Alexandra de Hannover, la hija pequeña desconocida de Carolina de Mónaco que ha pasado de niña tímida a icono de estilo y va a revolucionar el Principado

Aquellos que despreciaban hace algunos años los encantos de la hija menor de Carolina de Mónaco le achacaban el más cruel de los pecados: el de no parecerse ni a su estilosa madre ni a su impresionante abuela, Grace Kelly. Y es cierto que Alexandra de Hannover no recuerda a la genética por vía materna (cosa que sí sucede con Carlota Casiraghi, su hermanastra) pero a punto de cumplir los 22 años ya ha aprendido a resplandecer con luz propia y lo ha conseguido gracias a mantener intacta su fama de chica buena. Quién iba a decir que, al final, sería la hija de Ernesto de Hannover la más moderada de los Grimaldi y que llevaría la vida más normativa de todos los herederos monegascos, incluyendo a sus propios padres, Carolina de Mónaco y Ernesto de Hannover, que aún no están divorciados a pesar de vivir separados desde hace una década.

Alexandra de Hannover, una combinación de saber estar y lujo (mucho lujo)

Ser la más discreta en una familia como la monegasca no es ningún reto en realidad, pero Alexandra de Hannover ha convertido esa normalidad en su bandera. Hace un par de años así lo confesaba a Telva: “solo quiero una vida normal”, pero aún así ha conseguido brillar.

Pero hay más: Alexandra descubrió el patinaje sobre hielo a los 10 años y se aficionó a él hasta el punto de entrenar a diario para conseguir esa sensación de normalidad, de ser como todo el mundo: “al deporte no le importa quién seas”, declaró, y tiene razón. Por seguir por la vía de la normalidad colgó los patines para centrarse en los estudios y poder entrar en la universidad que le llamaba la atención, la de Nueva York. Y para ser aún más normal se echó novio a los 17 años… y hasta ahora. Ni una mala foto, ni una mala juerga ni un mal escándalo.

Las malas lenguas hablaban de ella como el perfil naif y un tanto soso de la corte monegasca, pero ahora, casi con 22 años, la princesa Alexandra se ha convertido en el foco de todas las miradas de los eventos punteros de Mónaco. En la cena del Gran Premio de Fórmula 1 de Mónaco por llevar un prodigioso escote Bardot; en el balcón de palacio mientras se celebraba el evento por hacer dudar a los expertos en moda si era ella o Beatrice Borromeo la mejor vestida de la ocasión. Alexandra, enfundada en Chanel de arriba a abajo hizo que la cosa quedara en tablas.

Y es que sus detractores se olvidaban de un par de detalles al criticarla: que Alexandra tiene la juventud y el cuerpo de una atleta, puede coger lo que quiera del bien nutrido armario de Carolina de Mónaco (y de hecho lo hace), acude a los desfiles de alta costura parisinos desde que tiene capacidad para llevar un Chanel (o sea que ideas de estilismo no le faltan), posee una colección de bolsos de Dior que su abuela aprobaría con creces y es la Grimaldi con más títulos nobiliarios de todo Mónaco, su padre, Ernesto de Hannover, la convierte en princesa europea. Alexandra de Hannover había nacido para destacar (aunque ella haya intentado evitarlo) y es sin duda lo mejor que le ha pasado a Mónaco y su buena imagen futura.

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