70 aniversario de Diez Minutos: Lola Flores, una vida de portada

Todo interesaba de Lola Flores. Como suele decirse, “cuando abría la boca subía el pan”, porque ‘La Faraona’ nunca tuvo reparos en hablar de todo y de todos. Lo mismo compartía con nuestros lectores sus problemas económicos a causa de Hacienda que posaba orgullosa con su primera nieta, Alba. Su último adiós también ocupó la primera página. En los especiales que estamos elaborando de cara a nuestro 70 aniversario (soplamos las velas el 1 de septiembre) no puede faltar un vídeo dedicado a la gran artista jerezana, que dejó frases para la historia como ese ‘Si me queréis, irse’, que pronunció en la boda de su hija Lolita con Guillermo Furiase.

Acaban de cumplirse 26 años desde su fallecimiento, pero Lola Flores sigue viva en la mente incluso de las nuevas generaciones. El 16 de mayo de 1995, a los 72 años, se la llevó un cáncer que le había sido diagnosticado en 1972, del que se recuperaba y volvía a recaer, pero contra el que nunca dejó de luchar. Por suerte no fue testigo del fallecimiento de su hijo Antonio, su ojito derecho, que quince días después de morir ella, fue encontrado sin vida en la casa familiar de ‘El Lerele’.

Se casó de noche y embarazada

A su muerte, Lola fue conducida hasta el Cementerio de la Almudena de Madrid con una banda de músicos detrás del coche fúnebre tocando ‘La zarzamora’, en presencia de miles de admiradores que durante años habían seguido su trayectoria con pasión. Una vida que, cómo no, quedó también escrita en las páginas de DIEZ MINUTOS. Se iba una leyenda, una artista polifacética cuya existencia estuvo salpicada de amores, lágrimas, celos, éxitos, deudas… pero, sobre todo, mucho arte que perdura en sus hijas, Lolita y Rosario Flores, y nietas, gracias a la familia que formó con El Pescaílla.

Nacida en Jerez de la Frontera en 1923, su padre tenía un bar y su madre era costurera, pero desde niña apuntaba maneras flamencas. Debutó a los 10 años en un teatro de su pueblo y a los 17 ya actuaba en Madrid. En 1951 firmó en el Bar Chicote, con Cesáreo González, el contrato más alto de su época, de 6 millones de pesetas (36.000 euros), que incluían cinco películas, tres años de actuaciones y una gira por América.

Lola salía en aquel momento de una tortuosa relación de ocho años con Manolo Caracol. “Pese al dinero que ganaba y al éxito era muy desgraciada”, reconocería ella misma. Lloró y curó las penas con otros amores, hasta que finalmente se enamoró de “un gitano guapísimo que cantaba y bailaba la rumba como nadie”.

Era Antonio González, El Pescaílla. Se casaron en 1957, a escondidas, de noche, en El Escorial y con ella embarazada, y él amenazado de muerte por la familia de la bailora Dolores Amaya, con la que dos años antes tuvo una hija. La Faraona y El Pescaílla tuvieron tres hijos: Lolita, Antonio y Rosario, y estuvieron juntos hasta el final.

Lola nunca dejó de triunfar profesionalmente, aunque en su vida privada tuvo que lidiar con varias adversidades: un cáncer de mama; una deuda con Hacienda de 28 millones de pesetas que la sentó en el banquillo; y lo peor de todo, las adicciones de su hijo Antonio. A su muerte, Lola dejó un legado de 40 películas, 10 discos y varios programas de televisión, además de numerosas giras y actuaciones por todo el mundo.

¡Dale al play y recuerda los grandes momentos de la vida de La Faraona que hemos presenciado en Diez Minutos!

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