Álvaro de Orleans-Borbón, el primo ‘de altos vuelos’ del rey Juan Carlos en el centro de su pago a Hacienda

En la relación entre Álvaro de Orleans-Borbón y el rey Juan Carlos se mezclan, como suele pasar con el Borbón, los negocios y la amistad: por un lado, Álvaro de Orleans-Borbón es un primo lejano del rey, del que se hizo amigo cuando le enseñó a usar Internet, y que al principio tenía más relación con la familia de la reina Sofía (su padre era primo de Pablo de Grecia, padre de Sofía; y su abuelo, padrino de la infanta Elena). Pero que acabó siendo íntimo del rey, hasta el punto de que Juan Carlos es el padrino de Eulalia, hija de Álvaro de Orleans-Borbón y Antonella, su segunda mujer.

Pero Álvaro de Orleans-Borbón, residente en Mónaco –aunque mantenga casi todos su negocios en Suiza– también creó la Fundación Zagatka en el paraíso fiscal de Liechtenstein en 2003. Una fundación creada "para ayudar a las casas reales" que, a lo largo de una década, habría regalado al rey Juan Carlos un mínimo de ocho millones de euros envuelos privados. Una generosidad alimentada por una cuenta suiza que ha llegado a manejar unos 14 millones de euros –actualmente son unos 10 millones– y en la que el propio rey figura como beneficiario directo en caso del fallecimiento del fundador. La cuenta la administraba Arturo Fasana, y en la fundación figuraba como director Dante Canonica, nombres bien conocidos por la Fiscalía suiza, que les ha llamado a declarar en estos días, por su supuesta condición de testaferros en los alambiques financieros urdidos en torno al monarca español. Algo que se suma a los motivos por los que el rey ha decidido ahora efectuar una segunda regularización –que conlleva una "autodenuncia", según la jurisprudencia del Supremo– para evitar la acusación del delito fiscal.

Esa regularización, de 4,4 millones de euros, cubre los años entre 2009 y 2018 (año este en el que el propio Álvaro de Orleans-Borbón afirmaba que el monarca le había pedido, cuando ya no era inviolable, que cesase en sus dádivas aladas). Un período en el que el rey volaba sin ningún control, en trayectos de más de 150.000 euros, a países como Canadá, Kuwait, las Bahamas, la República Dominicana o los Emiratos Árabes. Pagados con dinero de Zagatka, una fortuna de la que Álvaro de Orleans-Borbón no ha esclarecido su origen en su totalidad, y entre la que se cuentan al menos 3,8 millones de euros (ingresados en 2009) relacionados con el otro nombre que llevó a la primera regularización de Juan Carlos: el empresario mexicano Sanginés-Krause, en concepto de comisiones.

Sin embargo, el primo lejano del rey se defendió públicamente: "pagué muchos vuelos privados al rey, pero no soy su testaferro". Orleans-Borbón y el rey se habían conocido por la faceta de piloto aficionado y deportivo de Orleans-Borbón, que llegó a ser presidente del Real Aero Club de España. Una relación lenta, que se aceleró cuando el noble y el rey se dieron cuenta de que compartían una pasión por la tecnología. Algo en lo que Álvaro era más ducho que Juan Carlos: le enseñó a manejarse con Internet hasta el punto de que, aseguraba, el primer email que jamás envió el rey fue a su primo lejano. Mientras se cimentaba aquella amistad, Álvaro de Orleans también pudo asistir en primera persona al romance que mantenían el antiguo monarca y Corinna zu Sayn-Wittgenstein.

Aparte de la ahijada del rey, De Orleans-Borbón tiene tres hijos más (Andrés, Pilar, y Alois) de su anterior mujer, Giovanna San Martino D’Agliè, sobrina directa de la reina Paola de Bélgica. Habla un español perfecto, es amante de los coches, y posee varios negocios en Cádiz, entre ellos el glub de golf Costa Ballena, unas bodegas y una casa rural en Málaga que administra junto a su hermana Gerarda. Matiene una gran amistad con Beatriz de Orleans y lo fue también de la infanta Pilar de Borbón.

Ahora, sus regalos sin contrapartida aparente, su "deber real", como aseguraba en la entrevista, se ha convertido en el enésimo obstáculo para que el emérito, que con esto ya ha reconocido y reparado dos delitos fiscales distintos, pueda volver a España sin seguir perjudicando la imagen de su hijo, el rey Felipe VI.

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