Alejados de la vida pública, discretos y con una vida muy trágica marcada por la muerte y las enfermedades: los primos más desconocidos del rey Juan Carlos I que no conoces

El rey Alfonso XIII salió de España el 14 de abril de 1931, día de la proclamación de la II República y, aunque pensó que su exilio sería corto, no fue así. Murió lejos de España, en Roma, y solo volvió en 1980, para ser enterrado en El Escorial, con el resto de los reyes Borbón. Conocemos a la rama que ostenta la legitimidad dinástica: su hijo Don Juan, conde de Barcelona, que vivió la mayor parte de su vida en el exilio de Portugal; y su nieto Juan Carlos, nombrado sucesor a título de Rey por Franco y proclamado una vez recuperada la Democracia. Don Felipe es la tercera generación y reina hoy como Felipe VI. ¿Pero qué fue de los demás hijos de Alfonso XIII? ¿Qué vida llevan sus herederos, totalmente alejados de la vida pública y grandes desconocidos de los españoles?

Alfonso XIII y Victoria Eugenia de Battenberg fueron padres de seis hijos: Alfonso, Jaime, Beatriz, Cristina, Juan y Gonzalo. Alfonso, el primogénito, príncipe de Asturias, recibió la educación propia de un heredero de la Corona. Pero pronto se hizo evidente que había heredado la enfermedad que procedía de la familia real inglesa de su madre y que ésta le había transmitido: la hemofilia. Ya en el exilio, fue ingresado en una clínica suiza. Allí conoció a la española de origen cubano Edelmira Sampedro, de la que se enamoró locamente y con la que se casó, en contra de la voluntad de su padre. Tuvo que renunciar a los derechos dinásticos al casarse con una plebeya. Murió sin hijos en un accidente de coche en Miami.

El segundo hijo de los reyes fue Jaime. Su nacimiento aseguraba la continuidad dinástica, porque no padecía la hemofilia del heredero, Alfonso. Pero las esperanzas de la familia volvieron a torcerse, cuando quedó patente que Jaime sufría una sordera casi total, por una otitis mal curada, que le provocó una mastoiditis. Parece que fue una desafortunada intervención quirúrgica, durante la operación a la que fue sometido para curarla, la que le provocó una rotura del hueso interno del oído. Jaime se convirtió en sordo de por vida. Aprendió a leer los labios y llegó a hablar, pero Alfonso XIII le obligó a renunciar al trono a él también, tras la renuncia del primogénito, por sus limitaciones físicas. Don Jaime se casó con la aristócrata italiana Emmanuela Dampierre, con quien tuvo dos hijos: Alfonso –Duque de Cádiz y marido de Carmen Martinez-Bordíu y padre del actual duque de Anjou, Alfonso de Borbón– y Gonzalo –un “bon vivant” que ocupó varios cargos en la banca internacional y que pasó por varios matrimonios antes de fallecer, sin hijos, en Suiza, en el año 2000.

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Los derechos dinásticos recayeron en el infante Don Juan, tercer hijo varón de Alfonsp XIII y padre del rey emérito, aunque Franco impuso a don Juan Carlos como heredero. El benjamín de la familia, Gonzalo de Borbón, también hemofílico, falleció, igual que su hermano Alfonso, en un accidente de tráfico en Suiza, con tan solo 20 años. Su hermana Beatriz conducía el vehículo y se sintió toda la vida culpable de su muerte.

Pero, ¿qué pasó con, Beatriz y María Cristina, las dos Infantas?

Sus vidas, a pesar de que estaban excluidas de las obligaciones dinásticas por ser mujeres, no fueron más fáciles. Se llevaban dos años: Beatriz nació en 1909 y María Cristina en 1911. No hizo falta esperar a ningún diagnóstico, porque las mujeres no padecen la hemofilia, aunque sí sean portadoras de la enfermedad y la transmitan. Su padre, Alfonso XIII, les prohibió casarse precisamente por miedo a que transmitieran la enfermedad. Ninguna Casa Real hubiera aceptado semejantes matrimonios. Pero las dos desobedecieron a su progenitor.

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La primera en hacerlo fue la Infanta Beatriz, la mujer que hubiera reinado en España de no existir la preeminencia del varón al trono. Se enamoró durante unas vacaciones con la familia real italiana de aristócrata Alejandro Torlonia, príncipe Civitella-Cesi. Descendía de una familia de empresarios a cuyo fundador concedió el papa Pio VII el título de Príncipe en el siglo XIX. No pertenecía a la realeza y la Infanta tuvo que renunciar a sus derechos dinásticos por tratarse de un matrimonio morganático. Al Rey no le gustó nada el candidato, pero acabo cediendo.

Beatriz –a la que conocían como “baby” en familia– se casó finalmente el 14 de enero de 1935 en Roma, en la Iglesia El Santo Nombre de Jesús, y tuvo cuatro hijos: Alessandra (Sandra), Marco, Marino y Olimpia. Ninguno de ellos heredó la hemofilia. Su hija Sandra fue la que se casó con Clemente Lequio di Assaba, un “playboy” adinerado que consiguió el título de Conde Lequio gracias al rey Umberto de Italia, aunque nunca fue reconocido legalmente. Uno de sus hijos es el conocido Conde Lequio, expareja de Ana García Obregón y contertulio televisivo. La Infanta Beatriz fue la más longeva de los hijos de Alfonso XIII: murió en 2002 con 93 años en su “palazzo” romano.

Sandra, Marco, Marino y Olimpia, los cuatro hijos de la infanta Beatriz, nacieron todos en el Palacio Torlonia, en la via Bocca di Leone, donde ella moriría años después. Marco se casó con Orsetta Caracciolo de Castagneto y Visconti de Modrone, princesa napolitana, con quien tuvo un hijo, Juan. Más tarde tuvo dos hijas de otros dos matrimonios, Victoria Torlonia y McDonald, una conocida diseñadora en Italia, y Catalina Torlonia y Svitáková. Marino que no se casó y murió de sida a los 56 años, y Olimpia se casó con el empresario suizo Paul Annik Weiller, con quien tuvo seis hijos: Paul-Alexandre y Laura, que murieron de niños, Sybilla, casada con el príncipe Guillermo de Luxemburgo, hermano del actual Gran Duque, Beatrice, Cosima y Domitila. Sandra tuvo dos hijos –Alessandro Lequio y Desideria Lequio. Todos ellos son los primos italianos del príncipe Felipe.

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La infanta María Cristina, muy parecida a su madre, la reina Victoria Eugenia, se enamoró del empresario Enrico Morone, dueño de la conocida marca de vermú Cinzano, viudo y con tres hijos, lo que tampoco hizo ninguna gracia a los reyes. Pero la boda se celebró y la pareja obtuvo el título de Condes Morone-Cinzano tras su boda, el 10 de junio de 1940, también en Roma. Tuvieron cuatro hijas: Victoria, Giovanna, María Teresa y Ana Sandra. Al ser todas mujeres, la hemofilia dejó de ser un problema, y sus descendientes, primos del rey Juan Carlos, no la padecen.

Los primos de don Juan Carlos y sus hijos, por parte de la infanta María Cristina –primos segundos de don Felipe– han vivido en España y han sido siempre unos totales desconocidos para la opinión pública. Han llevado unas vidas discretas y alejadas de polémicas.

Las hijas de María Cristina y Enrico Marone-Cinzano se han dedicado a sus matrimonios y sus vidas profesionales sin llamar la atención. Victoria Eugenia Marone-Cinzano se casó con el noble José Carlos Álvarez de Toledo y tuvieron cuatro hijos: Victoria Eugenia, hoy marquesa de Casa Loring, Francisco, conde de Villapaterna, casado con la norteamericana Jill Schlanger, Marco, que es sacerdote, y Gonzalo, sin hijos.

Giovanna Marone Cinzano tuvo un único hijo de un primer matrimonio con Alfonso Alberto Galobart. Y se casó por segunda vez con Luis Ángel Sánchez-Merlo.

María Teresa Marone Cinzano, tercera hija de la Infanta María Cristina, se casó con José María Ruiz de Arana, y es madre de Inés, marquesa de Castromonte, Isabel, marquesa de Villamanrique, y Cristina, Duquesa de Baena, doctora en Psicología por la Universidad de Comillas.

Ana Sandra Marone tuvo dos hijas tras casarse con Giancarlo Stavro, Astrid, una reconocida diseñadora gráfica, y Yara, naturópata. Se casó en segundas nupcias con el periodista y escritor Fernando Schwartz

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