontramos ya separada del tenista, saliendo con Pepe Sacristán. Me sorprendió que fuera a Marbella con él, donde seguía su ex. Era la época dorada de Antonio Arribas, ‘Loschoris’… del desmadre.

¿Viviste sus éxitos en ‘Sálvame’?
Tuvimos trato, pero no excesivo. He salido a cenar bastante con Mila, Lita Trujillo y Geles, una buena amiga. Nos gustaba descubrir restaurantes que con la pandemia han cerrado.

¿Cómo viviste el confinamiento?
Al principio estaba muy asustada mirando la tele a todas horas, hasta que un día oí que Estevill, médico experto en problemas del sueño, dijo que había que ver menos las noticias. Me lo tomé al pie de la letra y dejé de ver datos, estadísticas y hasta informativos.

¿Qué echaste en falta ese tiempo?
Nada, he estado muy bien porque vivo fuera de Madrid y no sonaba el teléfono. Ponerme a escribir no fue algo deliberado, pero me puse y salió este libro. No hay mal que por bien no venga.

¿Sientes añoranza de tus años en el diario ‘Pueblo’?
Siento añoranza, pero no hasta el punto de la que sienten José María García y Arturo Pérez-Reverte, que constantemente hablan de sus años en ese periódico. Sí recuerdo lo mal que hablaban, que hablábamos. Todos los tacos que sé los aprendí allí, de hombres y de mujeres.

¿Había machismo en las redacciones?
Algo sí, pero no mucho porque era lo normal: que te dijeran barbaridades nos parecía que iba en el sueldo. Éramos gentes muy diversas, unidas por la pasión del periodismo.

Me diste un consejo que he seguido al pie de la letra.
¿Sí? No lo recuerdo.

No te hagas amiga de los famosos.
En esta profesión lo fácil es hacer amistades, que te obsequian con viajes, regalos… y me di cuenta de la importancia que tenía para los colegas hacer amigos famosos. Yo no caí en esa trampa, y me propuse mantenerme indemne.

«Añoro el periodismo de calle»

En el libro dices que lloras mucho.
Es posible que me sirva de desahogo. Recuerdo un momento, en mi última etapa en ‘El Mundo’, que lloré mucho. Incluso cuando me ponía a escribir, lloraba sobre el teclado, en la calle, porque me pedían cosas imposibles. No sabía lo que me estaban preparando.

¿El despido del diario ‘El Mundo’ fue el motivo de una depresión?
Fue tan horrible que cogí una depresión. A mí, Rosell, el director, me despide en el Palace, en una conversación que duró unos minutos, y se fue corriendo sin decir ni adiós. Eso dice mucho del personaje y de cómo han cambiado las relaciones entre directivos y trabajadores. Llevaba 30 años allí, primero estuve en ‘Diario 16’ y después en ‘El Mundo’. A mí me ha ido muy bien con dos directores, Emilio Romero y Pedro J., dos grandes periodistas.

¿El poder emborracha?
No sé si emborracha o produce adicción. Ahora algunos directivos tienen alma, más que de periodistas, de empresarios. Pedro J., no. Él siempre estaba dando por culo en la redacción, trabajando codo con codo con los redactores; estos otros se encierran en sus despachos y no hablan con la gente.

¿Añoras el periodismo de calle?
Claro. Antes no había horarios, los periodistas estaban en la calle, en busca de noticias. En ‘Pueblo’ hubiéramos pagado por estar más horas, allí se pasaban la vida, unos ligando o intentando meterte mano. Teníamos una whiskería, una institución por la que pasaban folclóricas, escritores…

«Don Juan Carlos debería volver a España»

¿Recuerdas a Don Juan Carlos?
Sí, con nostalgia. En su biografía hay episodios que lamentar, pero el aprecio sigue intacto. El afecto hacia él no se quita de la noche a la mañana, pese a lo lamentable de lo que ha pasado.

¿Debe volver?
Claro que sí, pero ¿qué es esto de tenerlo allí, en Abu Dabi? Hay que buscar la fórmula para que venga y el momento de hacerlo. No tiene por qué vivir en Zarzuela, pero puede vivir en otro sitio, igual que hicieron los Condes de Barcelona, que después de años de no venir a España se instalaron en Madrid con total normalidad.

¿Le convendría al rey Felipe que viniera o sería un problema?
¿Por qué un problema si se hacen las cosas bien? El problema es que todo se ha hecho mal, incluso la salida. Podría estar aquí viviendo sin tenerle en exposición ni lanzar salvas en su honor, eso no, pero es mayor y puede estar aquí o donde le dé la gana.

¿Cómo iba a pensar que Corinna Larsen acabaría con su prestigio?
Yo me pregunto si él se da cuenta del daño que le ha causado o no. A veces pienso que no.

¿Cómo ves a Letizia como Reina?
Yo la he criticado mucho porque ha habido momentos que se lo merecía. Por ejemplo, no puedo dejar de pensar en la escena que protagonizó en la Catedral de Palma con las niñas y la reina Sofía. Sin embargo, creo que la pandemia le ha suavizado el carácter. El verla en menos actos le favorece.

¿Doña Sofía ha encontrado su sitio?
En sus inicios no me gustaba nada, ahora gana por comparación. Hay mucha gente que la quiere por su comportamiento durante los escándalos de Don Juan Carlos con Corinna.

Lo han pasado mal todos.
Es cierto. Me gustaría saber si a Elena la han rehabilitado, porque ha estado en un acto oficial y hacía tiempo que no iba a nada.

¿Qué te parecen los viajes de Felipe VI a Cataluña?
Los catalanes nunca han querido a los Borbones. Me parece bien que vaya, que le conozcan, y él a ellos.

-Jordana, tu nieta, ¿es tu heredera intelectual?
Jordana me pregunta cosas que no sé cómo responder. Por ejemplo: ¿A qué se dedica exactamente el sexólogo? Le dije que el sexo era como una cerradura, que hay llaves que encajan bien y otras no. No le convenció y me preguntó: ¿Quién es la cerradura y quién la llave?

Eso tiene fácil explicación.
Ya, pero lo que ella pretende es liarme.

¿Tienes más relación con ellos que la que tuviste con tus hijos?
Mi relación con Martín y Jordana es de placer, porque son más abiertos, me dicen que no me pueden querer más y, claro, yo me derrito. Jordana es muy presumida y alegre, y Martín muy cariñoso.

¿Te arrepientes de los excesos cometidos?
Nunca he creído en el arrepentimiento, no sirve para nada. Yo no hubiera aguantado una vida aburrida.

SU FOTO FAVORITA

«Esta foto con el rey Juan Carlos me recuerda a cuando todos éramos felices», nos cuenta la periodista y escritora.

¿QUIÉN ES CARMEN RIGALT?

Nació. En Barcelona y estudió Periodismo en la Universidad de Navarra.

Familia. Está casada con el también periodista Antonio Casado. La pareja tiene dos hijos: Antonio, diplomático, y Daniel, especialista en arqueología.

Inicios. Comenzó a trabajar en el diario ‘Sol de España’, en Málaga.

Éxito profesional. Ya en el diario ‘Pueblo’ coincidió con algunos de los periodistas más famosos de nuestro país: Fernando Ónega, Raúl del Pozo, José María García… Después colaboró en ‘Informaciones’, ‘El Periódico de Cataluña’, ‘Diario 16’ y la revista ‘Tiempo’, antes de integrarse en el equipo de ‘El Mundo’ que dirigía Pedro J. Ramírez.

Libros. Ha escrito varias novelas: ‘Mi corazón que baila con espigas’, con el que quedó finalista del Premio Planeta; ‘La mujer de agua’; ‘Diario de una adicta a casi todo’; y el último, ‘Noticia de mi vida’, de la editorial Planeta.

En la actualidad. Tras su salida del diario ‘El Mundo’, colabora en ‘El Español’, que dirige Pedro J. Ramírez.

Entrevista realizada en la casa madrileña de Carmen Rigalt.

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