Actriz sin talento, amante del lujo y loca por la astrología: por qué Nancy Reagan fue el cerebro en la sombra de la Casa Blanca en los 80 (aunque interpretó el papel de primera dama silenciosa)

Puede que sea una de las primeras damas más fascinantes de la historia de los Estados Unidos. Nancy Reagan (Nueva York, 1921-2016) jugó a interpretar el papel de la perfecta esposa conservadora, impecablemente vestida y siempre entregada y sonriente. Ante las cámaras y los fotógrafos, su rol fue el de consorte silente. Sin embargo, los que estuvieron cerca del 40º presidente estadounidense, el actor de Hollywood convertido en político republicano Ronald Reagan, cuentan una historia bien distinta. Esa historia, la de una desconocida Nancy, ocupa los minutos más interesantes de ‘The Reagans’, la serie que Movistar+ estrena este domingo. Y que estamos deseando ver, al completo.

Antes que de Donald Trump diera el salto desde la televisión a la Casa Blanca, ya hubo estrellas en el despacho oval. El ex actor Ronald Reagan fue la cara visible del poder conservador en los años 80: la contraparte de Margaret Thatcher al otro lado del Atlántico. De hecho, ambos figuran en los libros de historia como los ultraliberales que dieron los primeros pasos hacia la sociedad en la que vivimos hoy: menos impuestos, menos servicios públicos, más flexibilidad (menos seguridad) laboral. Sin embargo, el papel de Ronald Reagan en toda esta revolución de mínimos no fue tan decisivo como pensábamos. En realidad, la que tenía las cosas claras en cuestiones económicas o de política internacional era ella: Nancy Reagan.

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‘The Reagans’ se detiene muchísimo, como es obvio, en la historia de amor entre Ronald Reagan y Nancy en Hollywood. Él era un actor popular: acababa de separarse de Jane Wyman y se había convertido en presidente del principal sindicato de actores de país, Screen Actors Guild. Ella fue directamente a por él: le pidió una cita en 1948 y la química fue inmediata. Tres años después se casaron. “Mi vida comenzó cuando conocí a Ronnie“, escribió ella en sus memorias. “Decidida a no dejarse amilanar por cierto número de estupideces por mi parte, ignoró mi lentitud a a hora de corresponderle y con ternura y paciencia hizo luz en mi entendimiento obtuso“, escribió él en una carta. “Descubrí la alegría de amar a alguien con todo el corazón”.

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Nancy y Ronald Reagan protagonizaron juntos una sola película: ‘Hellcats in the Navy’ (1957). El gran director George Cukor dictaminó en sus reuniones en Metro-Goldwyn-Meyer (el estudio más poderoso de la época) que ella carecía de talento. En la década de los 60, ambos dejaron la interpretación para centrarse en el servicio público.Ronald Reagan dio un discurso en apoyo al candidato republicano Barry Goldwater que le valió el reconocimiento de partido y un doble éxito (1966 y 1970) como candidato a gobernador de California.

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En 1967, Nancy Reagan fue nombrada por el periódico Los Angeles Times “la mujer del año”: su personaje público ya se caracterizaba por un glamour innegable y una adoración ciega hacia su marido. En 1980, cuando los Reagans llegaron a la Casa Blanca, él se convirtió en el presidente más viejo de la historia (68 años). Ella, en el cerebro calculador con un objetivo obsesivo: construir un mito conservador a la altura de los Kennedys, en el que la moda y su historia de amor fueran clave.

Su deseo estuvo a punto de hacerse, trágicamente, realidad. En 1981, solo 69 días después de su toma de posesión, Ronald Reagan fue objeto de un intento de asesinato. John Hinckley Jr., obsesionado con la actriz Jodie Foster y deseoso de llamar su atención, disparó al recién nombrado Presidente y le perforó un pulmón a la salida del Washington Hilton Hotel. En este momento, Nancy pasó de entregada esposa a protectora fiera de su marido, ya fuera asegurándose de que hacía ejercicio y hacía dieta, como eliminando cuantos obstáculos y peligros observaba en sus funciones presidenciales.

Criticadísima por reemplazar la carísima vajilla de porcelana de la Casa Blanca y por su afición a la alta costura, solo la hizo temblar una polémica inesperada: su dependencia de la astrología. Durante los ochos años de mandato de la pareja, la astróloga Joan Quigley fue consejera de cabecera.

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La astróloga decidía qué días eran propicios para que el Presidente abandonara la Casa Blanca sin peligro o a qué hora las reuniones de alto nivel tendrían un resultado positivo. Todo por imposición de Nancy Reagan, que controlaba obsesivamente qué personas tenían acceso a su marido. Esta, además, hizo dimitir a varios altos cargos de su marido, entre ellos el jefe de gabinete, Donald Regan. Insistió en que Ronald Reagan intensificara su relación amistosa con Mikhail Gorbachev, entonces presidente de la URSS, reforzada además por una lectura astrológica positiva. Además, se opuso siempre a la construcción de un sistema nacional de salud público.

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“Desde el momento en que Ronald Reagan se convirtió en político, Nancy Reagan comenzó a manejar sus hilos asumiendo el papel de manager y ejerciendo una influencia innegable sobre la carrera de su marido”, ha revelado Matt Tyrnauer, director de ‘The Reagans’. “Una de las teorías que explican este papel es que Reagan fue fundamentalmente un actor y que jamás dejó de ser un actor. De hecho, puede que haya sido el presidente que mejor ha interpretado el papel presidencial. Todo actor requiere un director, un coach y un productor, y Nancy Reagan fue todo eso durante la presidencia. Y, además, con voz y voto en las políticas”.

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Nancy Reagan jamás lo negó:tuvo más poder, sin duda, que Jackie Kennedy, como una moderna Eleanor Roosevelt. De hecho, escribió en sus memorias: “No creo que fuera tan mala, ni tuve tanto poder ni fui tan débil como decían. La primera dama tiene un papel único e importante que desempeñar en el cuidado de su marido y es natural que ella le haga saber lo que piensa. Yo siempre lo hice con Ronnie, y siempre lo haré”.

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